Conciencia

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lunes, 30 de noviembre de 2009

El vuelo del colibrí: Más pequeños que el Guggenheim


Cuando Alejandro Ricaño estrenó Más pequeños que el Guggenheim en la pasada Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia (15-18 de julio, Querétaro), la recepción por parte del público fue exultante. Aún teniendo una mayoría de teatreros y críticos conformando el respetable, la gente aplaudió como a ninguna otra obra en aquel evento, y los comentarios posteriores a los actores y al dramaturgo/director dejaron constancia de que el estreno había sido un éxito. Hubo, claro, los inevitables cuestionamientos y algunas observaciones (sobre todo respecto a la existencia de un falso final y lo que parecía un epílogo innecesario), pero en general, salieron muy bien librados, cosa que no pudieron decir otros directores y dramaturgos asistentes a esa Muestra.

En esta Muestra hubo lo que se anunció como un taller sobre Hacer crítica en los estados —y que terminó siendo una exhibición de intelectos y egos— en el que los sesudos expositores señalaron que una de las grandes carencias de la dramaturgia mexicana eran los textos que incorporaran teorías y modelos pertenecientes al campo de la ciencia —en particular la Teoría de la Complejidad— y que, en líneas generales, fueran más allá de la comodidad de la escritura simple y directa para explorar otras maneras de contar las historias, jugando a una metatextualidad que trascendiera lo posmoderno (whatever that means). En aquel entonces pensé —y lo sigo pensando—, que Más pequeños que el Guggenheim es una buena respuesta a esa demanda de los analistas de la dramaturgia, porque incurre en valientes piruetas matemáticas sin perder el piso y, a la vez, sin convertirse en algo inexpugnable para el público. En otras palabras, puede satisfacer tanto al que busca complejidad en el texto desde su parnaso retórico-analítico, como al que va al teatro a simplemente pasar un buen rato y divertirse.

El pasado 23 de octubre, Más pequeños que el Guggenheim se presentó en Colima, como última obra de teatro del Festival Alfonso Michel, a invitación de la Secretaría de Cultura (y tras insistentes cabildeos del que esto escribe). Ante un Teatro Hidalgo casi lleno (cabe señalar que en Colima todas las obras presentadas en el Hidalgo son gratuitas, por directiva gubernamental), con algunos minutos de retraso —Ricaño andaba consiguiendo las ramas del árbol—, se abrió el telón para dar paso a lo que fue una de las funciones más exitosas de este año con el público colimense, que cada vez ve más teatro y se va volviendo más demandante (aunque, afortunadamente —creo—, no cae en la obsesión del elevadísimo análisis que le impida gozar un montaje; gracias a Dios no tenemos ese nivel).

El texto de esta obra tiene varios grados de lectura, según uno le quiera (o le pueda) entrar. En una primera instancia está el chistorete fácil, promovido desde que, al inicio, salen los cuatro personajes haciendo un baile que en realidad nada aporta a la obra (y que no es necesario, porque ésta se sostiene sola). En este primer nivel la obra es disfrutable, se carcajea uno, y no se demanda mayor esfuerzo del espectador. Enseguida hay otro nivel de humor más elaborado: haciendo uso del recurso de la reincorporación (y luego de la recursión: la función matemática que se usa a sí misma para definirse), el autor disemina imágenes, chistes, referencias y hasta mentadas de madre que luego son retomadas, varias escenas más adelante, demandando un poco más de esfuerzo por parte del público para hacer la conexión con lo que está trayendo a colación nuevamente. Con la reincorporación constante de referencias, se logra también que el público se mantenga atento a la obra (que es algo larga, dicho sea de paso), pues después del segundo guiño, uno se da cuenta de que nada de lo que se dice es gratuito, sino que todos los detalles cuentan para el desarrollo de la historia.

Un siguiente nivel, más allá de lo que se dice sobre la escena, es el de la anécdota que retrata la situación de los artistas mexicanos, así como esa vieja tara cultural de que si uno se dedica al arte, tarde o temprano “hay que ir a Europa”: ahí nos vemos retratados los artistas que en su momento hemos caído o finteado en esa tentación heredada; en este nivel de entendimiento se hace referencia, como no queriendo, al trauma histórico del pueblo conquistado.

Todavía más allá hay otro nivel, trascendiendo por mucho lo textual, en el que Más pequeños…no es para nada una comedia, sino una obra que habla de asuntos terribles temperados con carcajadas que nos permiten sentirnos cómodos, pero que en el fondo no tienen nada de risible: la vida del Albino y su dramática historia familiar, la frustración del egresado de la escuela de teatro que termina trabajando en Walmart (y toda la cola que esto conlleva en el aspecto sociológico), la incomunicación y alienación de una pareja infeliz (al grado que el esposo decide robarle el auto), la tremebunda ignorancia —e inocencia— de los padres que deciden ponerle Jamblet a su hijo, la impotencia de ver morir a una hija adoptiva y la imposibilidad de formar una familia después de tres abortos, y la doble vida de un gay de closet suicida que disfraza su sensibilidad con un machismo acendrado que a la primera se derrite. No hay (no debería haber) qué mueva a la risa en las historias sórdidas que, en este nivel profundo, hacen de Más pequeños… una obra que no tiene nada de complaciente, pero que está inteligentemente revestida de humor, y que permite que uno mismo decida su nivel de abandono y de implicación.

