Conciencia

Mostrando las entradas con la etiqueta juegos olímpicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta juegos olímpicos. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de marzo de 2010

Sábado 27/feb/10: Patinaje de Figura: Tonya Harding, Miki Ando, Mao Asada, Joannie Rochette, Kim Yu-Na



I: Buenos días
La patinadora Tonya Harding es más recordada en el mundo del deporte porque en 1994 su exesposo contrató a un madrina para que atacara a bastonazos las rodillas de su acérrima rival, Nancy Kerrigan, durante una sesión de práctica en el Campeonato Norteamericano de Patinaje de Figura. Kerrigan se tuvo que retirar de la competencia (que Harding ganó), pero luego se recuperó, asistió a las olimpiadas de Lillehammer, y obtuvo la medalla de plata (ver Columna Lítica 8/ago/09). La autora intelectual de la agresión mantuvo su lugar en el equipo olímpico, a pesar de su culpabilidad (confesada luego), y quedó en octavo en esos juegos. Sin embargo, pocos recuerdan que, años antes de esa agresión, Tonya Harding fue la segunda patinadora en la historia que logró ejecutar un Triple Axel, el salto de mayor complejidad técnica y demanda física que hay en el repertorio de este deporte (exceptuando el Cuádruple Salchow, que sólo ha sido logrado por la japonesa Miki Ando). Todo esto fue recordado ahora que, en la final de patinaje de figura en las Olimpiadas de Invierno en Vancouver –antier– la nipona Mao Asada se convirtió en apenas la quinta mujer en aterrizar correctamente un Triple Axel en competencia internacional desde que la versión simple de este salto fue inventada en 1882. Varias otras han efectuado triples en pruebas nacionales, pero en internacionales, son pocas las osadas. Las palabras misteriosas de hoy son: hielo, televisión, patinaje.

domingo, 17 de agosto de 2008

Sábado 16/ago/08: Atletismo en la Olimpiada


I: Buenos días
Empezó el atletismo en las olimpiadas, con la fase eliminatoria y algunas finales directas, como la prueba de caminata, que se marchó ayer por la noche – y de la que, al momento de escribir esta columna, aún no tenemos noticia, así que ya la comentaremos en la semana, que seguro dará de qué hablar, sea por Eder Sánchez (ojalá), quien es promesa de medalla para México, o por el ecuatoriano Jefferson Pérez (ojalá), quien redondearía, con una presea, una carrera ejemplar, que lo llevó a ser la más grande figura deportiva de su país, que tiene en él a su único medallista de oro en la historia (Atlanta 96). Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo nueve.

II: Panorama
Como en todas las olimpiadas, la llamada prueba reina del atletismo acapara los reflectores: una vez pasadas las primeras carreras eliminatorias, se ve que en los 100 metros planos vamos a tener un nuevo récord mundial, que, si las condiciones se ponen de modo y los atletas quieren, podría andar reventando la barrera de los 9.70 segundos. El jamaiquino Usaian Bolt (9.72, RM) ganó con gran facilidad su primer heat eliminatorio, con 9.92, y dándose el lujo de, a partir de los 50 metros, ir volteando a un lado y al otro, en lo que podría decirse que fue una carrera relajada para él. Se perfilan también para las medallas, en esta prueba, el también jamaiquino Asafa Powell, el trinitario Richard Thompson y el gringo Tyson Gay, actual campeón del mundo.

De hecho, mientras usted lee esto (tal vez), se estarán realizando la semifinal y final de los 100 metros planos, el sábado en la mañana. Corra a prender la tele, que estarán reescribiéndose los libros de historia del atletismo.

Por otra parte, en las pruebas de fondo, los etíopes ya hicieron de las suyas: Tirunesh Dibaba se hizo con el título femenil de los 10 mil metros ayer. Su compatriota Haile Gebrselassie, quien sin duda alguna es el mejor corredor de fondo de la historia, intentará hacer lo propio en la misma prueba, una vez que renunció al maratón. Será una delicia ver a Haile corriendo, sobre todo porque seguramente vendrá acompañado de un par de liebres (corredores que le marcan el paso durante un tramo de la competencia; el que aguanten), y podremos ver la estrategia etíope en plena acción, con movimientos que van desde establecer ritmos mortales al inicio de la prueba para tronar a los rivales, hasta mantener a raya a los posibles escapados, vigilando el desempeño de Haile a través de las pantallas del estadio.

Haile se negó a correr la maratón, a pesar de ostentar el récord mundial y ser el corredor más fuerte del orbe en esta prueba, por las condiciones de contaminación de la capital china. Hoy sábado se estará corriendo el maratón femenil, y veremos qué cuentas entregan los chinos con la calidad del aire sabatino. Llama la atención en esta prueba el regreso de Paula Radcliffe, la recordista mundial de la especialidad, quien se retiró temporalmente en 2006 (por lesiones y por embarazo), y que quiere sacarse la espina que le quedó después de su fracaso en Atenas ‘04 (abandonó bañada en lágrimas al km 35). Ahora, con más ganas que preparación (parece), vuelve a las pistas, con su distintivo estilo de correr moviendo la cabeza hacia delante y atrás, como asintiendo.

Este fin de semana también estará compitiendo, por Cuba, el triplista David Girat (o Giralt, nadie, ni la Federación Internacional de Atletismo, sabe bien cómo se escribe su nombre), de quien hablamos ampliamente en esta columna (11/mar/08). Cabe recordar que el padre de este atleta estuvo en Colima hace 10 años como entrenador de atletismo, y fue él mismo un competidor olímpico que en su momento se midió —y opacó– a Carl Lewis, a principios de los 80s. Total, que hay con qué entretenerse este fin de semana, con la fiesta mayor del atletismo mundial.

III: Invitancia
Por otra parte, cambiando de las pistas a los escenarios, esta noche (y la de mañana) presentamos, con la compañía Cuatro Milpas Teatro, la obra Mariana Olas, en el teatro Alfonso Michel de Casa de la Cultura. Las funciones son a las 8:30, y la invitación es para adultos, por si gustan.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx

sábado, 2 de agosto de 2008

Sab 2/ago/08: Haile Gebrselassie

Los últimos 2 km de un 5000, Haile Gebrselassie, Daniel Komen y Paul Tergat, tres de los mejores corredores de la historia en una misca carrera. Récord mundial.



Una carrera completa de Haile contra Haile. Nótese el trabajo de las liebres, eso es tener estrategia.



Segunda parte



Parte final del 10k en Atlanta 96.



... y la parte final del 10k de Sydney '00. Esta es una cátedra de estrategia, por parte de Tergat: manda liebre y se mantiene atrás hasta la última vuelta. Sin embargo, no le alcanza con el sprint de Gebrselassie. Esta carrera no tiene igual en la historia de las Olimpiadas.




