Conciencia

jueves, 24 de diciembre de 2009

Corriendo sin balón: Desde el Cerro a Bella Unión








Mi intención original era asistir al penúltimo partido de la temporada, en el que, se anunciaba, el Nacional podría coronarse campeón ante el Fénix, pero mi suegra y mi cuñado me convencieron de no hacerlo. La barra del Nacional, me dijeron, es una de las más violentas de Uruguay, así que ir a asomarse a un partido de ellos siempre es un riesgo, porque luego uno termina pagándola sin deberla. Tuve que conformarme con verlo en televisión, y después del partido escuchar desde lejos los cohetes de celebración cuando el árbitro pitó el final. Ninguna sorpresa: el Nacional, primero en la tabla de clasificación del Apertura 2009 uruguayo (con todo y que arrancó con tres puntos menos, por castigo), derrotó por un gol a cero al Fénix, último de la tabla, con apenas un partido ganado en todo el campeonato. El siguiente partido de Nacional, ante Cerrito el domingo por la tarde, ya fue de mero trámite, y terminó con un alegre 5 a 2 a favor del campeón, que redondeó así una excelente temporada.

Sin embargo, estando en Uruguay, cuna de los mundiales y pueblo futbolero por excelencia, no podía quedarme sin ver un partido, así que este domingo me lancé con mi cuñado a la cancha del River Plate (el de Montevideo) para ver el juego contra Wanderers, en lo que acá denominan “el clásico del Prado”, pues ambas escuadras son del mismo barrio. De ganar Wanderers, podía acceder al subcampeonato, toda vez que Liverpool y Defensor, 2º y 3º de la tabla, habían empatado, dejando abierta la posibilidad para los también llamados “Bohemios” o “Vagabundos”, que ocupaban el cuarto sitio de la general. El River, por su parte, llegaba como octavo del campeonato, por lo que el partido era más una cuestión de honor que de posibilidades.

Mi primera sorpresa fue el estadio. De hecho, no le llaman “estadio”, sino “parque” Saroldi. Pequeñísimo, con una capacidad incluso menor a la del Estadio Universitario de Colima, aunque con un público de lo más prendido y musical. Los aficionados del Wanderers de un lado, los del River del otro, las barras en las esquinas. Fuera de los consabidos retos verbales, el público y las barras muy decentes, hasta eso. Las ofensas son diferentes a las mexicanas: no hay “chingados”, sino “laputaqueteparió” y sus derivaciones. Todos parecen conocer al árbitro, Jorge Larrionda, de quien dicen que es el mejor árbitro del país, con gafete internacional desde 1998, y con un historial que incluye una Copa del Mundo, tres finales de Libertadores y una final de Copa Intercontinental, un Mundial Sub-20 y una Confederaciones. Parece que lo veremos en Sudáfrica.

El marcador fue abierto por Simón Vanderhoeght, del Wanderers, al minuto 17, estableciendo lo que parecía que sería un dominio de los visitantes, pero casi al finalizar el primer tiempo los números se emparejaron con una buena llegada de Juan Ferrés, que acababa de ingresar por el cuadro del River. El complemento fue un discreto pero efectivo dominio del River, que desde el minuto 4 se puso arriba con gol de Federico Puppo, para luego cerrar los caminos y de plano proponerle al rival un crucigrama que no supo resolver. Más con ganas que con técnica, los visitantes buscaron una y otra vez acercarse al arco, pero hubo un cambio en particular que le dio en la madre al planteamiento bohemio, pues sacaron al veloz Vanderhoeght para dar entrada a un patarato Julio Rodríguez, que no le hizo ningún honor al número 10 de su camiseta y que erró todas y cada una de las oportunidades que tuvo el balón en las piernas, dando pases equivocados, trompicándose solo y encarando sin creatividad a los rivales, perdiendo la pelota invariablemente y provocando el enojo del respetable, de donde salió más de un grito de “¡esto es pa’ hombres, cagón!”.

Una nota muy curiosa del partido, que no creo que tenga que ver con algo particular del futbol uruguayo, sino con una casualidad que rara vez se ve en el futbol, es que no hubo un solo fuera de lugar en el partido, ni uno. Los árbitros asistentes (“líneas”, les dicen acá) no tuvieron mucha chamba, acaso marcar faltas y alguna salida dudosa del balón, pero ni una vez tuvieron que levantar la bandera por offside, cosa que no recuerdo haber visto antes en un partido de primera división. Al final, el marcador terminó 2 a 1 a favor de los locales, y los perdedores lo asumieron con bastante dignidad. A diferencia del DF, donde un clásico local Pumas-América de final de temporada hubiera terminado en golpes y gases lacrimógenos, los aficionados del Prado se retiraron en santa paz, solo que unos más contentos que otros.

Vi muchas diferencias con el futbol de primera división que se juega en México, pero más en cuanto a infraestructura que en cuando a una distancia notable en el nivel de juego, que no se ve ni mejor ni peor que el nuestro. La diferencia (quizá exacerbada por ser una cancha y un equipo pequeños, en comparación con un Peñarol, digamos) está en las instalaciones y las formas para jugar. En el estadio no hay marcador (mucho menos una pantalla), y si había árbitro auxiliar nunca me enteré; no hay números para indicar quién sale en los cambios, ni para señalar los minutos de reposición. El árbitro no lleva botellita de pintura blanca para marcar la distancia de las barreras, ni equipo de radiocomunicación, y los directores técnicos no tienen delimitada el área en que se pueden mover. Si había asistencias médicas, tampoco lo supe, porque cuando un jugador era lastimado, nadie movía un dedo, a diferencia de México, donde para pronto entran corriendo los paramédicos o el consabido carrito ambulancia. Eso también me hizo ver otra cosa evidente: los jugadores uruguayos son menos divas que los mexicanos, porque les duele, pero se aguantan y siguen jugando, no como los nuestros, que así sea un rozón, hacen que se pare el juego y que se movilice todo el aparato de primeros auxilios.

Las diferencias de infraestructura tienen qué ver con el tamaño del país (México tiene como 30 veces la población de Uruguay) y son más o menos las esperables, considerando también la magnitud del negocio futbolero en México, donde la Federación, los clubes, las televisoras y los anunciantes son un monstruo que ya tiene bien aceitadita la máquina. Sin embargo, insisto, no hay, al menos en lo que he visto hasta hoy en el estadio y en la tele, una distancia abismal ni para un lado ni para el otro en cuanto a calidad de juego y nivel de los jugadores. Viéndolo así, es notable que el futbol uruguayo, con tan pocos lujos tecnológicos (y una estructura que, comparada con la mexicana, parece elemental) tenga el nivel que tiene. En México tenemos relumbrón, pantallas gigantes en todos los estadios, sueldos astronómicos para los jugadores (y para el Vasco Aguirre, que es de los mejores pagados del mundo), innovaciones electrónicas, cámaras phantom, medidores de velocidad, boletos con códigos de seguridad electrónicos, y, en general, juguetitos y novedades en la cancha, en la tele y en las tribunas, pero nos falta lo principal: futbol.