El dramaturgo quebequense Pascal Brullemans dice que él escribe obras para que, después de salir del teatro, la gente se vaya a tomar una cerveza y siga pensando “Carajo, ¿qué es lo que acabo de ver? ¿Qué me provoca en realidad esta obra?”. Con Más pequeños... pasa eso, uno sale al inicio con la sonrisa llenándole la cara, pero minutos después comienza la reflexión (tanto en el sentido de introspección como en el de verse uno reflejado en el otro), y termina dándose cuenta de que le dieron un gato muy bien disfrazado de liebre, y de que más allá de la cara que duele de tanto reir, hay una tristeza profunda por todas las cosas que, como sociedad, hemos construido alrededor del arte y los artistas (además, claro, de las muy particulares historias personales que se desgranan en este texto).

En el aspecto técnico y práctico, en la función que vimos en Colima hubo un error constante que también se vio en Querétaro, en el estreno: no hay timing para permitir la risa del público: los actores encimaban sus textos, haciendo que en ocasiones uno se perdiera diálogos enteros, pues no calculaban esa pausa que, en la comedia, es tan importante. Fuera de eso (y del bailecito ya mencionado), la obra no tiene patas cojas qué señalar. Seguramente tendrá una acogida interesante en la Muestra Nacional, y será una digna representante de México cuando se presente en España.

Dice Alejandro Ricaño que escribió esta obra específicamente para los cuatro actores que la representan, y eso es evidente sobre el escenario: el casting es inmejorable. Sin embargo, más allá de las actuaciones, y de recursos luminarios, utileros, musicales y espaciales usados con mucho tino, lo que trasciende de Más pequeños que el Guggenheim es la dramaturgia inteligente, usando recursión y reincorporación como si en vez de un texto teatral se tratara de una fórmula matemática, pero sin olvidar que hay un público enfrente que no viene a que le planteen un crucigrama indescifrable. Ojalá que esta obra marque nuevos derroteros a los que escriben teatro en México, y les haga ver que se puede hacer dramaturgia de gran calidad literaria sin tener que convertirla en algo intrincado y elitista.

martes, 20 de octubre de 2009

Martes 20/oct/09: Jesucristo Gómez, según Silverio Palacios y Jaime Velasco

Nota preliminar: Por alguna razón, al corrector del Ecos de la Costa, donde apareció esta columna en versión impresa, le dio por meterle mano a mi texto y "corregir" varias cosas, resultando en oraciones sin sentido y varios cambios de cierta significación. Esta que se presenta aquí es la versión original de la Columna Lítica, sin las modificaciones sufridas por la iniciativa de algún bien intencionado (pero oficioso e innecesario) corrector de periódico.




I: Buenos días
Hace algunos 11 años, un grupo de estudiantes abordamos a don Girolamo Prigione para preguntarle su opinión sobre la Teología de la Liberación. Don Girolamo perdió la compostura y francamente se encabronó. Dijo “¡No sé de qué me hablan, esa cosa no existe, no sé de qué me están hablando, no hay ninguna Teología de la Liberación, no, no, no sé de qué me hablan, no!”. A esas alturas yo ya sabía de Camilo Torres, había leído a Leonardo Boff, y podía recitar de memoria algunos salmos de Ernesto Cardenal, así que la virulenta reacción del Nuncio Apostólico solo hizo crecer mi admiración por esos hombres que se habían atrevido a asegurar que para lograr la salvación del alma primero habían de procurarse las condiciones sociales, económicas e ideológicas que permitieran en el creyente una vida digna y alejada de las injusticias que en ese entonces (y ahora más) plagaban Latinoamérica. Este domingo en el teatro me acordé un poco de esto. Un poco. Las palabras misteriosas de hoy son: teatro, teología, ausencias.

II: “Se lo llevó una tal Asunción (sic por Ascensión)”
Con un lleno total (incluyendo mucha gente de pie) se llevó a cabo este domingo la segunda representación de Jesucristo Gómez 2009 d.C., obra dirigida por Silverio Palacios y Jaime Velasco, en el foro trashumante que lleva el nombre de éste último. Lo que al inicio arrancó promisoriamente (sobre todo para los que estamos familiarizados con El Evangelio de Lucas Gavilán, novela de Leñero en la que la obra se basa muy libremente), poco a poco se fue convirtiendo una batalla lenta por terminar una obra que se hizo larga, pesada, y, por momentos, absurda, aunque parece que más por error que por intención. Tuvo sus destellos y méritos, eso que ni qué, pero en general, nos quedó debiendo mucho, sobre todo en la parte de adaptación del texto a la escena.

Como todos conocemos (algunos más que otros) el Evangelio de San Lucas, había cosas que se podían obviar a la hora de contar la historia; sin embargo, las que se dieron por sentadas en este montaje fueron algunas partes clave, y a fuerza de ausencias, se fue construyendo un Jesucristo Gómez hueco, sin un trabajo apostólico o social claro, con actividades erráticas y poco contundentes y realizando apenas tres o cuatro “milagros” mediocremente resueltos en el escenario. Encima, al adaptar la obra se soslayaron algunas frases que le hubieran dado mucho peso a los personajes y sus circunstancias, como cuando Jesús elige a sus primeros apóstoles y le indica a Pedro “desde hoy, vas a pepenar hombres”, frase ausente en el montaje, pero definitoria en la obra de Leñero.

La obra tiene potencial, y en algun@s de l@s actores es evidente la calidad: resaltó el trabajo de Iván Quiroz como músico ciego (paradójicamente) conductor de la historia y como judicial, y hay momentos brillantes, como la escena del programa insulso de televisión, que refleja muy fielmente el panorama mediático actual, y que, junto con varias otras referencias (como la mención a Juanito) le dan solidez al espacio-tiempo en que se desarrolla la historia. Sin embargo, en general Jesucristo Gómez se percibe como un montaje que no estaba listo para ser sacado al público, que tampoco estaba ensayado para ese espacio (había escenas cuya preparación tardaba el doble que la escena en sí) y con muchas esquinas toscas, tanto en las actuaciones como en la producción (el programa de mano tenía información errónea – ni Coty, ni Paulina, ni Dinorah hacen el papel de José Gómez, por ejemplo). Da la impresión de que, como luego a todos los teatreros nos ha ocurrido alguna vez, la fecha del estreno los alcanzó, y hubo que sacar la obra así, como estuviera.