I: Buenos días
El maratón de Berlín ‘07 tuvo cierta resonancia en México porque el excandidato priísta a la presidencia, Roberto Madrazo, obtuvo el primer lugar en su categoría. O al menos durante tres días así pareció, porque al cuarto, el comité organizador descalificó a Madrazo por hacer trampa y tomar un atajo: de ser ciertos los tiempos del mexicano, habría corrido un tramo de 15 kilómetros en 21 minutos, la mitad de la marca mundial. Sin embargo, en nuestro país, opacado por la vergüenza en que el compatriota nos puso, pasó desapercibido lo que hizo verdaderamente histórica esa jornada en la capital alemana: el etíope Haile Gebrselassie, el mejor corredor de fondo en la historia, implantó un nuevo record mundial en los 42.192 km, marcando 2:04.26. Para Madrazo ese día fue como cualquier otro, haciendo lo que mejor sabe hacer: trampa; para Gebrselassie fue también un día como cualquier otro, haciendo lo que mejor sabe hacer: ganar. Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo 8.

II: Carrera
Si se observa con atención un video de Haile Gebrselassie corriendo, se notará que el brazo izquierdo va más pegado al cuerpo que el derecho, y que ése antebrazo hace con el brazo un ángulo más agudo que en el lado derecho. Cuando era niño, para ir a la escuela Haile tenía que correr diario 10 km de ida y otros tantos de vuelta a casa; lo hacía con los libros bajo el brazo izquierdo. Miles de kilómetros recorridos en esta posición dejaron su marca.

Su debut en las grandes ligas se dio en el Campeonato Mundial Juvenil de 1992, donde triunfó en los 5 y los 10 mil metros. De ahí en adelante, nadie lo pararía, y hoy, a 14 años de su primer record mundial (en 5,000 m), Haile Gebrselassie sigue corriendo, solo que ahora el único con el que puede competir es con él mismo. “Se supone que uno no puede romper su propio record mundial 9 veces. Eso es imposible”, dice Haile Gebrselassie en un comercial para una marca de zapatos. Sin embargo, él lo hizo en los 10,000 metros, siempre con cierres espectaculares, sobrehumanos. Sus rebases en la recta final desafían la fisiología humana, pero ahí están, para el asombro.

A diferencia de los corredores de pruebas de velocidad, que basan su supremacía en la fuerza y en la explosividad, la clave de los triunfos de Haile Selassie está en la estrategia y el trabajo en equipo: siempre se hace acompañar de varios corredores que le sirven de marcapasos o liebres, y que le ayudan a establecer en la primera parte de cada carrera un ritmo que eventualmente catapulta a Haile a correr los últimos kilómetros a pasos inalcanzables. Las liebres corren la mitad, o dos terceras partes de la competencia, luego abandonan, agotados. En las celebraciones, los marcapasos siempre acompañan a Haile y reciben tratamiento de honor.

III: A China
Haile Gebrselassie es el único atleta de los que van a esta olimpiada que no tiene absolutamente nada qué probar. Todo lo ha hecho ya, ha impuesto 25 récords mundiales y ha dominado en su momento todas distancias entre los 1500 metros y el maratón. En pista al aire libre, bajo techo, en ruta urbana, a campo traviesa y en carretera, no hay prueba en la que no haya obtenido una medalla en Mundial o en Olimpiada, o impuesto un record. Lo único que le faltaría sería el récord olímpico de Maratón, pero el etíope desistió de correrlo en Beijing dados los altos niveles de contaminación y su condición de asmático. Al menos nos regalará con una actuación en los 10,000 metros, distancia en la que posee cuatro oros, una plata y un bronce en Mundiales, así como dos oros en Olimpiada. Será una carrera muy difícil para él: a su edad, ya no tiene el dominio de esta distancia. Su cuerpo está para el maratón, no para carreras tan rápidas. O eso dice la teoría. Con Haile, nunca se sabe.

En el blog hay videos de Haile Gebrselassie, por si gustan: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

lunes, 28 de julio de 2008

Sábado 26/jul/08: Marchistas mexicanos

Carlos Mercenario vence al "Rey" Perlov en los 50 k. 1991.






El incidente de Osaka 07: Paquillo Fernandez rebasa en los últimos 100 metros. Sería descalificado a posteriori. España reclamó, presentó el video, y comprobó que no había flotado. Le devolvieron la medalla.





I: Buenos días
Eran las olimpiadas de Moscú, en 1980. 55 países alineados con Estados Unidos habían decidido no ir, haciéndole un gran favor a México, pues retiraban de la competencia a varios rivales de peso en varias pruebas (lo cual sería bien canalizado por los hombres de a caballo y por el clavadista Carlos Girón). A los que también parecía venirles muy bien la ausencia de esos países era a los marchistas nacionales, que iniciaban la década con zancadas largas, y que llegaban a las olimpiadas precedidos por su fama, ganado a base de triunfos en todo el orbe. El talento del entrenador Jerzy Hausleber, polaco emigrado a México, había dado la nación ya dos medallistas olímpicos: el sargento José Pedraza, plata en México ‘68, y Daniel Bautista, oro en Montréal ‘76. De este último, se esperaba que repitiera en Moscú. Completaba el trío de andarines mexicanos que competiría en 20 km Raúl González (ocupando el lugar de Ernesto Canto, lesionado) y Domingo Colín. Los rivales a vencer: el italiano Maurizio Damilano y el ruso Anatoly Solomin, en ausencia del canadiense Leblanc, por ejemplo. Nadie sabía, pero se cocinaba una cochinada grande, de la que todos saldrían revueltos. Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo siete.

III: Manos negras
Domingo Colín fue descalificado en el kilómetro 12 de la competencia, poco dice la Historia sobre su actuación en esta justa, igual que de Raúl González, a cuatro años todavía de su destino: la cosa de la Historia era con el “Negro”, con Daniel Bautista. Forward. Últimos dos kilómetros: Bautista libra una batalla con Solomin en la punta, Damilano siguiéndolos. El mexicano acelera y se va, se le escapa al soviético, enfila hacia al estadio, entra al túnel (el túnel mítico aquél)… y no sale del otro lado. Un juez polaco de apellido Kirkov, excolaborador del entrenador Hausleber, se encarga de expulsar a Bautista en lo oscurito. Hay resentimientos de por medio, de polaco a polaco. El mexicano es solamente carne de cañón.

En vista de la situación, Anatoly Solomin es, a su vez, despachado en conjunto por el juez mexicano Márquez, quien le muestra una tarjeta de amonestación, y el juez italiano Tossí, que en cosa de nada le muestra otra, la expulsatoria. Solomin llora desconsolado: no le puede pasar esto en casa. Hay resentimientos e intereses inmediatos de por medio, pero el soviético es solamente carne de cañón. Cuando Maurizio Damilano sale —él sí— del túnel, se encuentra con un estadio que le aplaude, y con una cinta de meta intacta. Damilano se quita la gorra y saluda al público mientras recorre la última recta de 100 metros. En los vestidores del estadio, Ernesto Canto y Daniel Bautista, a pesar de su propio dolor, tratan de consolar a Solomin.