Tal vez por el momento la diferencia sobre el empastado con respecto a Uruguay no sea tan evidente, pero el hecho de que nuestro futbol se haya enfocado más a la periferia que a lo que sucede con los 11 de la cancha, nos puede dar una sorpresa desagradable a la hora del Mundial. Estamos a tiempo.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Especial: Craig Ferguson llega al show 1000

Esta semana, el comediante escocés (nacionalizado gringo) Craig Ferguson realizó la emisión número 1000 del Late Late Show with Craig Ferguson.

Para celebrar, compartimos con los lectores un par de videos. La advertencia es la de siempre: se trata de humor solo para iniciados, pero la iniciación es gratuita, así que.

Entrevista de Ferguson a Desmond Tutu:



Inicio del show número 1000, con Wavey como host:


Y uno de sus monólogos cortos más brillantes: "Why everything sucks":

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sábado 12/dic/09: Montevideando


I: Buenos días

Como en todos los lugares donde ha habido elecciones, en Montevideo todavía queda mucha propaganda política sin descolgar, sin despegar, y sin despintar. Sobre todo de esta última, porque hay tres cosas que a los uruguayos les encantan en particular: tomar mate, votar en elecciones y plebiscitos, y grafitear bardas. El graffiti es casi una obligación nacional; pero no el burdo y de rayones, no del tipo tagger que pone su firma nada más para señalar “aquí estuve yo”, sino del graffiti político y poético. Lo mismo se encuentra uno consignas políticas o invitaciones a votar en tal o cual consulta pública, que frases inspiradas de amor y filosofía, además de expresiones humorísticas, que, con todo y el espíritu fatalista imbuido profundamente en el alma de todo uruguayo que se respete, también tienen su lugar. Las palabras misteriosas de hoy son: Uruguay, propaganda, estatuas.


II: “Silvio Rodríguez tenía un unicornio azul, y el muy idiota lo perdió”
El Barrio Sur, corazón de las tradiciones candomberas de Montevideo, es el mayor muestrario de graffitis de la ciudad. La cosa llega a tal punto que, como en las paredes ya no cabe una letra más, los grafómanos continuaron escribiendo en el piso. Respecto a las pintas (y carteles, y mantas) con propaganda política, me llama la atención la gran diferencia en los eslogans con respecto a los que utilizan los políticos mexicanos. La frase más empleada por el Frente Amplio, que ganó las elecciones, es “Defendé la alegría”, que uno ve tanto impresa en espectaculares que pintarrajeada en paredes por manos anónimas. Como esa, hay otras que hacen referencia a versos (lo de defender la alegría viene de un poema de Benedetti) y canciones, pero siempre relacionándose con algún sentimiento humano positivo, más que con una promesa política improbable. Por cierto, ahora que estoy acá he ido descubriendo lo poco convencional que es el Pepe Mujica, presidente electo de los uruguayos, y lo nada que se parece a los otros mandatarios del continente, en especial al mexicano. Todo un tema, ya les contaré.


III: Mientras tanto, en la ciudad de las palmeras…

El fin de semana pasado se realizó en Guadalajara el Primer Encuentro Nacional de Estatuas Vivientes, que bajo el tema de Personajes del Bicentenario reunió a 40 artistas de todo el país que, previa selección, exhibieron su trabajo en el centro histórico de la ciudad. Además de muestra, el evento también fue un concurso a los mejores exponentes de este arte que, en México, todavía es visto con ojos de cierta extrañeza.


El ganador del tercer lugar es un viejo conocido de los colimenses, un artista defeño al que hemos visto de estatua en los últimos años en la Feria con su personaje de Cartero, y que con su silbato y su bicicleta entrega cartas al público mientras alterna la inmovilidad total con el pedaleo vigoroso y el caminado en su mismo lugar. Marcelo (que así se llama el humano detrás de la pintura y el disfraz) se presentó en Guadalajara como parte del conjunto escultórico del Hemiciclo a Juárez (él era Benito Juárez, hasta sin maquillaje está idéntico), y parece que causó buena impresión, pues los jueces le dieron el tercer sitio.


En la cuarta posición de este concurso nacional se ubicó un colimense, Juan Pablo Fernández, quien también ha sido muy visto no solo en la Feria, sino también en el centro de la ciudad y en Zentralia, con personajes como El Explorador, Don Dinero, y su más característico, Don Quijote de la Mancha. De hecho, con su estatura, complexión y barbas, Juan Pablo es una calca del Ingenioso Hidalgo, y ha aprovechado bien esa similitud para desarrollar al personaje (aparte de eso, Juan Pablo Fernández estuvo actuando recientemente en el Foro Pablo Silva con la compañía La Tarantella). En esta ocasión, para la competencia, Juan Pablo creó una nueva estatua: una abstracción de lo que él consideró “el espíritu de las ideas” que dieron forma a la nación: un gentilhombre vestido a la usanza decimonónica mexicana que, pluma de ave en la mano, sostiene una proclama en la que, se entiende, se resumen las ideas de libertad, independencia e igualdad que fueron definiendo a México luego de la lucha iniciada en 1810. Con el texto de los Sentimientos de la Nación aerografiado en el traje, la creatividad e inmovilidad de Juan Pablo le hicieron acreedor al honor de la 4ª posición y al correspondiente premio en efecto. Enhorabuena.


Estamos en la red, con nueva dirección, y con blog actualizado: ErnestoCortes.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

viernes, 11 de diciembre de 2009

Jueves 10/dic/09: En Panamá (II)

I: Buenos días

Gabril García Márquez cuenta cómo, al llegar los gringos a Macondo, se construyeron su propio pueblo con casas prefabricadas y se separaron del resto de la población por medio de una cerca. Dentro del perímetro, los gringos de la compañía bananera vivían prácticamente igual que si estuvieran en un suburbio de su país, con las comodidades a las que estaban acostumbrados, y sin tener que salir para nada a mezclarse con los nativos. Esta imagen, aplicada al realismo mágico de Cien años de soledad, tuvo su origen en casos reales de cotos privados que los norteamericanos construyeron en países latinoamericanos donde tenían intereses especiales, del tipo comercial o del tipo militar. El caso de Panamá era especial, pues se combinaban ambos intereses, y dio como resultado un tejido social muy peculiar, del que se siguen viendo resabios a una década de la partida de los yanquis. Las palabras misteriosas de hoy son: Panamá, Canal, zonians.