Un momento que dejó al público francamente desconcertado fue cuando, en los preparativos para la Última Cena, llega una compungida María Magdalena a avisar de la muerte del Maestro, ante el pavor (“en la madre”, se les veía pintadito en la cara) de los actores, pues momentos después el Maestro aparece sano y salvo, y reparte pozole y Estrellitas como si nada, para ser asesinado nuevamente rato después por unos improbables judiciales en el monte. Si la doble muerte de Jesucristo Gómez era planeada, el guiño al surrealismo —o al absurdo— les salió muy mal; si no lo fue, el increíble error les salió muy bien. Hay cosas meritorias, como reunir a personajes de la vida política y cultural de Colima para actuar en los videos, y como el echar a andar una nueva y numerosa compañía de teatro para la entidad, que no es cosa menor, pero por el momento, esta obra se quedó muy corta respecto a las expectativas que se tenían, dada la reconocida calidad, como actores, de los directores.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

domingo, 19 de julio de 2009

Sábado 18/jul/09: La Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia (I)


I: Buenos días

Vine a Querétaro por primera vez hace algunos 12 años. En aquel entonces, la llegada a esta ciudad de iglesias y fuentes formó parte de un viaje que hice acompañado del Mimo Karaz (¿se acuerdan de él? Hacía su espectáculo callejero afuera de Catedral los domingos): agarramos las guitarras y nos lanzamos a una aventura que nos llevó a recorrer varias ciudades y pueblos de Michoacán y Guanajuato, tocando en plazas y mercados para comer, durmiendo en centrales de autobuses o donde se pudiera. Terminé ese viaje muy zarandeado, pero con el descubrimiento de que la música me podía llevar a donde me lo propusiera. Esta vez es nuevamente el arte lo que me trae a Querétaro, aunque en circunstancias muy distintas. Las palabras misteriosas de hoy son: teatro, encuentros.


III: El blog deja

Hace un par de años, recibí por correo electrónico una invitación inesperada: se iba a publicar el Anuario de Teatro en los Estados, y la editora me pedía que escribiera un ensayo sobre la actividad escénica en Colima durante el 2007. Esa propuesta me abriría luego otras puertas: al año siguiente escribí otro ensayo para el Anuario 2008, y hace unos meses recibí otra invitación: los organizadores de la Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia habían decidido que en la edición 2009 del evento se invitaría a críticos de teatro del interior de la República, yo entre ellos.


Así vine a dar de nuevo a Querétaro, participando en un encuentro con dramaturgos, actores, directores y críticos de varios puntos del país, reunidos para ver obras, analizarlas, presentar libros, tomar talleres, y compartir experiencias.


II: Como dijo aquél, “¿seré yo, señor?”

Hasta el momento hemos tenido tres obras tres, que nos han dejado sabores de boca particulares cada una. La Muestra abrió el miércoles con Job, del hidalguense Enrique Olmos de Ita, que recrea en el México contemporáneo la historia bíblica del hombre abnegado que sufre los castigos que Dios le impone, solo que en esta ocasión se trata de un profesor universitario quien, además de perder su casa en un incendio, sufre un secuestro -por error- y pasa por una serie de vejaciones y desgracias que ponen a prueba su fe y su integridad. Con una propuesta intimista (el espacio se adaptó para 50 espectadores, a un brazo de distancia de la acción), Job marcó una muy buena apertura y estableció una prometedora pauta para el encuentro, que desafortunadamente cayó estrepitosamente con el desbarrancamiento que representó, al día siguiente, la lectura dramatizada de Alaska, del defeño Gibrán Portela.


“¿Seré yo, o esto es verdaderamente malo?”, me pregunté a los diez minutos de iniciada la función: el ritmo era pastoso, los actores poco convincentes, el espacio y la iluminació rígidos y sin mucha creatividad. Una hora después, veía con desesperación cómo las páginas del texto seguían girando con una lentitud de oruga, y media hora después de eso, el aplauso que se desgranó fue más de agradecimiento por haber llegado al final que de apreciación por el trabajo sobre la escena.


En gran contraste, Más pequeños que el Guggenheim, del jalapeño Alejandro Ricaño, me reconcilió con el gusto de ir al teatro, y me llevó de la carcajada reconfortante a las lágrimas de conmoción. Dos amigos vuelven después de haber fallado en su búsqueda de fortuna por las Europas, y tras diez años de no verse, se reencuentran para hacer una obra de teatro para la que contratan a dos no actores: el inculto cajero de un Oxxo y un albino que no tiene a nadie en el mundo. No solo se trata de un humor muy inteligente, sino que, haciendo gala del uso de la recursividad, se trata de una obra sobre una obra con situaciones en las que muchos nos vimos reflejados, y lleva al espectador a columpiarse en unos juegos de trapecio mentales que no solo son digeribles, sino hilarantes y, en última instancia, muy conmovedores. Al final de la obra hablé con el autor-director y le rogué que consideren llevar la obra a Colima, le dije de un festival que tenemos en octubre y que por favor mande su carpeta para que lo consideren a la hora de la selección. Dijo que órale. Ojalá.


Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com.

domingo, 19 de octubre de 2008

Sábado 18/oct/08: Ganas de vivir.