II: La historia
Creo que la primera imagen olímpica que recuerdo claramente de mi vida es la de Ernesto Canto y Raúl González llegando a la meta de Los Angeles ‘84 haciendo el 1-2 en la prueba de 20 km. Era la fiesta en México. Y más lo sería cuando, una semana más tarde, González repitió podium con oro en los 50 km. Era el momento cúspide de la marcha mexicana. Cuatro años después, en Seúl, Ernesto Canto sería descalificado a 2 kilómetros de la meta por el juez alemán Kramer, quien desde los 70s se había dedicado a descalificar mexicanos en momentos cruciales. En Barcelona, sería la solitaria medalla de plata de Carlos Mercenario. En Atlanta, el bronce de Bernardo Segura. En Sydney, la plata para Noé Hernández y el bronce para Joel Sánchez (y el oro robado a Segura), en lo que pudo haber sido un repunte del dominio mexicano, pero quedó en nada, porque en Atenas regresaron con las manos vacías. Los especialistas dicen que la esperanza para México en Beijing es Eder Sánchez. Ojalá.

V: Ya con esta
Agradezco al estimado maestro Luis Bueno Sánchez por la precisión que me hizo en relación a la Columna Lítica del pasado martes: Bernardo Segura estaba hablando por teléfono con Zedillo, no con Fox, cuando fue descalificado en Sydney 2000; y Osaka está en Japón, no en China. A veces la máquina tiene bugs, ustedes disculpen.

Este fue el episodio número 200 de la Columna Lítica, salud. Estamos en la red, con videos varios de marchistas nacionales y la casi totalidad de lo que se ha publicado en

sábado, 26 de julio de 2008

Martes 22/jul/08: delegaciones (versión corregida)



I: Buenos días
Durante las olimpiadas de Sydney, al presidente electo Vicente Fox se le ocurrió ir a darse una vuelta por Australia, y de pasada visitar las televisoras mexicanas para promocionar sus grandes proyectos en materia de deporte. Cuando estuvo en TvAzteca, le dijo al entonces todavía presidente de deportes de la cadena: “A ti, José Ramón, te voy a encargar que estés muy al pendiente del deporte mexicano y cada seis meses te voy a pedir que me reportes cómo van las cosas”, a lo que el comentarista, embargado por la emoción, respondió “claro que sí, será un honor, señor presidente”. Uno de los dos no hizo la tarea, porque en las siguientes olimpiadas descendió de 6 (en Sydney) a 4 el número de atletas que obtuvieron medallas, y no hubo un repunte vistoso en el deporte mexicano; al contrario, a dos ciclos olímpicos de distancia, tenemos un resultado revelador de la política foxista: México no calificó a Beijing en ningún deporte de conjunto. Las palabras misteriosas de hoy son: delegaciones olímpicas.

II: La tropa
Ya desde las olimpiadas de Atlanta, donde fue el único medallista mexicano, el marchista Bernardo Segura había bromeado: “vienen más generales que tropa en la delegación mexicana”, refiriéndose a que el grueso de la representación nacional estaba compuesta por gente de pantalón largo que no iba a competir. En una delegación de atletas que sale del país siempre es necesario contar con personal administrativo y técnico que se encargue de hacer las gestiones y desempeñar los trabajos que faciliten la actuación de los atletas. Sin embargo, la historia, y en particular el caso de Bernardo Segura, muestran que de poco sirve llevar a tanto general, en el caso de México.

Bernardo Segura estaba platicando desde Sydney por teléfono con Ernesto Zedillo, siendo felicitado por su recién ganada medalla de oro en 20 km de caminata, cuando llegó un juez a enseñarle la tarjeta de descalificación, en un hecho muy poco usual en esta prueba: ser descalificado después de terminar. No había constancia en video de haber recibido la tercera —y reglamentaria— advertencia, así que todo pintaba a un error de los jueces. Los directivos mexicanos que tenían que haber protestado ante los organizadores para recuperar la medalla (como hizo exitosamente España en Osaka ’07, devolviéndole la plata a Paquillo Fernández), prefirieron no abrir la boca, y más bien emprender una cruzada contra el marchista, acusándolo de tramposo. La razón era muy simple: el también diputado federal Bernardo Segura ya había aceptado ser el director de Deporte de Andrés Manuel López Obrador en el recientemente electo Gobierno de la Ciudad de México. No iba Mario Vázquez Raña a ayudar a un perredista, aunque estuviera en juego una medalla olímpica de oro.

Un ciclo olímpico después, en la ciudad de Atenas, no hubo un solo directivo que pudiera indicar a los competidores mexicanos de los 20 km de Marcha (Bernardo, su hermano Omar, y Noé Hernández) cómo llegar al estadio donde se realizaría la prueba, ni dónde tomar el camión, ni nada. Los tres marchistas fueron conducidos por reporteros de televisión (los únicos mexicanos a la mano) y llegaron dos horas tarde a la cita, de modo que no pudieron calentar, lo que derivó en la lesión de Bernardo, que no pudo terminar la carrera.

III: Los generales balines

De 115 atletas mexicanos que viajaron a Atenas, solamente 4 obtuvieron medallas. Nomás como referencia, de 160 cubanos que asistieron a la misma justa, 27 obtuvieron medalla. Este año, Cuba llevará a 149 atletas. México 85. Sin embargo, de México van 170 “delegados”, con todos los gastos pagados (incluidos paseo a la Gran Muralla, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo y la Ciudad Prohibida). Entre los “delegados” están la esposa e hijos de Carlos Hermosillo, la esposa del Tibio Muñoz, el dueño de la empresa Atlética, que hace los uniformes deportivos del contingente, así como su esposa e hijos, y una larga lista de personas ajenas al evento, algunas de las cuales no tienen relación alguna con el deporte.

Recordando la historia reciente, el pretexto para la salida “digna” de Ana Guevara de las pistas (esa es oootra historia) fue el ridículo que en el Mundial de Atletismo Osaka 07 causaron los colados de la delegación mexicana: varios directivos se dedicaron a sacar fotocopias en color de los gafetes para acreditar a personas ajenas al grupo, lo que ocasionó una protesta formal del gobierno japonés, y el oso internacional de México. Ahora no sacaron fotocopias, mejor lo hicieron a la mexicana, “legalizando” la transa desde acá.

Estamos en la red (hay una invitación para un concierto semi-privado, por si gustan): ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx

lunes, 21 de julio de 2008

Sábado 19/jul/08: Humberto Mariles Cortés


I: Buenos días
La leyenda lo envuelve, y parece que de pronto la bruma del mito se sobrepone al individuo, pero eso es lo de menos. No se le pueden hacer remilgos a la biografía de un hombre que vio a Hitler encabronarse por el triunfo de Jesse Owens (en viaje patrocinado por Lázaro Cárdenas); que siendo militar desafió al presidente Miguel Alemán y se fue sin permiso a las olimpiadas; que fue recibido en Roma por el papa Pío XII (irónicamente, un 10 de mayo); que ganó la primera medalla olímpica de oro para México, montando un caballo al que le faltaba un ojo; que insultó verbalmente al presidente Ruiz Cortínes; que fue sentenciado a pasar 20 años en Lecumberri por dispararle a un automovilista en un altercado de tráfico (y matarlo, aunque el reporte oficial maquillaría muy bien todo); que cumplió solo 5, pero que terminaría sus días, inesperadamente, en la celda de una cárcel de Paris, envenenado, después de haber sido apresado en un restaurante donde compartía comida con dos narcotraficantes buscados por la policía francesa. Si Humberto Mariles Cortés no hubiera nacido, lo hubiera escrito Paco Ignacio Taibo II en una de sus novelas policíacas. Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo cuatro.