II: Oh can’t you see…

La base militar Howard (mencionada en el episodio anterior de esta columna) tiene una pista de aterrizaje de tal longitud, que por un tiempo las autoridades panameñas consideraron la posibilidad de convertirla en el nuevo aeropuerto nacional. Howard es una ciudad dentro de la ciudad, con departamentos, casas, residencias, aeropuerto, bares, cines, teatro, supermercados, instalaciones deportivas y todo lo que se podía necesitar para que los soldados vivieran a gusto y con buena salud, y pudieran realizar una incursión militar aquí, una misión encubierta allá, un asesinato político más allá. Howard era uno de los 250 enclaves militares que los Estados Unidos tuvieron en Panamá durante el siglo XX, y verla desde adentro explica bastante del poderío militar que este país ejerció sobre la región, sobre todo en el último cuarto de ese siglo.

En Panamá funcionaba la Escuela de las Américas, una “universidad antisubversiva” donde militares y policías de todo el continente eran entrenados para espiar, torturar, matar y desaparecer a opositores de los regímenes que contaban con el respaldo y la simpatía de los gringos, en particular a aquellos activistas, guerrilleros o políticos que se inclinaran hacia la izquierda. De esa escuela salieron graduados de renombre tal como Vladimiro Montesinos, Hugo Banzer, Leopoldo Galtieri, y el alumno más famoso, el de estrellita en la frente, Manuel Antonio Noriega. La Escuela de las Américas se trasladó a mediados de los 80s a Estados Unidos, donde todavía funciona, aunque bajo otro nombre y bajo una fachada más cosmética.

III: No semos iguales

En Panamá, aparte de las cuestiones militares, se dio un fenómeno particular del que García Márquez tomó especial inspiración: los “zonians”. Los zonians eran residentes permanentes de la Zona del Canal de Panamá que hasta 1979 estuvo bajo control exclusivo de EU, y que a partir de entonces y hasta 1999 fue conjuntamente administrado por autoridades panameñas y norteamericanas. Los zonians eran gringos que vivían dentro de la Zona (8 km a cada lado y a todo lo largo del Canal) y que (casi) no se mezclaban con los nativos, ni salían a Panamá, pues dentro tenían todo. El zonian más famoso es John McCain, actual senador republicano y excandidato presidencial, nacido en la base Coco Solo, en Panamá. Los zonians formaron, en su tiempo, una sociedad aparte de la que uno todavía encuentra reflejos en Panamá, que ha sido todo un caso aparte en la historia de nuestro continente. Un caso para aprender lecciones, y para no repetir.

IV: Mientras tanto, en la Ciudad de las Palmeras…

Me entero desde acá de que Mario Anguiano presidirá la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Conferencia Nacional de Gobernadores. Hombre, qué bien. Seguramente hará grandes aportaciones a la nación con sus vastos conocimientos de ciencia y tecnología, rubros en los que México está tan necesitado. Ánimo.

Estamos en la red, y a partir de hoy con nueva dirección, que por el momento solo reenvía hacia el blog, pero que pronto será un sitio hecho y derecho: www.ErnestoCortes.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

Martes 8/dic/09: En Panamá

I: Buenos días

En el 2001, Panamá tenía poco tiempo de haber recibido el Canal y los territorios que habían sido posesión norteamericana durante el siglo XX. En un afán de recuperar, en todos los sentidos, el territorio panameño, el gobierno de ese país empezó a darle uso civil a las antiguas bases militares que los Estados Unidos mantenían en el istmo. Fue así como un grupo de colimenses fuimos a dar, en el verano de ese año, a la Base Militar Howard, que poco antes había sido abandonada por los militares gringos, en calidad de participantes en el Festival Mundial de la Juventud. Fueron dos semanas de conferencias, mesas redondas, reuniones de discusión sobre temas políticos y sociales, conciertos, espectáculos de artes escénicas, y mucho, mucho reggaetón provisto por los miles de centroamericanos y caribeños que invadieron el Festival y que tenían un nulo interés en las actividades académicas, pero mucho en el baile y la cerveza. Las palabras misteriosas de hoy son: ALCA, Panamá, viajes.

II: No pasarán (?)

Uno de los documentos formales salidos de ese encuentro fue la Declaración de los Jóvenes Latinoamericanos sobre el ALCA. En ese tiempo Fox estaba necio con que el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas y que el Plan Puebla Panamá, para desmayo de muchos sudamericanos que veían la mano del Tío Sam meciendo la cuna. En el Festival, los representantes de las respectivas mesas de trabajo de un foro de análisis sobre Latinoamérica concluimos, muy gallos nosotros, que el ALCA debía ser repudiado, así que nos lanzamos a la redacción del documento correspondiente (yo era el representante de la mesa de Educación), y a la reunión de firmas.

Con los años, el ALCA sería desechado (bien dijo Hugo Chávez, “¡el ALCA se fue ALCArajo!”), pero algunas de sus premisas más repudiadas en el 2001 tomaron fuerza y acabaron imponiéndose por medio de otros mecanismos: la colaboración militar que tanto rechazábamos entonces se hizo realidad, primero en México con la Iniciativa Mérida, y luego en Colombia con la aprobación, este año, de la instalación de bases militares norteamericanas (que, dicen los entendidos, son para mantener a raya más a Brasil que a Venezuela, en un futuro no muy lejano). Se veía muy bonita la utopía a principios de la década, pero no sabíamos entonces que el siglo y sus cambios no habían comenzado, faltaban unos meses. El siglo XXI y su nuevo paradigma entrarían en vigor hasta el 11 de septiembre de ese año.

III: Por la esquina del viejo barrio…

Estas memorias vienen al cuento porque estoy de vuelta en Panamá, ocho años después, aunque por razones muy distintas. Por una cuestión de conveniencias aeroportuarias, mi mujer (que es quien traza las rutas turísticas en casa) decidió que nos quedáramos acá un día, así que aprovechamos la hospitalidad de un desconocido para ver un (muy) poco de estas tierras. Como he mencionado en otras ocasiones, formamos parte de una comunidad en línea que se ofrece hospitalidad por todo el mundo; en casa hemos recibido a varios viajeros de diferentes países de manera gratuita, y ahora nos toca aprovechar las bondades de esta red de viajeros. En estos días de escasez y aridez, este tipo de intercambios resultan muy valiosos, no solo por el ahorro monetario, sino por la apuesta en una convivencia confiable entre individuos de diversos orígenes. En dos días estaremos en Uruguay, ya les contaré desde allá.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

domingo, 6 de diciembre de 2009

Martes 1/dic/09: Tiranos temblad: El Pepe Mujica, Presidente



I: Buenos días
La primera vez que estuve en Uruguay, hace 10 años, me llamó poderosamente la atención saber que un exguerrillero tupamaro estaba compitiendo por un puesto en el Senado. Considerando el destino de los guerrilleros mexicanos de los 70s (eliminados o coptados por el sistema), la vía política me parecía una rareza para alguien que había combatido a bombazos al régimen. Ocho años más tarde, coincidí con ese personaje en una reunión privada que Hugo Chávez tuvo con la crema y nata de la izquierda uruguaya a la que me logré colar con mi credencial del Ecos de la Costa. Ayer, llegaron las noticias desde el sur: en la segunda ronda de los comicios, resultó electo José Mujica, alias El Pepe, como 40º Presidente Constitucional de la República Oriental del Uruguay. Es una ocasión histórica para Latinoamérica, se trata de alguien que ascendió, literalmente, desde un pozo en la prisión donde se le mantenía aislado y bajo constante tortura, a la primera magistratura de su país; eso no se ve todos los días. Las palabras misteriosas de hoy son: utopía, historia, izquierda.