I: Buenos días
Llegaron a Colima precedid@s de una buena reputación y de críticas positivas, publicadas por las instancias más autorizadas del mundo cultural de Québec. Para Fabienne Cabado, del semanario Voir, “Concebida en forma de cuadros, la obra habla de diferentes rostros que toma la muerte, y de la prueba del luto para cada uno de los intérpretes. Los textos, en francés, en español, o en “frañol”, ponen en contexto ciertos elementos, traduciendo la aventura no siempre evidente de la comunicación intercultural”. François Dufort, de la revista Dfdanse, hacía la advertencia, muy pertinente para una cultura donde la muerte es un asunto que no se toca: “No teman, Lombardo no ha abordado su tema de manera pesada o dramática. Es más bien a la inversa (…) Ganas de vivir es, de hecho, muy festiva y lúdica. Todo aquello que es susceptible de ser dramático en la muerte es desdramatizado. Uf… las diferencias de aproximación a la muerte en las dos culturas quedan bien demostradas. La obra dejará al espectador de aquí con un solo remordimiento: es, en efecto, una pena que nuestro cristianismo local no haya tenido también mestizaje con las tradiciones de origen precolombino…”. Y, claro, también hubo los críticos que no entendieron mayor cosa sobre la raíz mexicana, aunque el espectáculo les hubiera gustado. Tal fue el caso de Sylvain Verstricht (de Indyish.com), para quien la Muerte (una Catrina mexicana) era “digna de una película de Tim Burton”, y el zapateado folclórico de una bailarina sobre un cajón de muerto era “tap tancing”. Con todo, Ganas de vivir, la coproducción de la Compañía de Danza y Arte Escénico de Colima, y la Compañía Les Soeurs Schmutt, llegó a Colima con las mejores credenciales, y no defraudaron. Las palabras misteriosas de hoy son: danza, teatro, vida y muerte.

II: Enterrar a los muertos
Dice Élodie Lombardo, la directora de Ganas de vivir, que “en Norteamérica y en Europa no hablamos sobre nuestros muertos, porque no sabemos qué hacer con ellos. El tema de la muerte está, precisamente, enterrado, no se habla de eso”. Por eso, el encontrarse en México con que celebramos a la muerte y recordamos a nuestros muertos con música, comida y bebida, fue un shock cultural que la atrapó y la fascinó. La muerte, decidió, sería el tema de su siguiente espectáculo.

Habiendo ya estado en Colima con Blouskaille Olouèze, hace tres años, las Hermanas Schmutt hicieron contacto con bailarines locales, con los que empezó el sueño de un proyecto conjunto. Éste se llevaría un par de años de planeación, gestión y pre-producción, y culminaría con una serie de ires y venires de bailarines de Québec a Colima, y viceversa, siendo la última tirada en este verano, cuando Susana Barrera, Cristóbal Barreto y Georgina Navarro viajaron a Montréal para unirse sobre la escena a Luc Al tadill, Frédéric Gagnon, Jean-François Légaré, Myriam Tremblay y Séverine Lombardo en el espectáculo que estrenaron en una sala del Monument National, en el marco del festival Danse-Cité. Ocho funciones después, la cita sería en Colima, en el marco del Festival Alfonso Michel, donde Ganas de vivir convocó a dos noches de sala completamente llena en el Teatro Hidalgo el fin de semana pasado.

Ganas de vivir atrapa desde que el telón se abre, y los intérpretes aparecen en la escena jugando con lo que después se revela como urna de cenizas, temiéndole primero, aceptándola después, y convirtiéndose luego en motivo de un momento embarazoso que da buena cuenta de los modales y la actitud quebequense ante el tema de la muerte: nadie habla, nadie ve, nadie recuerda, nadie lo toca. A partir de ahí, el espectáculo se divide en viñetas independientes en el que cada uno de los intérpretes muere y renace, donde se teme y se goza a la muerte, pero donde, sobre todo, se exuda vida, y las ganas de ésta.

La relación de lo que se ve en la escena con la vida real de los intérpretes es algo que le da a Ganas de vivir un toque muy claro de autenticidad: cuando Séverine y Susana hablan sobre sus cicatrices, uno puede sentir que están hablando de sus vidas, no repitiendo un texto teatral. Cuando Cristóbal y Georgina hacen un dueto, se puede ver que la identificación personal de los intérpretes va mucho más allá de la intimidad de un escenario: su relación de pareja en la vida real no los deja mentir bajo los reflectores del teatro. Miriam y Jean François son uno con el baile, son el aire que se mueve: el verlos representar sus muertes danzando nos da cuenta de cuánta vida han dedicado ellos a la danza. Detrás de Luc el bailarín, asoma Luc el músico que corre tras unas tinas que se mueven y que se convierten en su batería viviente. Frederic, en el papel de la Muerte, es quizá quien se lleva el espectáculo, a pesar de ser el que —aparentemente— menos se mueve: la Muerte no corre, no hace pasos espectaculares, no salta y gira en el aire; en su elegancia altiva, la Muerte se desenvuelve con una energía contenida que se desborda en la sonrisa eterna, en el gesto de donna todopoderosa, en el juego de la pelvis, los hombros y los brazos. La escena final, de manera impactante, da la razón de su personaje: al desnudarse de su traje vaporoso y su sombrero de ala ancha, descubrimos que el bailarín lleva puesta una férula en la pierna izquierda, y Fred abandona al personaje para mostrarse con una humildad poco común sobre un escenario: es el hombre auténtico, solo frente al público, frente al mundo.