II: Arre
No fue una, sino tres las medallas que Mariles dio a México en las olimpiadas de Londres ’48: dos de oro y una bronce, montando a su caballo Arete. El entonces Coronel del Ejército Mexicano llevaba 12 años preparando al equipo de jinetes mexicanos, y había visto cumplirse dos ciclos olímpicos sin actividad (por la Segunda Guerra Mundial), de modo que cuando Miguel Alemán le ordenó no ir a la gira europea que concluiría con la competencia en los Juegos Olímpicos, Mariles literalmente se montó en su macho, agarró y se fue: no había estado esperando todo este tiempo para que a un hombre de escritorio, por muy presidente de la República y jefe máximo del Ejército que fuera, se le ocurriera de última hora no permitirle irse a representar al país a las olimpiadas. El perdón presidencial vendría con los logros en el viejo mundo y las medallas que trajeron de regreso. Sin embargo, el temperamento del que luego fue ascendido a General le causó no pocos desencuentros a lo largo de su vida.

III: A mi nadie me grita
Cuando un borracho (dicen) se le cerró con su carro (dicen) al general Mariles, (el 14 de agosto de 1964, exactamente 16 años después del glorioso día en el podium) éste ni tardo ni perezoso sacó su pistola y le disparó al agresor, que luego resultó ser un individuo de conducta vana y carácter peligroso, padre de varias criaturas con diferentes mujeres, lacra social y otras lindezas que sacaron a relucir oportunamente los abogados del militar. Lo malo fue que al balaceado se le ocurrió morirse una semana después (de algo que no tenía nada que ver con el balazo, aseguraron los peritos), y el general se enfrentó a un juez que no se impresionó con sus medallas olímpicas, genuflexiones ante el Papa, ni ovaciones de pie en Wembley, y lo condenó a 20 años de cárcel.

Adolfo Aguilar y de Quevedo, abogado de Mariles, apeló. Dijo en su alegato que “la ley no exige, ni puede exigir, lo que es imposible para la naturaleza humana”, pues su cliente “no se educó en un colegio de monjitas” y se preguntó si los señores magistrados esperaban que Humberto Mariles interrumpiera “la reacción que de modo forzoso le produjo la provocación, la grave ofensa, la reiteración de embestida y el acoso de su atacante, para quedarse inmóvil, sereno y tranquilo; juzgan que no debió tener el ánimo conturbado y excitado, en extrema y confusa tensión, sino con mesura que permite frío y calculador raciocinio, contenerse y no usar el arma que portaba”. Para qué calientan al general, pues, si ya ven que es bien bronco, la culpa es del muerto.

IV: Finales incompletos
A su salida de la cárcel, Mariles todavía fue invitado a participar en un desfile del 20 de noviembre (en 1972), donde dicen que le aplaudieron mucho. Sin embargo, viene el giro de tuerca, pues en palabras de su hija Virginia: “Un día después, acaso dos de aquel desfile, mi padre recibió una orden del gobierno: trasladarse a París. Nunca nos dijo el motivo”. Como diría aquél, the rest is silence.

lunes, 14 de julio de 2008

Martes 15/jul/08: Jefferson Pérez



I: Buenos días
La prueba de los 20 km de caminata en las olimpiadas de Atlanta ’96 fue particularmente emocionante para los mexicanos. Los tres en esa prueba se mantuvieron todo el tiempo estableciendo el ritmo de la competencia y tronando uno a uno a todos sus competidores, excepto a cuatro: tres rusos y un ecuatoriano. Hacia los últimos 5 kilómetros, Bernardo Segura y Miguel Ángel Rodríguez se lanzaron a romper el ritmo del pelotón, dejando atrás a Daniel García, pero siendo seguidos por los rusos Markov y Shchennikov, además de un discreto ecuatoriano, Jefferson Pérez, que a todos dio la sorpresa. Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo cinco.

II: Testimonio
"Hay imágenes que a uno nunca se le borran", dice Jefferson Pérez (al Diario Hoy, de Ecuador). Cuenta que al enfilarse rumbo al estadio olímpico, en Atlanta, "de pronto se me metió el patriotismo, el ser identificado como latino, y cuando sólo había un ruso adelante del mexicano y yo, le dije ¡Vamos, vamos por América! Porque no era justo que nos ganaran en nuestro Continente" y ofreció una mano extendida al mexicano. Luego temió que el inusual gesto no fuera bien recibido: "¿Qué tal si no me da la mano? Me voy a sentir mal... Estuvimos codo a codo y él me cogió enseguida la mano y me contestó: ¡Vamos por América!". Apretaron el paso y dieron caza a Markov: "Ibamos juntos, juntos, alcanzamos al ruso y entonces a él lo descalificaron". En efecto, al pasar debajo de un puente, Miguel Ángel Rodríguez fue detenido por un juez que lo expulsó de la prueba. Jefferson aceleró aún más. El ruso nunca lo alcanzaría, y desde atrás Bernardo Segura surgiría como medallista de bronce para México, una más de la caminata. La de Pérez sería la primera medalla olímpica en la historia de Ecuador.

III: Recuerdos personales
Cuando conocí a Jefferson Pérez, estaba fresca la destitución deshonrosa de Abdalá Bucaram —“¡por loco!”, gritaba Javier Alatorre—, aquél que bailaba, grababa discos, y deleitaba a los reporteros cantando en las cumbres de mandatarios. “Parece que se acabó el presupuesto de seis años en seis meses”, bromeó Jefferson con mi papá. Era 1997 y en el DF se celebraba la Copa Internacional de Marcha, organizada por TvAzteca, que convocó a la crème de la crème, reuniendo a los mismos que habían competido un año antes en Atlanta: Pérez, Schennikov, Korzenowski (Pol), A’Hern (Aus), Ern (Ale), Miguel Ángel Rodríguez, Daniel García; y a exmarchistas como Robert Weigel (Ale), Ernesto Canto, Carlos Mercenario, Daniel Bautista y Raúl González, en labores ya de entrenador, de juez, de organizador o de estrellita. Estaban todos los grandes, atletas de 25 países, atraídos por los jugosos premios en miles de dólares, dispuestos a enfrentar la mítica delgadez del contaminado aire defeño (yo competía en la categoría juvenil, quedé en el lugar veintitantos).