II: “Podremos meter la pata, pero nunca la mano en la lata”
“Este es un pueblo al que le gusta votar, es una especie de orgasmo nacional, cada elección”, dice el escritor Eduardo Galeano. A diferencia de México, donde el abstencionismo llega a elevarse al 65%, en Uruguay asisten a las urnas más del 90% de los registrados. En esta ocasión, lo hicieron para refrendar la continuidad de un proyecto político que ascendió al poder en el 2005: el del Frente Amplio, partido de izquierda que aglutina a grupos políticos de diversas ideologías, pero con tendencia común: la izquierda. El Pepe Mujica proviene del Movimiento de Participación Popular, un grupo aceptado en el Frente en 1989, cuando los antiguos guerrilleros del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros, una vez excarcelados, decidieron seguir la vía política. Una de las principales figuras de este movimiento, por cierto, es la diputada Lucía Topolansky, compañera de muchos años de Mujica, y su esposa desde hace cuatro, quien acaba de ser votada para el senado obteniendo la mayor cantidad de sufragios de la contienda, lo que la llevará a presidir esta cámara, convirtiéndose asimismo en la tercera persona en la línea de sucesión al poder, solo detrás del vicepresidente electo Danilo Astori.

“Nos vamos a equivocar, pero no vamos a hacer sebo, y no le vamos a dar la espalda a los problemas”, dijo Mujica en su discurso de celebración, el domingo por la noche. Para muchos uruguayos suena esperanzador que Mujica ha declarado sentirse más cercano a Lula que a Chávez, y que asegura dará continuidad al programa del todavía presidente Tabaré Vázquez. El lenguaraz y atípico presidente electo tiene por delante un buen paquete, pero hasta ahora, las cosas le pintan bien. Veremos.

III: “La certeza de luz, puntual, que nos espera
“Mirá, a fin de cuentas no estuvo tan mal —dice mi mujer—, el Goyo está en cana y el Pepe es presidente”. Hace dos años, Gregorio Alvarez, militar uruguayo, presidente de facto entre 1981 y 85, fue apresado y juzgado por delitos de lesa humanidad. El 22 de octubre de este año, una semana antes de la primera ronda electoral, fue condenado a 25 años de prisión (tiene 83 de edad) por el asesinato de 29 opositores al régimen (y le salió barato). En su momento, el Goyo mantuvo en prisión a José Mujica, por un buen tiempo en aislamiento y bajo condiciones inhumanas, pero ahora, dos décadas y media después, los roles se invierten, aunque el expresidente está encerrado en condiciones que podrían ser calificadas como lujosas, comparadas con las que él imponía a sus detractores.

Hace un mes, en la primera vuelta de las elecciones, también se votó por la anulación de la Ley de Caducidad, que otorga impunidad a militares que cometieron crímenes durante el período de la dictadura. En el plebiscito no hubo el número de votos necesarios para anular esta ley, de modo que la impunidad oficializada continúa. El caso de Gregorio Alvarez fue una de las contadas excepciones permitidas por ciertos resquicios legales que fueron bien aprovechados, así que, aunque hay desazón en algunos sectores por la imposibilidad de derogar la ley, hay también un símbolo poderoso en el encarcelamiento del exdictador días antes de la elección del exguerrillero que se opuso a él. Como escribió Mario Benedetti, “Lento viene el futuro, lento, pero viene”.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com



------------------------



Bonus track, solo para nostálgicos, enterados, y/o conocedores: La segunda parte de Guitarra Negra, de Zitarrosa, en una versión poco conocida en México:





Sábado 27/nov/09: Danza, Teatro, Uruguay

I: Buenos días
Accidentada como su nombre, la Temporada de Danza Sísmica se acerca (relativamente) a su fin. Este evento, con una duración de 3 meses, es una iniciativa de la Compañía de Danza y Arte Escénico de Colima por ofrecer a los grupos de danza contemporánea de la entidad un espacio para mostrar su trabajo, y al mismo tiempo acercar a esta expresión artística al público que no ha tenido contacto con ella. Esta semana pudimos disfrutar del trabajo de Espacio Danza, compañía dirigida por el coreógrafo colimense Andrés Santana, y de Alter Danza y Colectivo Danza, ambas de San Luis Potosí. A pesar de los múltiples cambios de programación y cancelaciones varias, la temporada ahí va, funcionando bien como un primer acercamiento a este tipo de eventos de largo aliento, y permitiendo que una buena cantidad de público (sobre todo estudiantes universitarios) conozca esta disciplina artística. Si todo sale como está planeado, el martes tendremos la función del Colectivo de Danza, de Monterrey (qué poca creatividad de estos grupos para escoger nombre, pero bueno), que se presentará en el Teatro Universitario. Por si gustan. Las palabras misteriosas de hoy son: danza, teatro, política.

II: Se abre el telón
Hoy por la noche hay teatro para escoger, y se da una coincidencia curiosa en la cartelera colimense: dos actrices con algo en común presentan sendos monólogos en espacios distintos: a las 8:00, en el Hidalgo, Nury Sandoval (Fora do serio) presenta La Monstrua, del uruguayo Ariel Mastandrea, mientras que a las 8:30, en el Taller de Teatro de Casa de la Cultura, Ariadna Galván (Cuatro Milpas) presenta Íntima, obra escrita por ella misma. Lo que tienen en común estas dos actrices (que, dicho sea de paso, provienen de formaciones muy distintas, y más vale aclararlo, porque si no luego soy blanco de susceptibilidades heridas) es que ambas han recibido el Premio Estatal de la Juventud en el área de Artes Escénicas, Ariadna el año pasado, y Nury hace un par de meses.