Solo hay una sola queja de Ganas de vivir: dos funciones son demasiado poco. Tienen que volver a Colima. Esto no se puede quedar así. Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

sábado, 27 de setiembre de 2008

Martes 23/sep/08: Rent versión Colima



I: Buenos días
Cuando abrí el programa de mano y vi que las primeras dos palabras de la sinopsis estaban escritas con faltas de ortografía, me dio mala espina. Sin embargo, respiré profundo y decidí no empezar con prejuicios. Rent, en versión colimense, bajo la dirección de Héctor Castañeda Arceo, era mi intento de reconciliación con el teatro musical, así que había que ponerle filosofía. La palabra misteriosa de hoy es: Rent.

II: Viva la vie bohème
Sé que decir esto es un sacrilegio, pero a mí no me gustó la dramaturgia, el texto en sí. Hablar mal de Rent es tan osado como si hablara mal de Jesuschrist Superstar o de Hair, pero, sinceramente, me pareció una aproximación ya tardía y un tanto agotada al tema del SIDA, que ya había sido ampliamente y mejor tratado (Angels in America es una obra maestra al respecto, por ejemplo), y un discurso trasnochado sobre la vida bohemia, con un mensaje que no parece muy propositivo: dice el texto que “lo opuesto a la guerra no es la paz, sino la creación”, sin embargo, los personajes (con excepción de Maureen, muy bien interpretada por Mónica Guzmán) no se ven tan creativos ni proactivos que digamos: Roger tarda un año para hacer UNA canción. Esa idea de que viva la bohemia y viva la pobreza estaba muy bien para Puccini, pero a estas alturas es un idealismo superado. El final es soso y flojo, muy happy end gringo. En fin, pero eso el texto.

El trabajo de la compañía que lo presentó es otro boleto. A pesar de ser una obra laaarga como la cuaresma (dice mi mujer, “larga como puteada de tartamudo”), el desempeño sobre el escenario es muy bueno, y se nota que l@s intérpretes se prepararon a conciencia en el aspecto técnico: los arreglos de las voces son casi impecables y tienen momentos soberbios (como en Tiempos de amor, al inicio del segundo acto); César Kiroz hizo un excelente trabajo, tanto sobre la escena como fuera de ella, en el trabajo vocal. La dinámica sobre el escenario es coherente y creativa, y las actuaciones están firmes y bien conducidas, sobresaliendo labores como la de Héctor Montes de Oca, en un arriesgado papel del travesti Ángel, que interpretó con aplomo y gracia. Adelina Velázquez, en el rol de Joanne, canta, baila y actúa con la soltura que le dan sus años en el negocio: desde la adolescencia ha hecho teatro, con directores como Rubén Martínez, Augusto Albanez, y, ahora, con CincoMedios. Rosario Gómez le pone la sensualidad y el poder justos a Mimi, y en general los 8 protagonistas, y los 7 de apoyo (más dos payasos colados, muy buenos pero un tanto metidos con calzador) hacen un trabajo de profesionales bien plantados sobre la escena. Por otra parte, detalles muy pequeños dan idea sobre la preparación y los recursos de este grupo: en Tiempos de amor el micrófono de Karina Castañeda (en el papel de la terapeuta) falló en un momento crucial, y Armando Huerta resolvió de inmediato pasándole su micro con naturalidad para que ella siguiera cantando, como si nada. Es una cosa mínima, pero ahí es donde se ve el trabajo de esos nueve meses de la mano del director, en la solución de los detalles inesperados.

Hacer la música en vivo fue un riesgo que se solventó a medias. Aunque aparece en los créditos como director musical, era evidente que el bajista Guillermo Campa no se sabía la mitad de las canciones, y se la pasó dando notas en falso y mirando el diapasón de la guitarra frente a él, tratando de dilucidar los acordes sobre la marcha. Eso se puede hacer en el jamming en un bar, pero no sobre un escenario de teatro. En contraparte, la tecladista Fernanda Aguilar sostuvo la obra enterita con su excelente trabajo: en vez de confiarse en la memoria y la vibra, como su compañero bajista, siguió fielmente las partituras, con finos resultados. El mérito de la música de esta obra es de ella, de punta a punta.

En general, Rent fue una obra bien dirigida, donde se vio el compromiso y la dedicación a un proyecto, además del talento bien encausado, y la experiencia del director, que en su primera aventura musical se lanzó con todo. Me parece que se podrían haber eliminado varias escenas para restarle media hora al espectáculo, sin perjuicio de la historia, y eso la hubiera hecho más digerible, aunque no sé si era eso posible, por razones legales. Finalmente, no puedo decir que me reconcilié con el género, pero sí iría a ver el siguiente musical de Héctor Castañeda: hay calidad y talento.

III: Allende las fronteras
Mañana por la noche un trío de colimenses ofrecerá la primera función de una temporada en el Monument National de Montréal, con Ganas de vivir, una coproducción de la Compañía de Danza y Arte Escénico de Colima y la compañía montrealesa Les Soeurs Schmutt, espectáculo del que hablaremos en detalle el jueves. Mañana, pues, Cristóbal Barreto, Georgina Navarro y Susana Barrera combinan su talento con el de l@s artistas quebequenses para este espectáculo de danza-teatro. Merde à vous, mes amis, je vous embrasse.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

miércoles, 3 de setiembre de 2008

Martes 2/sep/08: Teatro: Canek




I: Buenos días
No recuerdo cuándo aprendí a leer. Sé que fue obra de mis padres, mucho antes de que fuera a dar a una escuela, pero recuerdo muy bien a los protagonistas de mi primera lectura: Pinocho, Gepetto, el Hada Azul, Pepe Grillo. Luego, en segundo de primaria (que para mí fue el primero), vinieron los libros de cuentos que imprimía la SEP, mismos que devoré en cuestión de días. Para saciar mi apetito lector, mis padres hicieron llegar a mis manos las ediciones de Cuántos Cuentos Cuentan, del Conafe, donde descubrí personajes entrañables como los perros Confite y Salaver, en los cuentos de Caledonio Serrano Martínez; y el indio Canek y el niño Guy, en los fragmentos de la obra Canek, de Ermilo Abreu Gómez. Todo esto con ilustraciones de Carlos Dzib, a quien ya conocía ampliamente porque era el cartonista oficial de la Revista del Consumidor, que se coleccionaba en casa, junto con Proceso, que a su vez me llevó desde muy chico a Fontanarrosa y a Boogie, el aceitoso. Las palabras misteriosas de hoy son: recuerdos, teatro.