Jefferson me impresionó por su fiereza dentro de la pista y su sencillez fuera de ella. El ecuatoriano acababa de llegar a la veintena y comenzaba a entrar al mundo de los patrocinadores internacionales, los viajes ya no tan ajustados, el reconocimiento público, la fama y la fortuna, pero seguía siendo un muchacho humilde, accesible y tímido, que se calaba con modestia una gorra hasta los ojos para que no vinieran a entrevistarlo, a pedirle autógrafos, a hacerlo sentir estrella. Él, a lo suyo, que lo hacía muy bien, sobre todo a la hora de cerrar: en el último par de kilómetros Jefferson era inalcanzable. Como era de esperarse, ganó esa competencia en el DF, como ha ganado la mayoría de aquellas a las que se ha presentado desde entonces. La excepción fueron las siguientes dos olimpiadas, donde las medallas lo eludieron, pero se repuso en los Mundiales: fue una vez subcampeón y tres veces al hilo campeón mundial, además de que ostenta el récord de los 20 km (1:17:21). Junto a Robert Korsenowski, es considerado el mejor marchista de 20 km de la historia, y en Ecuador es héroe nacional, ahora Doctor Honoris Causa. La semana antepasada Jefferson cumplió 34 años. La semana pasada ganó una competencia regional en Colombia, con 1:20:54. Ha anunciado que se retirará después de ganar la medalla de oro en Beijing.

Estamos en la red, con videos de Jefferson: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx

domingo, 6 de julio de 2008

Sábado 5/jul/08: Historias Olímpicas, 4


I: Buenos días
Cuando Leni Riefenstahl fue comisionada para documentar cinematográficamente las olimpiadas de 1936, en Berlín, la instrucción de Hitler era clara: había que glorificar los logros de la Alemania nazi. Olympia, el documental resultante, fue un parteaguas en la historia del cine debido al uso de técnicas innovadoras que después se convertirían en estándares del lenguaje cinematográfico, y al mismo tiempo fue una más de las cintas propagandísticas que la actriz y directora alemana produciría para el dictador que, según contaba, estaba tan enamorado de ella que una vez la quiso besar a la fuerza. En Olympia se glorificaba a los ganadores y se hacía regodeo de la belleza humana y la perfección de los atletas de primer nivel, y aunque era una cinta oficial, Riefenstahl se dio la libertad de poner a Jesse Owens, atleta negro que echó por tierra todas las teorías de la supremacía aria, al mismo nivel que los demás ganadores. Cuando Alberto Isaac hizo su propio documental sobre las olimpiadas de México 68, su preocupación por los aspectos técnicos también fue grande, pero la visión distinta, con mucha más humanidad y sencillez. Una de las secuencias más bellas de Olimpiadas de México (nominada al Oscar en 1969) es la de la maratón: en lugar de glorificar al ganador de la prueba, Isaac muestra cómo es la llegada del corredor que quedó en último lugar: renqueando, ya de noche, un atleta solitario llega al estadio vacío, agotado, medio muerto, pero con la firme determinación de concluir la ruta de 42.195 km. Las palabras misteriosas de hoy son: Historias Olímpicas, capítulo cuatro.

II: We are the losers, my friend…
En ocasiones particulares, los perdedores de una competencia llegan a obtener más fama y fortuna que los ganadores, o al menos se roban la cámara por más rato que los atletas mejor entrenados. Vimos en el primer capítulo de estas Historias Olímpicas cómo Eric Moussambani, que apenas sabía nadar, venido de un país que nadie sabía dónde estaba (Ginea Ecuatorial) se convirtió en celebridad después de registrar el peor tiempo de la historia en los 100 metros de nado libre, en Sydney 2000. A Moussambani la prensa inglesa le dio el apodo de Eric the Eel (la Anguila) en referencia a Eddie the Eagle (el Águila), uno de los más grandes héroes olímpicos británicos.

Eddie Edwards llevaba todas las de perder como deportista: era pesado (82 kilos, más de 10 arriba del promedio), no tenía un patrocinador, y el equipo que utilizaba para su prueba, el salto en esquí, era tan inadecuado, que tenía que usar seis calcetines uno sobre el otro para que le quedaran las botas que enganchaba a los esquís. Por si eso fuera poco, Eddie tenía una aguda miopía que lo obligaba a usar lentes de fondo de botella, incluso cuando ejecutaba sus saltos en la rampa, lo que hacía que los lentes se le empañaran y que el resultado de cada salto fuera impredecible (sin embargo, hay que decirlo, Eddie nunca se partió la madre saltando, hasta eso). Como no era precisamente un dechado de habilidad en el aspecto técnico, Eddie, en vez de ejecutar saltos en posiciones aerodinámicas y elegantes, aleteaba cuando iba en el aire, tratando de mantener el equilibrio para aterrizar correctamente. Fue ese peculiar aleteo el que le ganó el mote de El Águila.

Eddie Edwards fue el único atleta que se presentó para representar a Inglaterra en salto de rampa en las olimpiadas de invierno de Calgary ’88, por lo que obtuvo el pase directo, sin tener que eliminarse con ningún compatriota: en Inglaterra ese deporte era prácticamente desconocido —como cuando México envió a las olimpiadas a un competidor de trineo que entrenaba sobre un carrito Avalancha en una cancha de básquet (¿cómo le decían? ¿El Tuercas, o algo así?). Eddie el Águila, como era de esperarse, quedó en último lugar en las dos pruebas en que participó, pero se ganó el cariño del público canadiense y regresó a Inglaterra vestido de héroe. Incluso se le mencionó individualmente en la ceremonia de clausura de las Olimpiadas, y su nombre fue coreado por los 100,000 asistentes al evento, algo que nunca en la historia había sucedido en el rígido protocolo de esas ocasiones.

Eddie Edwards canalizó muy bien su fama: hizo comerciales de televisión, asistió a infinidad de programas de entretenimiento, escribió un libro e incluso grabó una canción llamada Fly Eddie Fly (que llegó al Top 50 inglés), y luego un par de canciones en finlandés. Algunos atletas y el Comité Olímpico consideraron que era una burla para la comunidad de saltadores el hecho de que un competidor tan malo se presentara a los Juegos, de modo que se creó una regla especial (conocida ahora como La Regla de Eddie el Águila) para impedir que Edwards calificara a la siguiente justa, a celebrarse en Albertville. La misma regla impidió la calificación del inglés a las siguientes dos olimpiadas de invierno, en Lillehammer y en Nagano, aunque él lo intentó.

Las últimas noticias que se tienen de Eddie indican que se está rodando desde enero de este año una película biográfica que será protagonizada por el gran comediante Steve Coogan (related search: Coffee and Cigarettes, Night at the museum).

IV: Música, maestro
Conocí hace poco por internet a alguien que se topó en una fiesta con Eddie Edwards, en Inglaterra. Me cuenta que es un tipo muy simpático, y que a la menor provocación se pone a cantar. Dice que en esa fiesta, como todos esperaban, Eddie agarró el micrófono y dio cuenta de Mun nimeni on Eetu, la canción que lo hizo famoso en Finlandia. Cuando le preguntaron que qué decía la letra, Eddie respondió “No tengo la más remota idea, no hablo finlandés”, y se echó a reir.