Llama la atención que, según la invitación, La Monstrua tiene dos directores: Nury Sandoval (“puesta en escena”), y Javier Espíritu (“dirección”), lo cual supongo que más bien se debe a un error de diseño. Este montaje es realizado gracias un apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, que Nury recibió el año pasado, y que ahora da resultados. Por otra parte, Íntima es dirigida por Verónica Sanmiguel, y se inscribe como parte de las actividades que la compañía Cuatro Milpas efectúa con el apoyo del fondo federal México en Escena. En otras palabras, en ambos casos se trata de impuestos trabajando, y son una demostración de la importancia de los apoyos gubernamentales a los artistas. En estos tiempos de recortes y austeridad mal entendida —y peor ejecutada—, la cultura es un sector que no debe ser descobijado. Es la cultura y la educación lo que saca adelante a los pueblos, no la militarización y la ignorancia, como parecen apostar Calderón y sus secuaces.

IV: Mientras tanto, en el Cono Sur…
Mañana se celebra en Uruguay la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, conocida por allá como balotaje. Este mecanismo electoral fue un invento destinado a evitar que la izquierda llegara al poder en las elecciones de 1999, pues exige que el candidato ganador obtenga más del 50% de la votación, so pena de ir a una segunda ronda. En aquel entonces, Tabaré Vázquez, del izquierdista Frente Amplio, obtuvo 39% de los votos, contra 31% de Jorge Batlle (Partido Colorado), pero en la segunda vuelta el Colorado se alió con su rival histórico, el Blanco, para agandallar las elecciones (como si el PRI y el PAN se aliaran contra el PRD, digamos). De todos modos, Tabaré fue presidente tras la elección del 2004, al ganar con 51% y evitar el balotaje. En esta ocasión, el Pepe Mujica, exguerrillero candidato del Frente Amplio, obtuvo 48% en la primera vuelta, y mañana va buscando el refrendo ante Luis Lacalle (del Partido Blanco, que ya fue presidente), que obtuvo apenas un 29% en las elecciones de octubre.

Me va a tocar llegar a un Uruguay calientito, cuando aterrice por allá dentro diez días. Entre el extupamaro que ocupará la silla presidencial, y el recientemente ganado pase al Mundial de Futbol, este verano uruguayo va a estar entretenido. Ya les contaré.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com.

martes, 1 de diciembre de 2009

Martes 24/nov/09: El nuevo teatro / Alberto Ramos


I: Buenos días
Era un montagal, de plano, lleno de huizaches y perdido entre el olvido y la maleza. Es más, los visitantes al parque El Rodeo podían pasar por ahí y apenas darse cuenta de que, en algún tiempo, el lugar había sido un teatro. “Fue como descubrir una zona arqueológica”, me comentó hace tiempo un funcionario de la Secretaría de Cultura, cuando me mostró las fotos del antes y después de ese espacio. En efecto, la breña de la loma apenas permitía discernir lo que fueron hileras de asientos que, la noche del domingo pasado, fueron ocupados por 2 mil personas que se dieron cita para la resurrección de este teatro. Con un diseño muy acertado que incluye una velaria similar a la del Teatro Jesús Hernández, y que en vez de pared trasera o ciclorama ofrece una hermosa vista de árboles, el nuevo foro se estrenó con un invitado de lujo: el tenor Fernando de la Mora que, acompañado del mariachi Gama 1000, ofreció un excelente concierto de música mexicana que nos permitió admirar la versatilidad de este cantante que, por algo, está considerado entre las mejores voces del mundo. Las palabras misteriosas de hoy son: teatro, futbol, medios.

II: Tercera llamada
Es un alivio ver que, a diferencia de lo que sucede en otros rumbos de México, en Colima el crecimiento de la infraestructura cultural continúa a pesar de la crisis, los recortes, los despidos y la falta generalizada de recursos en el gobierno. Sin embargo, cabe señalar una cosa: aunque la reinauguración del Teatro al Aire Libre del Parque El Rodeo se anuncia como una acción del programa “Cien días, cien beneficios para todos” que publicita el gobernador Mario Anguiano, lo cierto es que a él solamente le tocó cortar el listón, y que el mérito en sí corresponde a la administración anterior. Eso sí: en el área de Cultura, la administración anterior era la misma, con Rubén Pérez Anguiano como secretario, y con Rodrigo Ramírez como director general de Cultura, siendo éste último el que, en lo operativo, hizo los malabares correspondientes con el magro presupuesto para que la remodelación de este teatro se hiciera realidad, permitiendo que los artistas colimenses contemos con un espacio más para mostrar nuestro trabajo.

Entre los artistas que nos encontrábamos en el concierto de Fernando de la Mora había, sin embargo, una inquietud: presentarse en este espacio va a ser como ponerle el cascabel al gato, ¿quién se anima a ser el primero? El tamaño del escenario es inmenso, y la gradería es imponente; es uno de esos lugares donde algo bien hecho (como lo del domingo) luce en grande, pero donde un espectáculo con poca producción y sin un impacto artístico contundente terminará diluyéndose en la majestuosidad del lugar. En fin, será cuestión de ver quién es el primer valiente, para que le perdamos el miedito al espacio, y comencemos a darle uso, que para eso se construyen los teatros.

III: Cambio de juego a la otra banda
Son días aciagos para el futbol europeo, pues en la última semana han surgido revelaciones impactantes sobre corrupción y juegos comprados en las ligas de al menos 9 países, y las llamas del escándalo llegan hasta la Champions League, en donde 3 partidos habrían sido arreglados, a beneficio de redes ilegales de apostadores, incluyendo sabe dios qué niveles de poder en los clubes de futbol. Este es el tema de mi columna Corriendo sin balón, que publico hoy en http://www.colimafutbol.com/, el sitio web colimense dedicado al balompié que coordina mi colega periodista y futbolista Alberto Ramos.

Alberto Ramos, por cierto, acaba de ser nombrado director de Conexión FM, la estación de radio de Gobierno del Estado. Al igual que señalé la semana pasada al comentar el nombramiento de Luis Fernando Vázquez en TVColima, ojalá que el talento y la creatividad de Ramos tengan libertad en la estación para mejorar los contenidos. La radio y la televisión estatales son importantes medios de comunicación que pueden contribuir de manera relevante al desarrollo cultural de la comunidad, pero que, hasta cierto punto, acá han sido mermados por la chabacanería de algunos comunicadores y el anquilosamiento de estructuras y modos de hacer radio y tele que, a fuerza de años, se creen inamovibles y han formado una no muy buena imagen de los medios oficiales, además de una lejana relación con sus misiones originales. Con estos relevos puede venir una renovación positiva, falta ver hasta dónde se impondrán las ideas nuevas sobre las costumbres viejas.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

lunes, 30 de noviembre de 2009

El vuelo del colibrí: Más pequeños que el Guggenheim


Cuando Alejandro Ricaño estrenó Más pequeños que el Guggenheim en la pasada Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia (15-18 de julio, Querétaro), la recepción por parte del público fue exultante. Aún teniendo una mayoría de teatreros y críticos conformando el respetable, la gente aplaudió como a ninguna otra obra en aquel evento, y los comentarios posteriores a los actores y al dramaturgo/director dejaron constancia de que el estreno había sido un éxito. Hubo, claro, los inevitables cuestionamientos y algunas observaciones (sobre todo respecto a la existencia de un falso final y lo que parecía un epílogo innecesario), pero en general, salieron muy bien librados, cosa que no pudieron decir otros directores y dramaturgos asistentes a esa Muestra.