II: Teatro
Este fin de semana estuvimos en Guadalajara con la compañía Cuatro Milpas Teatro, presentando la obra Mariana Olas. Fue muy interesante ver desde cerca, pero a la vez con la distancia que nos daba el no estar implicados, todo el merequetengue que se vivió en esta ciudad por la remoción ultra fast track del rector de la U de G, que para cuando se dio cuenta, recibió un esquinazo tan brutal por parte del Consejo Universitario, que ni las manos pudo meter, con todo y su amparo en el bolsillo, por si —como sucedió— los consejeros adictos a Raúl Padilla trataban de tumbarlo. Moraleja: en este país, hay gente con la que más vale no meterse, porque con todo y que ya llegó eso de la democracia, quedan cotos de poder intocables.

El caso es que fue un fin de semana de teatro, en muchos sentidos, y nosotros aprovechamos el domingo a mediodía para asistir a la función de Canek, dirigida y adaptada para teatro de títeres por Miguel Ángel Gutiérrez, con el atractivo, para nosotros, de la actuación protagónica del colega colimense Armando Hernández, quien acá colabora con Teatro Rodante. (Por cierto, con Teatro Rodante estuve trabajando el mes pasado en Una historia transparente, obra que retomamos a partir de mediados de este mes, ya habrá noticias sobre ella).

Canek, que combina títeres de gran formato con actores humanos, fue una experiencia estética muy agradable y, para mi, un viaje a la infancia y a mis primeras lecturas, precisamente en la ciudad donde aprendí a leer. Independientemente de los recuerdos personales, esta obra me sorprendió por la extraordinaria producción: los 700 mil pesos que dicen que costó se ven reflejados en la escenografía, las animaciones proyectadas en la pantalla que sirve de fondo, los títeres de increíble manufactura (quebequense, por más señas), la música original —interpretada en vivo—, la iluminación precisa y, sobre todo, el gran trabajo de los actores-titiriteros. Creo que nunca, hasta esta obra, se me había ocurrido el adjetivo “noble”, para hablar del trabajo de un grupo de artistas sobre la escena.

Con unos títeres de tamaño casi humano, con articulaciones casi humanas, manejados cada uno por 3 titiriteros vestidos de negro que prestan sus voces y sus cuerpos para dar vida a los muñecos, esta obra nos lleva a través de diversos episodios de la vida del niño Guy, descendiente de hacendados, y el indio Canek, quien en 1761 incitó a los mayas a rebelarse contra los opresores españoles. Así, vamos del juego y la risa de Guy a las enseñanzas que en cada experiencia cotidiana Canek va dejando al niño, hasta llegar a un final que, hay que decirlo, es tristísimo, y no deja a nadie impasible.

Escuché que es posible que Canek se traiga a Colima, una vez que concluyan sus presentaciones en Los Ángeles, a donde viajarán en días próximos. Ojalá que así sea. En verdad, se trata de un trabajo muy bello, que además es necesario para los niños mexicanos en estos tiempos de ausencia de héroes nacionales y de invasión de bátmanes y pokemones. Canek recupera algo que hace mucho hemos perdido en México, y deja una impresión tan honda, que seguramente en 20 años otro periodista escribirá sobre cuando, de niño, vio la obra de teatro que definió el rumbo de su vida.

En el blog, el enlace a Cuántos Cuentos Cuentan, que ya está en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx

sábado, 26 de mayo de 2007

Jueves 24/may/07: Recuerdos de Cronopios

Columna Litica
Ernesto Cortes

I: Buenos dias
"Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle, precisaba la llave de la puerta de la casa". (Julio Cortázar). Las palabras misteriosas de hoy son: teatro, cronopios y otras cuestiones.

II: Del lado de alla
El anio pasado, un grupo de alumnos del Instituto Universitario de Danza, dirigidos por su maestra de teatro, Lea Kaufman, presento en el Teatro Universitario, como parte de las muestras escenicas de fin de anio escolar, una recopilacion de cuentos de Julio Cortazar adaptados a la escena. Los textos fueron tomados de "Historias de Cronopios y Famas, el libro emblematico del belga-argentino-frances, donde introduce un universo particular de seres que, si bien nunca son descritos en su totalidad, si tienen caracteristicas que les dan una personalidad distintiva y en la que el mismo lector se puede identificar.

El espectaculo evoluciono, y tras varios meses de trabajo, varios integrantes del grupo de danza y teatro Re-Incorporare, apoyados por alumnos del instituto Universitario de Danza, dieron forma al espectaculo Recuerdos de Cronopios, que sera presentado esta noche de jueves a las 8 de la noche en el Foro Pablo Silva Garcia, del Instituto Universitario de Bellas Artes.