En el blog hay un video brevísimo de Eddie saltando: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

viernes, 27 de junio de 2008

Sábado 28: Correlones y mañositos

La final de Seúl 88, Ben Johnson derrota a Carl Lewis e impone un nuevo record mundial, pero es despojado de su medalla días después al comprobársele el uso de Stanozolol (la misma droga que usaron Salvador Carmona, Aarón Galindo, Roger Clemens y Rey Misterio, el luchador).



Donovan Bailey en Atlanta '96, venciendo a Ato Boldon y al aterno segundo lugar, el namibio Frankie Frederics. Récord mundial en aquel entonces.



Usain Bolt impone nuevo récord en 100m: 9.72. Hace un mes



Una interesante entrevista a Ben Johnson sobre el caso de Marion Jones, que fue despojada de sus medallas y encarcelada. "You're gonna see other big names coming out soon", asegura Johnson.



I: Buenos días
Ayer viernes, la Federación Búlgara de Halterofilia dio de baja a sus equipos varonil y femenil de levantamiento de pesas, a menos de un mes de los Juegos Olímpicos de Beijing, debido a que se encontró que 11 de sus atletas han estado consumiendo sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento. ¡Aaarrancan! En las olimpiadas más recientes, a semanas —incluso días— del inicio de la justa deportiva, ya es costumbre que haya deserciones voluntarias y retiros obligados por las cuestiones del doping. Un caso muy sonado fue el de la velocista Marie-José Perec, quien iba a ser una de las rivales más fuertes de Cathy Freeman en los 400 metros planos en Sydney 2000, pero que abandonó la ciudad intempestivamente a pocos días de correr, según se rumoró, porque sabía que no pasaría la prueba del antidoping. La exigencia del deporte-negocio actual es tan alta, que para muchos atletas la única manera de mantenerse en las primeras líneas es acudiendo al mejoramiento químico —e ilegal— de sus metabolismos. Esto no había sido tomado tan en serio hasta Seúl, en 1988, cuando el caso de Ben Johnson cambió el deporte para siempre. Las palabras misteriosas de hoy son: Historias Olímpicas, capítulo tres, trampas.

II: Big Ben
El título del hombre (y la mujer) más rápido@ del mundo es el más honroso del atletismo. Este título lo ostenta quien posee el récord de los 100 metros planos, la prueba más corta y veloz del programa atlético. A mediados de los 80s, el mundo fue testigo del desarrollo de una rivalidad a muerte entre dos titanes: el norteamericano Carl Lewis y el Canadiense (jamaiquino de nacimiento) Ben Johnson, quienes fanfarroneaban el uno contra el otro, y sacaban chispas de cada enfrentamiento en la pista.

Del ‘84 al ’87 fueron más o menos alternándose triunfos, pero el pleito se puso serio cuando se enfrentaron en Roma ‘87, en el Campeonato Mundial de Atletismo, y Johnson ganó de calle, estableciendo una nueva marca de 9.83, superando el 9.95 de Jim Hines que se había mantenido vigente por 19 años (desde México ‘68). Ahí fue la primera vez que Lewis insinuó que el canadiense usaba drogas. Johnson básicamente dijo “no le hagan caso, está ardido”.

La cúspide de esta rivalidad se dio en Seúl 88, donde Ben Johnson barrió otra vez con Lewis, marcando un increíble 9.79, dándose el lujo de disminuir la carrera y voltear a ver a su rival un par de metros antes de la meta. Sin embargo, dos días después a Johnson le sería retirada su medalla al encontrarse en su orina trazas de Stanozolol (la misma droga que les usaron Salvador Carmona, Aarón Galindo, Roger Clemens y Rey Misterio, el luchador). Este fue el primer gran escándalo de drogas olímpico. De Johnson en adelante, las reglas cambiaron y los controles serían más estrictos. O más o menos.

III: Alcáncenme si pueden
Hay una larga lista de corredores de 100 metros planos que desde Johnson han sido descubiertos usando sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento, después de que tuvieron la gloria de coronarse en olimpiadas o campeonatos mundiales. Nada menos, Marion Jones (10.65), quien en su momento fuera la reina de las pistas (5 medallas en Sydney), tuvo que regresar sus preseas y se encuentra cumpliendo una condena en prisión actualmente, por mentir sobre su uso de drogas ante un jurado federal (perjurio, el mismo delito por el que ya le andaba a Bill Clinton). Mucho se rumoró que la muerte de la reina anterior, Florence Grifith-Joyner (10.49, RM) tuvo que ver con las drogas prohibidas, aunque nunca fue descalificada retroactivamente, como ocurrió a Jones.

Tim Montgomery (9.78, padre, por cierto, de un hijo de Marion Jones), Justin Gatlin (9.78), y Linford Christie (9.87) son algunos de los atletas que, después de haber ganado su carrera, y/o establecido récords mundiales, fueron encontrados culpables de dopaje. Ahora se sabe que el propio Carl Lewis (9.86), quien es considerado el mejor atleta olímpico de la historia, resultó positivo en tres drogas en una prueba antidopaje interna, realizada en Estados Unidos antes de las olimpiadas de Seúl, hecho que fue silenciado convenientemente por la federación de atletismo de su país. Maurice Green (9.79 tercer mejor crono en la historia) fue acusado hace dos meses de usar drogas… por Angel Guillermo Heredia, el mexicano que se las vendía. La controversia continúa.

El hombre que ha corrido más rápido los 100 metros planos en la historia (sin drogas) es Obadele Thompson, de Barbados, quien marcó 9.69 el 13 de abril de 1996, en El Paso. Sin embargo, el anemómetro marcó un viento de +5, lo que impidió la homologación de la marca (el límite aceptado es +2 m/s). Oficialmente, el más rápido del mundo hoy en día es Usain Bolt, de Jamaica, quien el mes pasado estableció la marca de 9.72 en Nueva York (V: +1.7).

lunes, 23 de junio de 2008

Martes 24/jun/08: Vanderlei Lima (II)



El video corto



El video largo

I: Buenos días
Cuando fue atacado por un sacerdote irlandés en dudosa plenitud de facultades mentales, Vanderlei de Lima estaba a menos de 7 kilómetros de ganar la prueba de maratón de las Olimpiadas de Atenas en 2004. Un espectador reaccionó de inmediato, antes aún que los guardias que escoltaban en bicicletas al corredor, y fue él, Polyvios Kossivas, quien libró al brasileño del abrazo del atacante y quien lo levantó y lo impulsó para seguir corriendo. Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo dos, segunda parte.

II: Carrera y resultados
Teniendo casi a la vista el estadio donde terminaba la competencia, Vanderlei de Lima fue rebasado por el Stefano Baldini, y casi inmediatamente después por Mebrahtom Keflezighi (eritreo nacionalizado gringo), sin que el brasileño, deshecho física y mentalmente, pudiera poner resistencia. Sin embargo, en cuanto puso un pie en la pista del estadio, se le recibió con una ovación de pie y la gente lo vitoreó más que al italiano. En los últimos metros, arrojando besos al público, Vanderlei hizo una pequeña danza para celebrar su bronce. El primer reportero en entrevistarlo sería su viejo amigo, el exmaratonista mexicano Germán Silva, para TvAzteca, en portuñol.