En esta Muestra hubo lo que se anunció como un taller sobre Hacer crítica en los estados —y que terminó siendo una exhibición de intelectos y egos— en el que los sesudos expositores señalaron que una de las grandes carencias de la dramaturgia mexicana eran los textos que incorporaran teorías y modelos pertenecientes al campo de la ciencia —en particular la Teoría de la Complejidad— y que, en líneas generales, fueran más allá de la comodidad de la escritura simple y directa para explorar otras maneras de contar las historias, jugando a una metatextualidad que trascendiera lo posmoderno (whatever that means). En aquel entonces pensé —y lo sigo pensando—, que Más pequeños que el Guggenheim es una buena respuesta a esa demanda de los analistas de la dramaturgia, porque incurre en valientes piruetas matemáticas sin perder el piso y, a la vez, sin convertirse en algo inexpugnable para el público. En otras palabras, puede satisfacer tanto al que busca complejidad en el texto desde su parnaso retórico-analítico, como al que va al teatro a simplemente pasar un buen rato y divertirse.

El pasado 23 de octubre, Más pequeños que el Guggenheim se presentó en Colima, como última obra de teatro del Festival Alfonso Michel, a invitación de la Secretaría de Cultura (y tras insistentes cabildeos del que esto escribe). Ante un Teatro Hidalgo casi lleno (cabe señalar que en Colima todas las obras presentadas en el Hidalgo son gratuitas, por directiva gubernamental), con algunos minutos de retraso —Ricaño andaba consiguiendo las ramas del árbol—, se abrió el telón para dar paso a lo que fue una de las funciones más exitosas de este año con el público colimense, que cada vez ve más teatro y se va volviendo más demandante (aunque, afortunadamente —creo—, no cae en la obsesión del elevadísimo análisis que le impida gozar un montaje; gracias a Dios no tenemos ese nivel).

El texto de esta obra tiene varios grados de lectura, según uno le quiera (o le pueda) entrar. En una primera instancia está el chistorete fácil, promovido desde que, al inicio, salen los cuatro personajes haciendo un baile que en realidad nada aporta a la obra (y que no es necesario, porque ésta se sostiene sola). En este primer nivel la obra es disfrutable, se carcajea uno, y no se demanda mayor esfuerzo del espectador. Enseguida hay otro nivel de humor más elaborado: haciendo uso del recurso de la reincorporación (y luego de la recursión: la función matemática que se usa a sí misma para definirse), el autor disemina imágenes, chistes, referencias y hasta mentadas de madre que luego son retomadas, varias escenas más adelante, demandando un poco más de esfuerzo por parte del público para hacer la conexión con lo que está trayendo a colación nuevamente. Con la reincorporación constante de referencias, se logra también que el público se mantenga atento a la obra (que es algo larga, dicho sea de paso), pues después del segundo guiño, uno se da cuenta de que nada de lo que se dice es gratuito, sino que todos los detalles cuentan para el desarrollo de la historia.

Un siguiente nivel, más allá de lo que se dice sobre la escena, es el de la anécdota que retrata la situación de los artistas mexicanos, así como esa vieja tara cultural de que si uno se dedica al arte, tarde o temprano “hay que ir a Europa”: ahí nos vemos retratados los artistas que en su momento hemos caído o finteado en esa tentación heredada; en este nivel de entendimiento se hace referencia, como no queriendo, al trauma histórico del pueblo conquistado.

Todavía más allá hay otro nivel, trascendiendo por mucho lo textual, en el que Más pequeños…no es para nada una comedia, sino una obra que habla de asuntos terribles temperados con carcajadas que nos permiten sentirnos cómodos, pero que en el fondo no tienen nada de risible: la vida del Albino y su dramática historia familiar, la frustración del egresado de la escuela de teatro que termina trabajando en Walmart (y toda la cola que esto conlleva en el aspecto sociológico), la incomunicación y alienación de una pareja infeliz (al grado que el esposo decide robarle el auto), la tremebunda ignorancia —e inocencia— de los padres que deciden ponerle Jamblet a su hijo, la impotencia de ver morir a una hija adoptiva y la imposibilidad de formar una familia después de tres abortos, y la doble vida de un gay de closet suicida que disfraza su sensibilidad con un machismo acendrado que a la primera se derrite. No hay (no debería haber) qué mueva a la risa en las historias sórdidas que, en este nivel profundo, hacen de Más pequeños… una obra que no tiene nada de complaciente, pero que está inteligentemente revestida de humor, y que permite que uno mismo decida su nivel de abandono y de implicación.

El dramaturgo quebequense Pascal Brullemans dice que él escribe obras para que, después de salir del teatro, la gente se vaya a tomar una cerveza y siga pensando “Carajo, ¿qué es lo que acabo de ver? ¿Qué me provoca en realidad esta obra?”. Con Más pequeños... pasa eso, uno sale al inicio con la sonrisa llenándole la cara, pero minutos después comienza la reflexión (tanto en el sentido de introspección como en el de verse uno reflejado en el otro), y termina dándose cuenta de que le dieron un gato muy bien disfrazado de liebre, y de que más allá de la cara que duele de tanto reir, hay una tristeza profunda por todas las cosas que, como sociedad, hemos construido alrededor del arte y los artistas (además, claro, de las muy particulares historias personales que se desgranan en este texto).

En el aspecto técnico y práctico, en la función que vimos en Colima hubo un error constante que también se vio en Querétaro, en el estreno: no hay timing para permitir la risa del público: los actores encimaban sus textos, haciendo que en ocasiones uno se perdiera diálogos enteros, pues no calculaban esa pausa que, en la comedia, es tan importante. Fuera de eso (y del bailecito ya mencionado), la obra no tiene patas cojas qué señalar. Seguramente tendrá una acogida interesante en la Muestra Nacional, y será una digna representante de México cuando se presente en España.

Dice Alejandro Ricaño que escribió esta obra específicamente para los cuatro actores que la representan, y eso es evidente sobre el escenario: el casting es inmejorable. Sin embargo, más allá de las actuaciones, y de recursos luminarios, utileros, musicales y espaciales usados con mucho tino, lo que trasciende de Más pequeños que el Guggenheim es la dramaturgia inteligente, usando recursión y reincorporación como si en vez de un texto teatral se tratara de una fórmula matemática, pero sin olvidar que hay un público enfrente que no viene a que le planteen un crucigrama indescifrable. Ojalá que esta obra marque nuevos derroteros a los que escriben teatro en México, y les haga ver que se puede hacer dramaturgia de gran calidad literaria sin tener que convertirla en algo intrincado y elitista.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Martes 17/nov/09: Me quiero enamorar (?)


