Conciencia

martes, 22 de septiembre de 2009

Martes 15/sep/09: El Premio Estatal de la Juventud



I: Buenos días
Hace diez años mi papá llegó a la casa con un periódico doblado en una página en particular y me lo enseñó: se trataba de la convocatoria para el Premio Estatal de la Juventud, que se entregaría por primera vez en la entidad. De entre las seis categorías en que se otorgaba el premio, había una en la que, pensamos, yo tenía posibilidades de ganar: Actividades Artísticas. Junté mis recortes de prensa, fotocopié mis diplomas, pedí algunas constancias, reuní algunas fotos, y armé la carpeta que contaba una historia tan prolífica de trabajo en las artes que, según yo, el jurado se vería prácticamente obligado a darme el Premio Estatal de la Juventud. La palabra misteriosa de hoy es: discurso.

II: Y entonces
Tras un par de meses de espera, llegó la noticia: que no, no ganaste el premio, pero mira, aquí te mandan este bonito diploma de consolación, gracias por participar. Con no pocos esfuerzos, convertí la decepción en tenacidad, y al año siguiente volví a presentar mi candidatura, esta vez, según yo, mucho más sustentada y con más méritos. Y otra vez, no gané. Así que al año siguiente me volví a presentar, y recibí un diploma de mención honorífica, pero del premio, nada.

De este modo, se convirtió en una tradición anual para mi que, llegado el verano, armaba mi carpeta y presentaba mi candidatura al Premio. Finalmente, en el 2005, recibí la llamada telefónica que llevaba 6 años esperando: esa en la que me decían “felicidades, ganaste”. Obtuve ese año el Premio Estatal de la Juventud en el área de actividades escénicas, por mi trabajo en teatro como actor, productor y traductor.

Sin embargo, seguí presentando mi candidatura año con año en otras dos categorías: Música y Literatura, que son en realidad las razones de que yo entrara al mundo de las artes, y que son a través de las que más me he expresado a lo largo de mi vida. Mis padres me enseñaron a leer y a escribir cuando yo tenía 3 años. Por ahí de los cinco empecé a subirme a los escenarios a cantar, tocar el teclado y la guitarra: festival escolar, día de la madre, niños vestidos de charros con pistolitas de plástico, niñas con moños tricolores, maestras organizando a sus contingentes, señoras sonrientes degustando la gelatina de frutas, niño peinadito produciendo las notas del Himno a la Alegría en un teclado casi de juguete; ése último era yo.

La música, con los años, me llevaría a viajar; y el conocimiento de las palabras y las formas de acomodarlas con cierto orden y estilo me llevaron a la descripción y la narración de las historias encontradas a lo largo de los viajes. Como en la música, encontré a través de las letras una manera de llevar más allá la capacidad de lenguaje que por beneficio evolutivo tenemos, y reafirmé que mi camino era por la senda de las artes.

III: Y hoy
Dice la escritora Ethel Krauze que escribir en una prerrogativa humana, y como tal lo he considerado a lo largo de mi vida. Escribir a mano en un papel, a máquina, en el teclado de una computadora, en un teléfono, en la arena del mar, en la pierna de mi pareja, en una pila de agua refrescante, ha sido un acto que me acompaña y que considero uno de los más valiosos que realizo día con día. Escribir para un público que sospecho que está ahí (aunque nunca sé cuán numeroso es y siempre temo lo peor) se ha convertido un acto sagrado de cada mañana, y cada tarde, y cada noche, y en la actividad que más concentración, seriedad y dedicación requiere de mí día con día.

Recibir hoy un premio por escribir es, pues, un honor que disfruto muchísimo y que me llena de emoción. Recibir por segunda vez este galardón que he perseguido asiduamente desde su creación, hace diez años, añade gusto a la ocasión. Tengo hoy la oportunidad de compartir esta historia con ustedes (y aprovecho mi tiempo de reflectores, como buen hombre de teatro), pero además de hacerlo a título personal, lo hago también a nombre de mis 17 compañeros y compañeras que reciben hoy el PEJ, porque en cada uno de los premiados de esta noche hay también historias de festivales escolares, concursos ganados, proyectos completados, y, sobre todo, de apoyo de familia y maestros, compañeros y amigos que nos han formado y nos han traído hasta este momento.

(Fragmentos del discurso que pronuncié anoche al recibir el Premio Estatal de la Juventud, en Literatura).

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