La Federación Brasileña de Atletismo elevó una protesta formal a los organizadores para solicitar que a Vanderlei se le otorgara una medalla de oro, considerando que la irrupción del sacerdote irlandés había truncado lo que, a todas luces, iba a ser su triunfo. El COI se negó, pero concedió al maratonista la Medalla Pierre de Coubertin (que se había entregado por última vez, en verano, cinco olimpiadas antes), que premia a los más altos representantes del espíritu olímpico, misma que fue entregada en una ceremonia especial realizada en Río de Janeiro en diciembre de ese año.

III: El ángel
A los brasileños les intrigó saber quién ere ese gordo barbudo en bermudas que había defendido a Vanderlei Lima durante la maratón, y se puso en marcha una investigación periodística. Fue así como dieron con Polyvios Kossivas, vendedor, hombre de familia, y antiguo jugador de básquetbol.

El gobierno brasileño invitó a la ceremonia de entrega de la medalla Pierre de Coubertin a Polyvios Kossivas, a quien le fue dado tratamiento de héroe desde el aeropuerto. Kossivas fue homenajeado en varios eventos durante su estancia en Brasil, y se le puso el apodo de “El ángel griego”, que decenas de miles de aficionados corearon durante una presentación del visitante en el estadio Maracaná. Acompañado por su familia, Kossivas asistió a la entrega de la medalla a Vanderlei y los dos se encontraron por primera vez desde el incidente, recibiendo una ovación de pie de tres minutos. Kossivas recibió de Vanderlei un trofeo de jade montado en granito, como agradecimiento del pueblo brasileño. El griego bromeó diciendo que si lo enviaban a las siguientes olimpiadas, se encargaría de que nadie le hiciera daño al medallista brasileño. Luego expresó su deseo de que en Grecia se enteraran de la historia, pues en su propia tierra nadie sabía quién era Kossivas.

IV: Fin
Ahora sí, el blog está actualizado y con los videos correspondientes: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

Sábado 21/jun/08: Vanderlei de Lima


I: Buenos días
Vanderlei Cordeiro de Lima llegó a las olimpiadas de Atenas 2004 como uno de los favoritos menores para el Maratón, la prueba cumbre del encuentro. Dos veces medallista de oro en Panamericanos (Winnipeg y Santo Domingo), el atleta originario del estado brasileño de Paraná venía de ganar el Maratón de Hamburgo en abril, con un tiempo de 2:09.39, pero en Atenas se encontraría con rivales de la talla del entonces poseedor de la marca mundial de la especialidad, el keniano Paul Tergat (2:04.55), el italiano Stefano Baldini (que venía de hacer 2:08.37 en Londres), y el inglés (ahora canadiense) Jon Brown, entre otros corredores de altos vuelos. Las palabras misteriosas de hoy son: Historias olímpicas, capítulo dos, primera parte.

II: Dos espectadores
La suerte y el Comité Olímpico Internacional (COI) quisieron que la ruta de esa maratón pasara, casi a la altura del kilómetro 36, frente a la casa de Polyvios Kossivas, un exjugador amateur de básquetbol convertido en agente de ventas, hecho ya un padre de familia de prominente panza y barba santaclosesca. Esa tarde, mientras veía en la televisión cómo Vanderlei de Lima tomaba el liderato de la carrera desde el kilómetro 20 y sacaba cientos de metros de ventaja a sus rivales, Kossivas no imaginaba que le correspondería a él ser uno de los protagonistas más importantes de esa competencia.

Al otro lado de la calle, frente a la casa de Kossivas, entre la multitud que aguardaba el paso de los corredores, esperaba pacientemente Cornelius Horan, quien había viajado desde su natal Irlanda dispuesto a convertirse en noticia una vez más. Las autoridades aduanales griegas lo habían dejado entrar al país esa mañana sin sospechar que ese sacerdote católico de pacífica apariencia era el mismo que un año antes había irrumpido en la pista donde se corría el Gran Premio de Inglaterra de la Fórmula Uno, poniéndose a torear autos que pasaban a 300 kilómetros por hora en la recta principal con un letrero que decía “Lean la Biblia. La Biblia siempre tiene la razón”.

III: Estrategias
La primera parte de la carrera se caracterizó por uno que otro lucidito que por tener sus tres minutos de fama dieron descolgadas de las que nadie en el pelotón de los corredores serios acusó recibo. El grupo puntero dejó que varios corredores inofensivos se alternaran el liderato y se mantuvo compacto durante los primeros kilómetros. Hacia el kilómetro 20, Vanderlei de Lima se despegó del pelotón y comenzó una escapada en solitario que lo llevó a sacar a sus perseguidores hasta un minuto de distancia (a estas velocidades, equivalente a unos 300 metros), dominando ampliamente la competencia, pues para cuando el pelotón se dio cuenta, ya lo habían perdido de vista, literalmente.

El grupo perseguidor, integrado por Tergat, Brown, Baldini, Shigeru Aburada (Japón), el eritreo nacionalizado norteamericano Mebrahtom Keflezighi y Jaouad Gharib, el marroquí campeón del mundo, se mantuvo unido y poco a poco fueron reduciéndole metros a la desventaja, juntos, hasta que en el km. 34 el italiano dio un jalón que solo resistió Keflezigui y que rompió la unidad y el paso del grupo. Lanzado con todo a la caza de Vanderlei, Stefano Baldini pasó por el abastecimiento del km 35 “apenas” medio minuto atrás del brasileño, a 7 kilómetros ya de la meta.

IV: « Oh là là là là, qu’est-ce qui c’est passé ? »
Lo que sucedió fue tan repentino que los comentaristas deportivos alrededor del mundo se quedaron fríos: de pronto, Vanderlei de lima voltea a su izquierda y hace un gesto que del terror pasa al dolor, cuando es arrollado por un sexagenario vestido como duende irlandés con pancartas pegadas al cuerpo. Vanderlei de Lima y Cornelius Horan caen al piso hechos un nudo; tres agentes de seguridad que están a la mano se quedan inmóviles, sorprendidos, no reaccionan; la cerca que separa al público de la ruta es saltada por un hombre cuya fisonomía contrasta con su agilidad: un gordo de barba blanca en bermudas se arroja sobre el agresor y de un empellón lo quita de encima del brasileño, inmediatamente después ayuda a levantarse al corredor y lo impulsa con las dos manos mientras le grita “go!”; finalmente los policías reaccionan. Vanderlei ha perdido 20 preciosos segundos y va lastimado, pero sobre todo, con el ritmo y la mente ya completamente fuera de sitio. Baldini, que no ha visto el incidente, se sorprende al pasar una curva y ver que el brasileño está tan cerca, pero reacciona y ataca con más fuerza, seguido de Keflezighi, que no se le despega un metro. Polyvios Kossivas regresa corriendo a su casa para ver en la televisión el final de la competencia. Su esposa y su hija están llorando cuando él abre la puerta. Afuera, la policía arresta a Cornelius Horan, quien porta unos letreros que dicen “El padre del Grand Prix. El cumplimiento de la profecía de Israel, dice la Biblia. La segunda venida está cerca”. Pagará una multa de 3000 euros y será expulsado de Grecia. Tres días después, el 2 de septiembre, será juzgado en Londres por exponerse indecentemente ante una niña de 7 años. El jurado lo exonerará.