I: Buenos días
La cosa se empezó a joder cuando los holandeses inventaron el Big Brother y tendieron el campo para la oleada de realities que transformaría la televisión mundial. El reality show como evento televisivo se ha convertido en el pan nuestro de cada día e incluso en una aparente obligación para cualquier cadena que se respete. Hay realities de todos los sabores y colores: del glamoroso Project Runway al vulgar Flavor of Love (que en México refritearon como En busca de la pareja de…). Los hay constructivos, resaltando valores como el trabajo en equipo y el ingenio (El conquistador del fin del mundo, o The Amazing Race), y los hay destructivos, enfocados a mostrar familias disfuncionales y a convertir la vida hogareña en un espectáculo denigrante, como The Osbournes o el extremo de los family reality: Jon and Kate plus 8. Acá en México, desafortunadamente, todo nos llega ya de tercera mano y las tropicalizaciones no siempre resultan afortunadas. Ahí tenemos lo que pasó este domingo en Televisa. Las palabras misteriosas de hoy son: telebasura, amor, paz.

II: “Amado, ven, asómate al principio del mundo”
Hubo un momento en que tanto Jordi Rosado como Andrea Legarreta estaban desencajados y fuera de sus cabales, habiendo perdido completamente las riendas del programa y haciendo agua por todos los frentes. El programa se llama Me quiero enamorar, pero resultó que en la emisión del domingo el último tema que se tocó fue el amor, y en cambio las agresiones y las bajezas campearon a todo lo largo del show, siendo éstas promovidas por la producción a través de ataques y provocaciones a un concursante en especial que, por lo que se vio, sacó a relucir su lado macho y violento, (aunque al final terminó siendo premiado).

No es lo mismo un reality como The surreal life a uno como Me quiero enamorar. En este último los productores y conductores se meten en los muy delicados terrenos de los sentimientos humanos profundos, y si no tienen la preparación para conducir un proceso de esa importancia (como resulta ser el caso de los televisos), el programa se les puede salir de control hasta perderse completamente el objetivo original. Este domingo la emisión del reality dominical exhibió las carencias que como empresa tiene Televisa para aventarse un paquetito de éstos y la falta de ética con que se manejan estas producciones. La violencia psicológica inducida por los conductores se salió de control a tal punto, que Susana Zabaleta (que parecería ser la de más dedos de frente, aunque en realidad es parte de la misma maquinaria) de plano dijo “Por favor, alto, nos están viendo niños, hablemos de otras cosas, por favor, hablemos de amor, cambiemos de actitud”. Fue como si le hablara al aire, pues a pesar de su propuesta de ir a comerciales y regresar con aires renovados, la producción continuó exhibidiendo videos y presentando testimonios tendientes a generar más enojo, más violencia y más encono. Cuando finalmente terminaron las tres horas de emisión el ambiente era lóbrego y los conductores se veían verdaderamente alterados.

En meses recientes se ha visto una tendencia muy marcada de Televisa por producir programas de televisión en los que el amor se anuncia como tema central, pero que en realidad ofrecen una versión muy retorcida e irreal de lo que son las relaciones amorosas, partiendo de la premisa de que “hay que luchar” por el amor, y que enamorarse es un concurso. Desde las varias versiones de Doce Corazones al ya citado (y deleznable) En busca de la pareja de, a su producto estrella, Me quiero enamorar, la televisora más poderosa de México propone un paradigma engañoso de lo que es el amor, y como queriendo y no, está convirtiéndose en una influencia importante para una generación de adolescentes que están aprendiendo que el amor y la violencia van de la mano, y que la competencia desleal, la traición, el engaño, la mentira y las revelaciones escandalosas son parte natural del proceso de cortejo.

Si como sociedad no estamos organizados para impedir que este modelo negativo y esos antivalores se sigan promoviendo por la televisión, tenemos al menos una opción: no prender la tele los domingos por la tarde-noche. En verdad, es una opción muy sana evitar la televisión en ese horario, y dedicar el tiempo a salir con la familia, a platicar, a compartir el cierre del fin de semana. A nivel formal, insisto, no tenemos para dónde hacernos: en nuestro país a la tele nadie la controla, y la autorregulación es inexistente; a nivel personal sí podemos hacer algo: no seguirles el juego.

Resultan reveladores varios versos de Griselda Álvarez en su hermosa Letanía Erótica para la Paz, y son perfectamente aplicables a la ocasión: “Alguien pregona la destrucción, alguien quiere tragarse la palabra humanidad, porque los cerebros fríos se están calentando con odio”. Pero sobre todo, vale quedarse con una reflexión importante de esta Letanía: “No podemos sentarnos y ver cómo crece la angustia donde antes crecía la hierba”.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

martes, 10 de noviembre de 2009

Martes 10/nov/09: Sarkozy, Clinton y las mentiritas

I: Buenos días
A don Eduardo Panduro le encantaba la cacería. Tenía una impactante colección de armas y muchas historias surgidas de sus aventuras con la escopeta al hombro. Yo era un niño cuando él ya era un anciano que vivía sus últimos años con una alegría contagiosa y un gusto ejemplar por el canto y la fiesta, pero igual hay dos o tres cosas que recuerdo bien de él. Cuando había una reunión y él tomaba la palabra, usaba el micrófono para dos cosas: cantar, o contar historias de cacería. Eso sí, don Eduardo era muy astuto: antes de empezar a contar una anécdota que implicara armas, venados y tigrillos, sondeaba a los presentes: “A ver fulanito, ¿tú estuviste esa vez? ¿Y tú, sutanito? ¿Tú tampoco, menganito? ¿Nadie? Ah, muy bien, entonces sí les puedo contar”, y se lanzaba a la narración de historias gloriosas, previa seguridad de que nadie pondría en duda sus desmesuradas aventuras, que tenían más de ficción que de realidad. Total, como dijo aquél, “tú échale Coyote, el papel aguanta”. Las palabras misteriosas de hoy son: mentiritas, políticos, quemadas.