En alguna ocasion, Julio Cortazar dijo que Louis Armstrong, el maestro de jazz, era un "grandisimo cronopio". Haciendo honor a esto, en Historias de Cronopios el papel del Grandisimo Cronopio es representado por el maestro de jazz Bindu Gros, quien interpretara la musica del espectaculo en vivo, acompaniado de su saxofon, soplando piezas de John Coltrane y Charlie Parker. Asi pues, se trata de un espectaculo multidisciplinario en el que la danza, el teatro y la musica se unen para dar forma a un mundo peculiar, divertido y en ocasiones absurdo, donde se invita a la reflexion atravesando diversas emociones. Dirige Lea Kaufman, actuan Pedro Pazaran, Salvador Corona, Nora Perez, Maritze Espinoza, Angela Munoz, Iracema Martinez y Daniela Velazquez.


III: Del lado de aca
Qué pasaria si en Colima un dia los transportistas se pusieran de acuerdo e hicieran huelga? Se imagina usted la ciudad sin transporte publico?
En Montreal cumplimos el segundo dia de la huelga de transporte: ni metro ni camiones publicos, hasta que el gobierno no cumpla con las demandas de aumento salarial de los trabajadores del transporte. Cada dia, el metro da servicio a un millon de usuarios, asi que ya se podran imaginar lo que es la ciudad con un millon de personas sin tener en que transportarse. Es el caos: embotellamientos por tanto auto que de pronto salio de la nada: pero tambien mucha gente caminando y en bicicleta, muchos otros en patines, otros mas en patineta. La gente se las ingenia. Sin embargo, el sistema de transito de Quebec esta pensado para una sociedad basada en la amabilidad y el respeto, de manera que no hay topes, ni flechas en los semaforos, ni prohibiciones especificas. Ahora, cuando todo el mundo esta enloquecido, queda comprobado que los quebecuas no estan preparados para la contingencia. Estan muy acomodados con su sistema de amabilidad y cortesia, pero el dia en que esta falla, la ciudad se transforma en otra. Afortunadamente yo ando en bicicleta.

Como les decia el martes pasado, hay fotos e historias que por cuestiones de espacio, tema e idioma no caben en esta pagina, pero si gustan, estan en internet: ernestocortes.blogspot.com. Los sigo leyendo desde aca, con mucho gusto: ernesto@cuerdacueroycanto.com.

domingo, 20 de mayo de 2007

Domingo 20/may/07: Teatro

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"Siempre he considerado al espectador como un ser inteligente y curioso. Como alguien que quiere descubrir y ser desestabilizado. Por este hecho, he querido, una vez mas, que propongamos un universo para el cual el espectador no tiene la opcion de modificar su manera habitual de ver. Una vez mas, no sera confrontado solamente a eso que conoce, sino mas bien ubicado en una situacion donde tiene la posibilidad de tomar desiciones y de hacerse su propia interpretacion".

Son las palabras de bienvenida de Eric Jean, director, a su espectaculo Chasseurs (Cazadores), que ayer sabado ofrecio su ultima funcion, en lo que fue una temporada emblematica, pues fue iniciada en agosto del anio pasado por mexicanos (colimenses, para ser mas exactos) con la obra Corps Étrangers y fue cerrada con la participacion de tres actores de esta pieza en la ultima creacion conjunta de Eric Jean y el dramaturgo Pascal Brullemans. Lo especial de la temporada 2006-2007 del teatro Quat'Sous, de Montreal, es que se trata de la ultima que este espacio albergo antes de su demolicion (y reconstruccion), despues de mas de medio siglo de historia como uno de los escenarios mas importantes del Canada francofono, caracterizado por ofrecer teatro de vanguardia, y por dar espacio a creadores jovenes e innovadores.

"No es el tamanio de un un lugar ni el numero de asientos lo que da a un teatro su titulo de nobleza", dice Pascal Brullemans. "Es el compromiso y los riesgos asumidos por sus artistas para llevar una palabra, para incomodarnos y obligarnos a detenernos a ver el mundo y lo que hacemos". En este sentido, Chasseurs se entrega totalmente a traves del trabajo de sus creativos y actores. El espectaculo es intrincado, complejo, oscuro en momentos, pero tambien gratificante y conmovedor porque uno ve en escena a un grupo de actores que no se guardan nada, y que arriesgan incluso el fisico, ademas de exponerse en lo mas intimo, para ofrecer un mensaje provocador que toca el alma del espectador: todos estamos a la caza de algo, y la caceria puede ser entendida en muchos sentidos, incluso en el sentido de cazar uno mismo su propia verdad.

Chasseurs es una obra donde hay confrontacion, sensualidad y belleza llevada a un extremo de meticulosidad y detalle. La luz, la musica, el espacio, todo conforma un producto que sacude los sentidos y el alma. Es una historia desgarradora cuya cronologia no es lineal, sino que reta al espectador a concentrar las piezas del rompecabezas. Uno no sale comentando comodamente la pieza, pero definitivamente sale sintiéndola y con un piquetito de incomodidad, curiosidad y, sobre todo, ganas de verla de nuevo, porque no diario se ve a actores dandose al publico con tanta franqueza y gnerosidad, no diario es uno confrontado con la animalidad de la que habla Eric Jean, .

La mano de los mexicanos esta presente en la obra. La musica, el baile, la cultura mexicana y su pasion son elementos claves en la construccion de la historia. Dice el director: "Implicar a actores mexicanos en nuestro trabajo es darse la posibilidad de que ellos transformen nuestra vision del mundo. El instinto y la intuicion son factores dominantes de su cultura, tienen la gran facultad de zambullirse al interior de si mismos y de entrar, quiza con mayor facilidad que nosotros, en contacto con una animalidad inherente al ser humano".