V: To be continued
En nuestra próxima entrega concluiremos esta historia, con el desenlace de la competencia, y siguiendo los destinos de Kossivas, de Lima y Horan, que dieron todavía de qué hablar en los meses posteriores a las Olimpiadas. En el blog, claro, el video de esta carrera y del incidente: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx

viernes, 13 de junio de 2008

Eric Moussambani

Comentado por Roy y HG, australianos.




El "Behind the scenes": Eric Moussambani before starting:



I: Buenos días
En ese momento era la alberca más rápida y moderna del mundo, inaugurada pocos días antes, con dos carriles extras y dispositivos para evitar el oleaje, que permitirían a los nadadores desplazarse más velozmente. En los bloques de salida, en contraparte, se encontraban los tres nadadores olímpicos más lentos del mundo: uno de Níger, otro de Tayikistán y uno más de Guinea Ecuatorial, dispuestos a recorrer de ida y vuelta su carril para completar los 100 metros. Los tres eran invitados especiales del Comité Olímpico Internacional, que había ideado un programa de invitación directa a países que no tenían los recursos necesarios para hacer calificar atletas a ciertas disciplinas, como la de natación. Apenas acomodados en los bloques, sin esperar mayor indicación, los nadadores de Tayikistán y Níger se lanzaron intempestivamente al agua, lo que les ganó la descalificación inmediata, por salida en falso. Así, Eric Moussambani, de 22 años, natural de Guinea Ecuatorial, que había aprendido a nadar ocho meses antes en una de las dos albercas de su país (ubicada en un hotel), que nunca había visto una alberca olímpica, que nunca había nadado más de 20 metros seguidos, que estaba usando unos googles por primera vez en su vida, tragó saliva y se plantó solo, con los cordones de su traje de baño por fuera, a esperar la señal de salida. Las palabras misteriosas de hoy son: historias olímpicas, capítulo uno.

II: Eric the Eel
Si bien en las olimpiadas del año 2000, en Sydney, nadadores como Ian Thorpe, Alexander Popov y Pieter van den Hoogenband fueron el centro de atención por los espectaculares récords que marcaron en competencia, ninguno recibió tanta consideración ni se llevó tantos aplausos y alabanzas como Éric Moussambani, quien a la fecha ostenta el récord por haber recorrido los 100 metros nadando más lento que nadie en la historia de las olimpiadas.

Moussambani se lanzó a la alberca solo, y lo que al principio fueron aplausos corteses del público que esperaba los platos fuertes del día, se convirtió en una ensordecedora ovación de pie conforme se fue haciendo evidente que para el africano terminar ya no era solamente cuestión de honor deportivo, sino de sobrevivencia misma: una vez recorridos los primeros 50 metros, al nadador se le fueron las energías, y hacia la mitad del trayecto de regreso comenzó a patalear y manotear desesperadamente ya no en plan competitivo, sino dando, literalmente, patadas de ahogado, y sin avanzar mucho. Con un público totalmente entregado dándole ánimos, Eric Moussambani logró tocar la orilla en 1:52.72, un poco más del doble de lo que tardaría Ian Thorpe esa misma tarde; casi el mismo tiempo que se hace en los 200 metros libres. En suma, el peor tiempo de la historia.

Esa actuación le ganó, en Inglaterra, el apodo de “Eric la Anguila” (the Eel) en referencia al peor esquiador de la historia olímpica, “Eddie el Águila” (the Eagle), un inglés que de esquiador pasó a cantante en idiomas que no hablaba. Pero esa, la de Eddie, es otra historia.

III: Sus 15 minutos
Con su inexperiencia, pero con su entrega, Moussambani fue visto como el verdadero representante del espíritu olímpico, en contraste con los atletas patrocinados por las grandes marcas, venidos de los países de primer mundo. Claro, poco tardaría una grande marca en patrocinarlo, mientras duraba la fama.

Una vez que salió de la alberca en el Aquatic Center de Sydney, a Eric Moussambani le tomó más de una hora llegar a los vestidores: todo el mundo lo quería entrevistar, aunque hablara español. Luego vinieron las ofertas: Speedo le ofreció un patrocinio y se lo llevó de gira por Europa, firmando autógrafos. La Universidad de Wisconsin lo invitó a entrenar y estudiar en sus instalaciones, fue huésped de decenas de cadenas televisivas de todo el mundo, su cara apareció en infinidad de periódicos y revistas.

La cuestión fue que cuando quiso ponerse a entrenar de nuevo, se encontró con que la fama y la fortuna se fueron tan bruscamente como habían llegado. Un error gubernamental (en Guinea Ecuatorial) le impidió obtener la visa para viajar a Estados Unidos y aceptar la beca de Wisconsin. Se fue a España a trabajar y entrenar, aunque esta vez ni Speedo ni ninguna otra marca lo quisieron apoyar. Como pudo, Moussambani pasó cuatro años preparándose, y cuando vino el tiempo de ir a Atenas (habiéndole ya reducido un minuto al crono), se dirigió a su país para reunirse con el resto de la delegación deportiva. En Guinea Ecuatorial, en vez de su acreditación, se encontró con la noticia de que los funcionarios olímpicos de su país habían perdido la fotografía para su registro, y que no había sido inscrito en los Juegos Olímpicos de 2004. Desilusionado, Eric declaró que se retiraba de la natación y que buscaría emigrar a Florida para estudiar computación. Poco se supo de él desde entonces.

En febrero de este año, el veterano periodista australiano Garry Linnell envió una carta abierta pidiendo a Moussambani que regrese a las albercas para asistir a Beijing. “En verdad te extrañamos, Eric. El deporte se ha vuelto tan condenadamente serio últimamente que vamos a necesitar tu toque más ligero. Así que, por favor, amigo. Piénsalo. Nos encantaría que te nos unieras”.

IV: Avisos
En la anterior entrega de esta columna comenté un partido memorable: el de Portugal – Inglaterra en la Euro 2004. Una corrección: en el tiempo regular, el marcador fue 1-1, no 2-2. Por curiosidad, me puse a revisar estadísticas y datos de aquel juego y me encontré con algo curioso: el entrenador de Inglaterra, ¿saben quién era? Sven Goran Eriksson. Su equipo perdió en penales.

Desde este sábado y hasta los Juegos Olímpicos, si otra cosa no sucede, estaremos compartiendo historias olímpicas cada fin de semana. Por supuesto, las crónicas vendrán acompañadas de videos: en el blog pueden revivir la hazaña de Moussambani: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx