Conciencia

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lunes, 23 de noviembre de 2009

Martes 17/nov/09: Me quiero enamorar (?)


I: Buenos días
La cosa se empezó a joder cuando los holandeses inventaron el Big Brother y tendieron el campo para la oleada de realities que transformaría la televisión mundial. El reality show como evento televisivo se ha convertido en el pan nuestro de cada día e incluso en una aparente obligación para cualquier cadena que se respete. Hay realities de todos los sabores y colores: del glamoroso Project Runway al vulgar Flavor of Love (que en México refritearon como En busca de la pareja de…). Los hay constructivos, resaltando valores como el trabajo en equipo y el ingenio (El conquistador del fin del mundo, o The Amazing Race), y los hay destructivos, enfocados a mostrar familias disfuncionales y a convertir la vida hogareña en un espectáculo denigrante, como The Osbournes o el extremo de los family reality: Jon and Kate plus 8. Acá en México, desafortunadamente, todo nos llega ya de tercera mano y las tropicalizaciones no siempre resultan afortunadas. Ahí tenemos lo que pasó este domingo en Televisa. Las palabras misteriosas de hoy son: telebasura, amor, paz.

II: “Amado, ven, asómate al principio del mundo”
Hubo un momento en que tanto Jordi Rosado como Andrea Legarreta estaban desencajados y fuera de sus cabales, habiendo perdido completamente las riendas del programa y haciendo agua por todos los frentes. El programa se llama Me quiero enamorar, pero resultó que en la emisión del domingo el último tema que se tocó fue el amor, y en cambio las agresiones y las bajezas campearon a todo lo largo del show, siendo éstas promovidas por la producción a través de ataques y provocaciones a un concursante en especial que, por lo que se vio, sacó a relucir su lado macho y violento, (aunque al final terminó siendo premiado).

No es lo mismo un reality como The surreal life a uno como Me quiero enamorar. En este último los productores y conductores se meten en los muy delicados terrenos de los sentimientos humanos profundos, y si no tienen la preparación para conducir un proceso de esa importancia (como resulta ser el caso de los televisos), el programa se les puede salir de control hasta perderse completamente el objetivo original. Este domingo la emisión del reality dominical exhibió las carencias que como empresa tiene Televisa para aventarse un paquetito de éstos y la falta de ética con que se manejan estas producciones. La violencia psicológica inducida por los conductores se salió de control a tal punto, que Susana Zabaleta (que parecería ser la de más dedos de frente, aunque en realidad es parte de la misma maquinaria) de plano dijo “Por favor, alto, nos están viendo niños, hablemos de otras cosas, por favor, hablemos de amor, cambiemos de actitud”. Fue como si le hablara al aire, pues a pesar de su propuesta de ir a comerciales y regresar con aires renovados, la producción continuó exhibidiendo videos y presentando testimonios tendientes a generar más enojo, más violencia y más encono. Cuando finalmente terminaron las tres horas de emisión el ambiente era lóbrego y los conductores se veían verdaderamente alterados.

En meses recientes se ha visto una tendencia muy marcada de Televisa por producir programas de televisión en los que el amor se anuncia como tema central, pero que en realidad ofrecen una versión muy retorcida e irreal de lo que son las relaciones amorosas, partiendo de la premisa de que “hay que luchar” por el amor, y que enamorarse es un concurso. Desde las varias versiones de Doce Corazones al ya citado (y deleznable) En busca de la pareja de, a su producto estrella, Me quiero enamorar, la televisora más poderosa de México propone un paradigma engañoso de lo que es el amor, y como queriendo y no, está convirtiéndose en una influencia importante para una generación de adolescentes que están aprendiendo que el amor y la violencia van de la mano, y que la competencia desleal, la traición, el engaño, la mentira y las revelaciones escandalosas son parte natural del proceso de cortejo.

Si como sociedad no estamos organizados para impedir que este modelo negativo y esos antivalores se sigan promoviendo por la televisión, tenemos al menos una opción: no prender la tele los domingos por la tarde-noche. En verdad, es una opción muy sana evitar la televisión en ese horario, y dedicar el tiempo a salir con la familia, a platicar, a compartir el cierre del fin de semana. A nivel formal, insisto, no tenemos para dónde hacernos: en nuestro país a la tele nadie la controla, y la autorregulación es inexistente; a nivel personal sí podemos hacer algo: no seguirles el juego.

Resultan reveladores varios versos de Griselda Álvarez en su hermosa Letanía Erótica para la Paz, y son perfectamente aplicables a la ocasión: “Alguien pregona la destrucción, alguien quiere tragarse la palabra humanidad, porque los cerebros fríos se están calentando con odio”. Pero sobre todo, vale quedarse con una reflexión importante de esta Letanía: “No podemos sentarnos y ver cómo crece la angustia donde antes crecía la hierba”.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

viernes, 29 de mayo de 2009

Jueves 28/may/09: La televisión y la comedia / El programa del góber




I: Buenos días
Cuando El Tigre Azcárraga dijo que él hacía “televisión para los jodidos”, ni se imaginaba que su heredero se la tomaría tan en serio. Menos, que su futuro competidor haría de esa frase la piedra angular de toda su producción, alimentando la jodidez con más jodidez, y poniéndola en horario estelar. Con la honrosa excepción de unas cuantas producciones, que se cuentan con los dedos de una mano —y sobran—, la oferta de la televisión nacional es muy pobre en cuanto a contenidos creativos, transmisión de conocimiento y cultura, y fomento de valores e ideas que redunden en el buen vivir del país. Poniendo el negocio por delante, las dos cadenas ofrecen programas insulsos, que entretienen sin demandar mucho cerebro del espectador, y con un muy bajo nivel en la producción, abaratando así el estándar de calidad, y desperdiciando tristemente valioso tiempo (de todos) que podría tener un uso más inteligente, más humano, más patriótico incluso. Las palabras misteriosas de hoy son: televisión, valores.

II: Llame y vote por la señorita, que no sabe cantar, pero mire nomás qué escote
Prendí la tele el domingo, anocheciendo. Las dos ofertas principales eran Hazme reir y serás millonario, por Televisa, y El gran desafío, por TvAzteca. En ninguno aguanté más de un bloque.

En algunas sociedades, el importante papel de la comedia se refleja a través de productos culturales o artísticos donde se aplica lo mejorcito que esa cultura ha desarrollado. En Inglaterra, por ejemplo, se transmitió por TV durante 10 años el programa Who’s line is it anyway?, donde un cuarteto de comediantes jugaban ágiles ejercicios de improvisación teatral cuyos temas eran sugeridos en gran parte por el público; se trataba de verdaderas demostraciones de habilidad, ingenio y creatividad, y eran divertidísimas y a menudo demandantes para el público. Humor inteligente, por decirlo en corto. El exitoso formato fue importado a Estados Unidos por Drew Carey, quien dirigió y produjo el programa por otras 8 temporadas.

En otras culturas, sin embargo, la comedia sirve para reforzar patrones sociales negativos. Una emisión de Hazme reir… es una exposición constante a ejemplos de discriminación, sexismo, violencia, burla, ridículo, actitudes prejuiciosas, y denigración de la individualidad (lo que no hace la gente por salir en TV), además de que es muy desigual la calidad artística de los que participan. El gran desafío no se queda muy atrás en la promoción de antivalores, solo que el formato es mucho más chafa, la producción más pobre y desorganizada. Encima, programas de este tipo, tan del gusto de las televisoras (“vamos a mezclar un famoso con un soñador”), denigran obscenamente el concepto de artista y de actividad artística.

III: Mientras tanto, en la ciudad de las palmeras… (“un saludo a doña Chonita…”)
Luego de intentar ver Hazme reir… y El gran desafío, le cambié un canal más arriba (al 11) y me encontré con una de las repeticiones del programa Valorarte, que conduce el gobernador Silverio Cavazos. Aunque al principio no pude evitar una sonrisa socarrona al ver que el programa trataba de “las mujeres líderes y exitosas” y que eran dos hombres los que estaban desmenuzando el tema, a fin de cuentas me quedé ahí. Un tanto sorprendido, tuve que aceptar que, a esa hora, lo mejor que la tele me podía ofrecer a mí, ser pensante y respetable, era un programa pueblerino, sin pretensiones, sin aspavientos ni brillitos, pero honesto a fin de cuentas. El programa del gobernador dista mucho de ser una maravilla de contenidos y producción, pero al menos sé que él y el ingeniero Melesio no me están tomando el pelo, ni vendiendo una crema que no necesito, ni queriendo convencerme de que vote por alguien, ni faltándole el respeto a mi inteligencia. Hay, en cambio, un esfuerzo honesto por llevar a la gente temas relacionados con el bienestar, y aunque a veces el nivel de discurso y de producción no sea muy elevado, los que están en ese programa, conduciendo o como invitados, tienen una intención positiva y traen algo qué aportar. Por eso, que no es poco, terminé mi domingo con ellos.

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miércoles, 29 de abril de 2009

Jueves 30/abr/09: Craig Ferguson / La influenza / Las dudas



I: Buenos días
Con todo, dentro de la tragedia hay humor. El comediante Craig Ferguson conductor de The late late show (12:35 am en CBS) decidió esta semana iniciar cada emisión de su programa con un breve monólogo en el que habla a través del títere de un cerdo que tose, estornuda, y se burla de los humanos: “¿Quién es el sucio ahora, eh?” pregunta el cerdito a los televidentes, y se da tiempo para canturrear You give me fever (Peggy Lee, ¿se acuerdan?). El irreverente cómico escocés incorporó de inmediato el tema de la todavía llamada influenza porcina a sus rutinas, con hilarantes resultados para, si bien no desdeñar la gravedad del asunto, sí restarle dramatismo y permitirnos un respiro, que buena falta hace ante el doble mensaje del bombardeo mediático. Acá en Colima no tenemos la fortuna de contar con comediantes tan buenos, pero se hace lo que se puede: el martes por la noche, entrevistado en TVColima, el secretario de Salud nos regaló unas perlas de humor autoprovocado, cuando respondió al cuestionamiento de un televidente sobre el ocultamiento de información, iniciando su arenga con un “Bueno, es que la palabra sospechoso no quiere decir que se sospeche de alguien”. Tuvo que hacer tales malabares verbales para justificar su incoherente afirmación, que al final no quedaba de otra más que aplaudirle y admirar su costal de mañas dialécticas para salir incólume de las aguas movedizas del ridículo. Las palabras misteriosas de hoy son: comedia, tragedia, dudas.

II: Alármala de tos
Entre más me informo, menos entiendo en esto de la epidemia. Antier, un titular del New York Times decía “Científicos batallan por explicar por qué solo en México ha habido muertes”. Como esa, hay otro montón de preguntas de las que no se ve respuesta clara. El manejo que las autoridades federales están haciendo del caso, y el clima de temor y de disolución social que se está fomentando con todas las medidas que siguen paralizando al país, hacen muy sospechoso todo el panorama. Cualquiera que tenga una vida medianamente activa por la red sabrá a qué me refiero, pues circulan por internet cadenas de información, desinformación, y contrainformación respecto a la enfermedad, con muchos cuestionamientos al gobierno mexicano y a empresas transnacionales que, según los rumorólogos, son los titiriteros de esta escena.

Ayer, cuando Marcelo Ebrard dijo que uno de los personajes que más están ayudando en la crisis es Craig Venter, sentí una punzada en el estómago. Lectores memoriosos recordarán que hablamos de Craig Venter hace tiempo, cuando en esta columna dimos cuenta de que su laboratorio había solicitado la patente del primer ser vivo creado en laboratorio.

Si hay alguien en el planeta con la capacidad y los medios para modificar un virus y crear uno nuevo, ése es Craig Venter, quien ha sido muy cuestionado por encabezar proyectos de piratería genética y de experimentación microbiológica que dejan mucho qué desear en cuanto a la ética implicada. Si lo buscan en un quiénesquién, las primeras credenciales de Venter son las de co-director del Proyecto Genoma Humano; pero si estudiamos con atención al personaje y sus actos, veremos que es más temible que el peor de los villanos Bond. Que él sea quien está “ayudando” para salir de la crisis resulta ya no sé si irónico o pavoroso.

III: A otra cosa: un respiro
He decidido, para las semanas que vienen, darme un respiro y ofrecérselos a los lectores, al menos los sábados, y no hablar de política ni cosas peores el fin de semana, sino pasar a alguno de esos temas prescindibles pero entretenidos e ilustrativos que de pronto agarramos en esta columna. En este caso, para estar acordes con la época, hablaremos del Everest y sus escaladores, dado que mayo es el mes en que más ascensiones se completan en la montaña más alta del mundo, y el coloso del Himalaya nos ofrece cantidad de historias ejemplares que nos dan mucho material para unas buenas piezas de periodismo de evasión. De modo que, aunque usted nunca haya subido ni el cerro de La Cumbre y sus intereses estén lejos del alpinismo de élite, le invito a que se deje transportar a la montaña que, entre Nepal y el Tibet, constituye el llamado “tercer polo” del mundo. El sábado.
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Martes 28/abr/09: La epidemia



I: Buenos días
He caminado en la pista del estadio de la UNAM cuando éste se encuentra casi vacío, y es impresionante. Uno puede gritarse con alguien más de tribuna a tribuna y entenderse: el coloso es una caja de resonancia gigante. En el partido disputado el domingo entre los Pumas y las Chivas pudimos apreciar ese fenómeno, cuando escuchábamos claritas las instrucciones del Tuca Ferreti, y vivíamos más en cortito el ambiente sonoro que producen los jugadores a nivel de cancha. Sin embargo, faltaba algo, y de qué manera: un partido sin público no es partido. Más tarde, los productores de Televisa tuvieron una idea que fue genial o tétrica, según se vea, para subsanar la falta de público en su programa estelar del domingo en la noche: en el estudio había siluetas de cartón representando humanos. De golpe, en México nos están lloviendo unas señales que ni Ray Bradbury había previsto en sus escenarios más distópicos. Las palabras misteriosas de hoy son: epidemia, sospechas, precauciones.

II: “Ni ha de ser cierto”
En estos días, con creciente sorpresa (y un tanto de desconcierto) he ido encontrando que varias personas cuya inteligencia respeto tienen serias dudas respecto a la veracidad de esta epidemia. El ambiente de sospechosismo (gracias, Creel) que día a día vivimos en México, aunado a peculiares señales que se combinan con la situación actual del país en cuanto a política, militarización, crisis económica y ambiente preelectoral, hacen que todo este asunto de la aparición de un nuevo virus sea visto por muchas personas como la versión moderna del chupacabras: una distracción para ocultar problemas mayores. La columna publicada el lunes por mi compañero de página Noé Guerra (“La influenza como política de terror”) da mucha luz en este sentido, y expone, con la claridad que lo caracteriza, las dudas que carcomen a no pocos mexicanos.

Admitiré que en algún momento compartí esta incertidumbre, y saqué mis propias cuentas sobre quiénes se beneficiarían de crear una patraña gigantesca como ésta (las compañías farmacéuticas, de entrada; el PAN, en segundo lugar, si logran “acabar” con la epidemia). Sin embargo, mi apreciación sobre el tema ha ido cambiando ya no con los días, sino con las horas. Las señales se están sucediendo tan vertiginosamente, que apenas tiene uno tiempo de ir adaptando el marco para interpretar la realidad.

En cosa de nada, el país inició un proceso de desaceleración en muchos ámbitos que nos está llevando a un alto que, al menos a mi generación, no le había tocado vivir, ni siquiera imaginar. Las clases, los cines, los conciertos, las obras de teatro, las misas… así en primera impresión tal vez no veamos todas las implicaciones, pero una vez que se asiente un poco la polvareda veremos cuánto estamos perdiendo, como sociedad, al someternos a esas medidas, que ahora parecen obligadas, por nuestro propio bien.

III: “Yo no creo en las brujas, pero de que vuelan, vuelan”
Hoy tocó a mi puerta Itzel, una amiga muy querida a la que tenía varios meses sin ver. Tenía media cara cubierta por un cubrebocas y traía en la mano otro que me venía a regalar. No nos abrazamos, ni nos besamos, ni nos tocamos siquiera, y me dijo “aunque no me pueda ver, le aseguro que debajo de esta tela estoy sonriendo del gusto de volverlo a ver” (con mis amigos más cercanos nos hablamos de usted). Era raro mirarnos y mantener nuestra distancia mientras nos deseábamos salud y brevemente nos poníamos al tanto de nuestras vidas. Ahí acabé de convencerme: por mucho que todo esto suene a montaje, sería irresponsable no tomar precauciones. De que habrá beneficiados de todo este caos, los habrá, y el gobierno seguramente sabrá canalizar muy bien, llegado el momento, lo que resulte de esta emergencia sanitaria. Por lo pronto, no pienso esperar a que comience la cuenta de muertos en Colima, o a que los fallecidos sean gente que conozco, para cuidarme.

Hay muchas preguntas en el aire, demasiadas cosas que no sabemos y que están ocultas en una niebla muy extraña. Sin embargo, amigos lectores, más vale prevenir ahora, y averiguar después. Todo indica que estamos enfrentando una situación inédita en la historia moderna de nuestro país, y eso no es algo menor. Vamos cuidándonos entre todos.

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domingo, 21 de setiembre de 2008

Jueves 18/sep08: El grito, las granadas, Michael Emerson y Lost



I: Buenos días
Hace un año, en el Grito, parecía que había sabotaje desde adentro, en la red nacional que se armó para la televisión. Después del “viva Josefa Ortiz de Domínguez” en el audio se les vino de rebote el efecto de reverb natural de la plaza que no pudieron quitar por el resto de la arenga. Luego, en el segundo “viva México” apareció a cuadro una señora con una banda en la que claramente se leía “López Obrador”, segundos más tarde, se vio a un grupo de personas frente a la cámara con fotos del Peje, que volvieron a aparecer dos veces en la pantalla, fugaces pero nítidas. Al final del himno, cuando Calderón deja el balcón, se oyó claramente en el audio “¡Obrador, Obrador, Obrador!”. Este año fueron mucho más cuidadosos con el aspecto técnico de la transmisión, y no se arriesgaron a dejar abierto el audio de la plaza, sino que pusieron aplausos y vivas grabados. Lo que se le patinó a Calderón fue que se olvidó de que su esposa estaba con él en el balcón, y cuando puso la bandera a un ladito (con el brazo malo, también) la tapó completita a la señora; por unos minutos, pareció que no había Margarita Zavala en el balcón de Palacio. Ella, ni modo, se aguantó, ni la plaza pudo ver, le tocó pura bandera. Las palabras misteriosas de hoy son: de gritos, de reglas.

II: Expresiones
El 24 de abril de este año se transmitió en el mundo de habla inglesa el noveno episodio de la cuarta temporada de Lost, la serie de drama/ciencia ficción producida por ABC. Aunque ese episodio fue uno de los menos vistos por el público, fue a la vez uno de los más alabados por la crítica, en particular por el giro que dio a la historia y por la actuación de Michael Emerson, en el papel de Ben. En este episodio, entre muchas otras cosas, se revela que los dos “malos” de la serie —Charles Widmore y Ben Linus—, que además son archirivales, no se pueden matar entre sí, por alguna oscura razón. Pueden perseguirse, mandarse golpear, hacerse transas y escurrirse, pero no se pueden matar entre ellos, ni a sus familias. Sin embargo, en el clímax del capítulo, centrado en el personaje que interpreta Michael Emerson, la hija de éste es ejecutada por mercenarios a sueldo de su rival, ante su incredulidad. Ben Linus se queda con los ojos desorbitados de la sorpresa, y va, en una escena de antología, del azoro a la ira, moviendo músculos clave en su cara muy lentamente para realizar una transformación total en close-up. Las únicas palabras que dice, antes de desaparecer por un pasaje camuflado, son “he changed the rules”, él cambió las reglas.

Fue tan impresionante la actuación de Emerson, que prácticamente toda la crítica señaló que con su desempeño en este episodio sellaba el camino al Emmy, (la ceremonia es el próximo 21 de septiembre, por cierto). En palabras de James Poniewozik, de Time (25/abr/08): “…lo cual nos lleva de regreso a Michael Emerson, quien apretó aún más el agarre mortal que ya tiene sobre el Emmy. Su expresión en esa toma larga de acercamiento después de la muerte de Alex, en que su cara va del impacto al dolor a la rabia, fue magistral”.

III: Mientras tanto, en el salón de la Justicia…
Estoy seguro, aunque no lo vi, de que hubo alguien que hizo una cara como la de Michael Emerson, que fue de la sorpresa total a la rabia, y casi puedo leer en su mente las mismas palabras: “me cambiaron las reglas”, en el momento en que un edecán se le acercó y le dijo al oído “señor, acaba de haber un atentado en Morelia, contra civiles”.

Cambiaron las reglas, de golpe, sin previo aviso. Si en verdad, como se ha dicho en las últimas declaraciones, la responsabilidad de las granadas de Morelia es del crimen organizado, la cosa dio un giro brutal así de la nada. Hasta hoy, había sido una guerra entre el narco y la autoridad (aunque en varios casos no se distingue bien a bien dónde acaba uno y comienza la otra), pero no habíamos tenido escenarios tipo ETA o Al-Qaeda, hasta la noche de este lunes. Si en verdad hay un cártel detrás de esto, se trata de una estrategia que, al menos para mi, resulta incomprensible. Hasta hoy, a pesar de las campañas mediáticas y del rechazo de la población hacia la violencia y el crimen organizado, los narcos se habían mantenido en un nicho importante en la cultura popular mexicana, a través del narcocorrido, la anécdota y la leyenda. Quiero decir, no es que la gente los apoye, pero los narcos tenían, hasta el lunes, una posición especial en el imaginario nacional, con íconos que van desde las Pacas de Kilo de los Tigres del Norte al adoratorio en Culiacán a San Jesús Malverde.

¿Por qué un atentado contra la población indefensa, entonces? ¿Qué gana cualquier cártel con eso? Al contrario, en la percepción popular, su imagen se va en picada, y se ganan una persecución más enconada. Podría interpretarse el atentado como una demostración de poder, sí, pero ¿a costa de qué? ¿Realmente será tan mala la estrategia del narco? Quien va a sacar raja a fin de cuentas es Calderón, que justifica así su política bélica y tiene ya excusa para demandar más recursos para comprar armamento y “fortalecer” los cuerpos de seguridad, si no es que va más allá y se nos viene una Patriot Act para reducir las garantías individuales en aras del antiterrorismo. Creo que la colombianización nos está empezando a venir un poco guanga. Ya vamos más allá.

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lunes, 3 de marzo de 2008

Sábado 1/mar/08: Encapuchados



I: Buenos días
Hace unos días, platicando sobre las noticias con alumno, le comenté que recién la noche anterior había reparado en que los noticieros televisivos ya están llenos de policías y soldados encapuchados. ¿Cuáles encapuchados?, me preguntó, pues, al igual que yo, de tanto ver las imágenes, había terminado por ignorarlas. Sin que nos diéramos cuenta, México se transformó completamente en los últimos dos años gracias a la “guerra contra el narco”. No sé en qué momento comenzamos a ignorar que las pantallas de televisión se llenaron de gente vestida de negro, fuertemente armada, actuando con prepotencia y amparados por el anonimato de la capucha y de la placa policial. Las palabras misteriosas de hoy son: militarización, guerras, sociedad.