Christian Rangel, Nelly Magana y Hector Castaneda Arceo comenzaron sus incursiones en el teatro hace mas de seis anos, en el Taller de Formacion Teatral dirigido por Janet Pinela en Colima. Fueron haciendose de un nombre y un prestigio a base de trabajo, y llamaron la atencion de instituciones y agrupaciones artisticas locales, y luego nacionales. En 2005 fueron invitados por primera vez a Canada, y a partir de ahi fueron las instancias internacionales quienes mostraron interes y apoyaron a los jovenes artistas, que anoche coronaron una etapa de sus vidas profesionales con Chasseurs, una produccion internacional de ligas mayores que confirmo su calidad como interpretes, ahora en una lengua que no es la materna, pero que ya dominan a la perfeccion. Chasseurs fue solo el paso logico en el camino, todavia tenemos mucho que recibir de ellos. Sea.

domingo, 22 de abril de 2007

Martes 17/abril/07: Chasseurs

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I: Buenos días

El teatro Quat’ Sous es un pequeño edificio de dos pisos que se encuentra relativamente cerca del Mont Royal, el cerro que da su nombre a la isla de Montréal, en la provincia canadiense de Québec. Desde hace 41 años, este lugar ha servido de escenario para los producciones de la compañía del mismo nombre -una de las más antiguas de la ciudad- y se ha distinguido en las últimas décadas como el espacio por excelencia para el teatro de avanzada, ganándose una reputación que sigue creciendo. Anoche, siete actores, entre ellos tres colimenses, dieron la primera función de la última obra que será representada en el actual edificio del Quat’ Sous, antes de que sea demolido. Las palabras misteriosas de hoy son: Quat’ Sous, teatro, Chasseurs.

II: Un poco de historia

Sobre la avenida Saint Laurent, arteria principal de Montréal, se establecieron en el siglo XIX los judíos que emigraron de Europa del Este. Esta comunidad, que vivía y trabajaba alrededor del área, sintió la necesidad de contar con una sinagoga, y escogió para tal fin el edificio que ocupaban tres casas en la esquina de las avenidas Coloniale y des Pins. Así, en 1912 comenzó a funcionar la sinagoga que, medio siglo después, pasaría de centro de culto a espacio teatral, cuando la compañía dirigida por Paul Buissonneau la compró para convertirla en el Théâtre de Quat’Sous.

Bajo la mano de seis directores artísticos, el teatro se hizo de un nombre en la escena francocanadiense. Además de distinguirse como un espacio para los creadores jóvenes, en la última década, los más recientes directores, Wajdi Mouwad y Eric Jean, miraron hacia latinoamérica y se nutrieron de ella, dando un nuevo sello al trabajo de este teatro.

III: Cotidiano

“Vayan y digan a los ancianos de mi tribu que su hijo ha muerto de amor”, reza una frase de la autoría de Pierre Bernard, antiguo director artístico, que está pintada en un costado del Quat’ Sous.

En el teatro Quat’ Sous puede uno entrar en la mañana y encontrar a alguien serruchando un trozo de madera en el taller improvisado que se instala en lo que más tarde se convierte en sala de juntas y que por la noche funciona como bar. El lugar es increíblemente pequeño para la cantidad de actividades que suceden entre las paredes. Todo el espacio está utilizado de manera óptima, eso sí, pero no se puede evitar que el área de trabajo de la directora de producción se convierta en zona de planchado de vestuarios, ni que un actor termine maquillándose sentado en el escritorio del director artístico. El piso de abajo alberga la boletería, el bar, los baños, los camerinos y las oficinas. Arriba se encuentra la sala, con 150 asientos repartidos en dos pisos, dando una impresión de cercanía y de intimidad que se siente desde los dos lados del proscenio.

IV: Cazadores

Chasseurs es una obra de teatro escrita por Pascal Brullemans a partir de las improvisaciones dirigidas por Éric Jean con los actores y con el apoyo de un grupo de creativos. Las improvisaciones se realizaron en lugares no convencionales, y las condiciones impuestas a cada actor incluían la entrada en personaje desde el momento de salir de casa rumbo al ensayo, de manera que viajaba en el metro caracterizado y siguiendo un itinerario preciso que el director le hacía llegar por carta, para luego encontrarse con que le vendaban los ojos hasta llegar al lugar elegido para trabajar (que podía ser el Estadio Olímpico o un enclave oculto en el bosque). Cada actor portaba en la oreja un chícharo por el que el director le daba instrucciones para ir desarrollando la improvisación. Así, Eric Jean, susurrando órdenes a los actores, pulsando botones, tomando notas y dictando indicaciones a los técnicos, iba tejiendo la obra como un director de orquesta, tocando sus instrumentos, que a través de la vida propia y la inspiración original, iban poniéndole voz y movimiento a la creación colectiva, mientras el musicalizador jugaba con el ambiente y el iluminador aportaba el tono de cada escena y el escritor Pascal Brullemans lo anotaba todo y exploraba con su mirada curiosa qué podía haber más alla de la historia que se estaba creando. Una cineasta documentaba el proceso. Así se hizo Chasseurs, que se programó como la última obra de la temporada 2006-07 del Teatro Quat’ Sous, antes de que se derribe el edificio y se inicie la construcción de uno nuevo.

IV: Merde

Está atardeciendo en Colima mientras escribo esto, y me viene a la mente que justo en este momento los actores de Chasseurs están detrás del escenario, escuchando entrar al público, respirando profundo un par de veces más. Tres mexicanos están entre ellos, escribiendo la historia de uno de los teatros más importantes de Canadá. Nelly Magaña, Héctor Castañeda y Christian Rangel, que haya mucha mierda para ustedes esta noche.