II: “Hubieran visto, ya nos andaba”
El año pasado, cuando andaba en plena campaña contra Obama, a Hillary Clinton se le hizo fácil inventar una historia de balazos: contó cómo 12 años atrás, siendo primera dama, había visitado una convulsionada Bosnia: “Recuerdo que aterrizamos bajo fuego de francotiradores, se suponía que habría una ceremonia de bienvenida, pero en vez de eso tuvimos que correr con las cabezas agachadas hacia los vehículos”, declaró la precandidata presidencial. Para su mala suerte, varios periodistas la habían acompañado en ese viaje, y había testimonios, fotos y videos que contradecían totalmente la versión de Clinton: tuvo una recepción tranquila, con niños vitoreándola y dándole besos, y más tarde incluso participó cantando en un concierto para las tropas en el que estuvo la cantante Sheryl Crow. El fotógrafo del NYT Doug Mills, quien la acompañó entonces como trabajador de AP, dijo, 12 años después, “No recuerdo ninguna conmoción en el aeropuerto. No la recuerdo corriendo hacia ningún carro. Si eso hubiera pasado, le hubiera tomado una foto”. Clinton tuvo que admitir que había exagerado y se llevó una quemada que dio mucho para la diversión con los comediantes de la tele, y que fue bien capitalizada por el equipo rival.

III: “Así es chamacos, yo estuve ahí”
Ayer, emocionado como todos los europeos por el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, al presidente francés Nicolas Sarkozy se le hizo fácil inventar una historia de protagonismo a toro pasado: publicó en su Facebook (oh sí) una foto donde, acompañado de Alain Juppé, entonces líder del partido conservador RPR (del que Sarkozy era secretario general adjunto) aparece dándole unos picotazos al muro, según su propia narración, el 9 de noviembre de 1989.

Sin embargo, pronto salieron a la luz contradicciones respecto a la historia, pues aunque según Sarkozy salieron de Francia la mañana del 9 para participar en el derribo del muro en la noche, en realidad a esas horas nadie (ni Helmut Kohl, que andaba en Polonia) sabía que caería el muro, en ese momento todavía no había circulación libre Oeste-Este, y esa noche los martillazos todavía no empezaban. Aún peor, en un libro publicado en 1993, Alain Juppé dice que el viaje a Berlín se realizó el 16 de noviembre (aunque ahora dice que a lo mejor sí fue el 9). Para acabarla de amolar, alguien en el diario francés Le Figaro se zambulló en la hemeroteca y encontró la prueba: el 9 de noviembre de 1989, Sarkozy y Juppé fueron a misa y luego visitaron la tumba de Charles de Gaulle en la población de Colombey-les-Deux-Eglises; de acuerdo a las notas que presenta este diario, no fue sino hasta sábado 18 de noviembre que Juppé anunció su visita a Berlín. Conclusión: Sarkozy hizo el ridículo de manera gratuita, por querer andar de entrelucido.

A los políticos que luego caen en la tentación de querer reescribir la historia para acomodarse mejor en la foto de la posteridad les haría bien seguir el ejemplo de don Eduardo Panduro, que antes de abrir la boca se aseguraba de que nadie más que él mismo pudiera contradecir su dicho. Luego andan quemándose por mano propia, y pero qué necesidad, como dijo aquel otro.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Corriendo sin balón: La publicidad en el futbol


Recuerdo la primera vez que fui a un estadio de Primera División. Fue a ver un partido Chivas – León en el Jalisco, que fue ganado por las Chivas 3 a 1. En aquel entonces, sentados con un tío en la zona B, recuerdo que salí maravillado por un anuncio publicitario que estaba en la banda opuesta, y que por medio de persianas y un sistema interno de motor y goznes, hacía aparecer alternativamente el logotipo de los cigarros Montana, y unos cinco segundos después, la leyenda “Tu sabor”. Ese era, en aquel entonces, lo más avanzado y llamativo que existía en el mundo de la publicidad durante los partidos de futbol. No había todavía pantallas luminosas ni mucho menos lonas tendidas con logotipos diseccionados en perspectiva anamórfica (esos que se ponen junto a la portería y que, vistos desde la altura de la cámara, dan como resultado visual el logo o nombre de algún producto). Estábamos en la prehistoria de la mercadotecnia, en cierto sentido.

La publicidad ha ido evolucionando del mismo modo que el juego y sus otros alrededores. Conforme las grandes compañías se fueron interesando más en el deporte como vehículo publicitario, hasta la vestimenta cambió. Si comparamos, por ejemplo, un uniforme de cualquier equipo de hace veinte años con uno actual, veremos cómo parece que los vestuarios contemporáneos más que indumentaria se han convertido en pretextos para la publicidad ambulante. En su momento, Hugo Sánchez “innovó” como el primer técnico que abiertamente también cargaba publicidad en su ropa a la hora de los partidos, ganándose no pocas críticas (y seguramente varios miles de pesos).

Quizá la manera más original (y barata, aunque de efectividad a muy corto plazo solamente) de hacer publicidad la hayan ideado los europeos cuando algunas empresas, en particular sitios de internet dedicados a las apuestas, contrataron a individuos con particular gusto por el exhibicionismo (y por el dinero, claro), que saltaban a la cancha completamente desnudos (o a medias) y con leyendas publicitarias o simples direcciones http pintados en la espalda y/o en el pecho. La cosa funcionó las primeras dos, tres veces, pero luego la UEFA, la FIFA y los consorcios televisivos acordaron no mostrar más en pantalla a esos espontáneos que irrumpían sobre las canchas en pleno juego, de modo que ahora cuando este tipo de acciones se dan, los productores de la transmisión tienen como consigna mostrar planos generales del estadio o de plano detalles del público, cualquier cosa menos al invasor del terreno, en un intento de desanimar este tipo de comportamientos (que, por cierto, conllevan su jugosa multa).

En estos días, viendo los partidos de la Serie Mundial, me llamó la atención una modalidad de publicidad en la que no había reparado: en la toma estándar de los lanzamientos, con la cámara apuntando a la espalda del pitcher y la caja de bateo desde el jardín central, aparece un recuadro de publicidad con anuncios de empresas que operan en México. El truco está en que esa pantalla, situada a la derecha del bateador, en la barda atrás de él, es en realidad una pantalla verde, sin ninguna imagen, pero que permite a la post-producción añadir sobre la superficie de color uniforme cualquier logotipo que se desee. De este modo, el consorcio que vende la transmisión a las cadenas internacionales, les facilita que éstas hagan dinero revendiendo, a su vez, la publicidad local, que puede cambiar dependiendo del país y de la región, lo cual representa una muy importante fuente de ingresos para, en el caso de México, Televisa.

Ya no hay muchos límites de ética o de vergüenza profesional a la hora de portar y mostrar publicidad en los eventos deportivos. Esto es una lástima, porque la estética de los estadios, de los jugadores, y del juego en sí, se ve afectada y afeada por estas tendencias del libre mercado que empuja a que todo tenga una rentabilidad económica hasta sus últimas posibilidades. Sin embargo, no hemos visto nada todavía. El futuro de los deportes todavía nos depara algunas sorpresas e innovaciones para perfeccionar la manera de venderle a nuestro subconsciente la idea de que necesitamos un producto que en realidad en realidad, no nos hace ninguna falta.

Este y otros artículos en ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com