II: Cambios
Vi la semana pasada en un noticiero de TvAzteca unas imágenes en las que un grupo de encapuchados golpean a un reportero que trataba de documentar un accidente de una patrulla policial con un civil. Además de golpear al reportero (de un periódico, si no mal recuerdo), empujan al camarógrafo que está captando las imágenes y a gritos lo obligan a bajar la cámara. Aprovechan que tienen el rostro cubierto para hacer gala de su fuerza y su prepotencia. Por eso es que para muchos mexicanos fue un alivio enterarnos de que finalmente no se aprobó la ley que permitiría a las fuerzas del orden ingresar a nuestros hogares sin una orden judicial, sino solo con la presunción de un delito. Definitivamente, México no está preparado para una medida de ese tipo (¿alguna sociedad lo está?).

Con el pretexto de la guerra contra el terrorismo, Bush se las ingenió para, en dos años, cambiar a Estados Unidos y al mundo, de pasada. Cada vez que me quitan una botella de agua antes de subir a un avión, o que me preguntan si cargo shampoo, o me obligan a quitarme los zapatos en un aeropuerto, me acuerdo de Bush (y de doña Bárbara Pierce Bush). Si damos unos cuantos pasos hacia atrás para ver la big picture, resulta increíble que el mundo haya cambiado tanto en tan poco tiempo.

La misma sensación tengo de México y de Calderón. Hace un par de años, cuando veía encapuchados armados pensaba en fundamentalistas alcaedianos dispuestos a decapitar a un secuestrado occidental, o en guerrilleros colombianos coludidos con el narco. Ahora, los encapuchados armados son parte de la cotidianeidad mexicana. Tan lo son, que ni nos damos cuenta de que están ahí y ya los aceptamos como parte de la realidad inevitable del país.

Desde que al ejército se le dio manga ancha para hacer y deshacer en las calles y carreteras del país, ha habido infinidad de quejas por abuso de autoridad. Gente que muere baleada por no quererse detener en un retén, golpeados, vejados, vamos, hasta una anciana violada grupalmente por un grupo de militares, aunque después la versión oficial dijo que murió de tuberculosis o de cualquier cosa, menos de las lesiones provocadas por los perversos uniformados. En este ambiente, ¿cómo nos vamos a sentir seguros si a las fuerzas del orden les dan permiso para también meterse a nuestras casas y hacer lo que les dé la gana?

Celebro este triunfo pírrico de la sociedad. Que ni siquiera es triunfo y ni siquiera debería estar celebrando. La seguridad puertas adentro de nuestras casas debería ser una garantía, no una prerrogativa. Desgraciadamente, ya estamos más allá de los derechos humanos, de las garantías individuales y de las condiciones mínimas para una sociedad civilizada con un gobierno ídem. Ya la cosa va cuesta abajo desde hace rato, y aunque hace décadas se ha venido demostrando que ése no es el camino para lidiar con el problema del narco, por el momento a las autoridades les sienta perfectamente el pretexto para mantener a un país en estado de sitio y a los ciudadanos cada vez más controlados y vigilados. No es que al gobierno o a las autoridades policiales les interese acabar con el tráfico de drogas, pues cada semana sabemos de un nuevo comandante o excomandante ligado con los carteles que asolan algunas regiones del país, y se ve hasta dónde hay colusión entre ambos bandos. No va por ahí la cosa, como tampoco Bush tiene interés en acabar con los terroristas.

Fox quiso acentuar sus similitudes con Bush a través de botas, ranchos y caballos. Calderón ha marcado su distancia con el mandatario norteamericano y hasta ha sido crítico con los EU (porque sabe que Bush va de salida), pero es él quien más ha seguido la imagen y semejanza de su vecino del norte, usando la violencia y pugnando por la disminución del alcance de los derechos humanos. En esas manos estamos.

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