Conciencia

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sábado, 26 de setiembre de 2009

Sábado 26/sep/09: Virgle / La colonización del espacio exterior

Richard Branson, en entrevista con Craig Ferguson, anuncia Virgle




I: Buenos días
El año pasado, como parte de su tradición de hacer bromas el 1º de abril (April’s Fools Day, en Estados Unidos), Google dio a conocer el Proyecto Virgle, presentado conjuntamente por Virgin Group y Google. Se trataba, según esto, de una iniciativa para comenzar la colonización de Marte. La cosa no sonaba tan descabellada, si consideramos que Virgin comenzará este año a volar comercialmente al espacio, y que Google es un gigante que no va a conocer muchos límites en los años por venir, así hubo quien se la tomó en serio. El objetivo inicial, decían, era elegir a 12 personas que estuvieran dispuestas a realizar un viaje sin regreso al planeta rojo, con la intención de convertirse en los pioneros de la migración espacial y de fundar Virgle City, capital de Marte, que para el año 2108 tendría una población de 103, 521 colonos, entre terrícolas y marcianos nativos. Muchos sí se fueron con la finta, pero todo era una broma. O eso parece. Las palabras misteriosas de hoy son: la colonización espacial.

II: Sci-Fi
Isaac Asimov escribió (entre sus 515 libros) tres series de novelas (Robots, Imperio, y Fundación) en las que cubrió 20 milenios de historia humana hacia el futuro, a través de 1 millón y medio de palabras repartidas en 15 libros. El universo creado para esta monumental obra le dio amplio espacio para hacer reflexiones de todo tipo, con el telón de fondo de la ciencia ficción. En estas novelas se plantean cuestiones filosóficas, morales, estéticas y se proponen un cúmulo de reflexiones que llevan al lector a tener una mejor perspectiva del mundo contemporáneo y a poner una mayor atención a los sutiles cambios que experimentamos día con día ante los avances de la tecnología y su influencia en el comportamiento humano. El “vernos” en el futuro a través de la imaginación de Asimov es un ejercicio no de evasión, sino de anticipación a lo que vamos a llegar a ser como civilización en un momento dado, y de previsión respecto a dónde nos dirigimos.

Según el universo asimoviano, en el año 2064 se fundaría la primera colonia humana en otro planeta, en la estrella Tau Ceti (a 12 años luz de aquí), y de ahí en adelante la especie se esparciría por el resto de la galaxia, llegando incluso en algún momento a perderse la información sobre el planeta de origen del Homo sapiens.

III: Compre su vuelo, bara bara
La imaginación de Asimov no estaba muy desconectada de la realidad de los avances tecnológicos que vamos viviendo. No es exagerado pensar que, incluso mucho antes de la séptima década de este siglo, comencemos la migración. Dejar el planeta Tierra será inevitable (y necesario) en algún momento de los años por venir, y poco a poco los humanos nos iremos esparciendo por otros planetas, asteroides, satélites, o estaciones espaciales dentro y fuera del Sistema Solar. La noticia, dada a conocer esta semana, de que se han descubierto depósitos de agua en la luna (y la confirmación de otros, cuantiosos, en Marte), propone un panorama muy interesante en términos de recursos naturales extraterrestres, pues eventualmente podría resolver el principal problema al que se enfrentarán los primeros colonos marcianos y/o lunares: la sobrevivencia por hidratación.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió durante la exploración espacial que se realizó en la segunda mitad del siglo XX (cuando los gobiernos patrocinaban las misiones), las iniciativas del siglo XXI (y subsecuentes) serán de las corporaciones privadas, y no estaremos tan lejos de lo que predecía Chuck Palaniuk en su novela Fight Club: el Planeta Starbucks y la Galaxia Microsoft. Con la entrada, por la puerta grande, de las corporaciones a la colonización del espacio (el vuelo de Virgin Galactic se puede reservar ya a través de cinco agencias en México, y cuesta 200 mil dólares por mono), se impone volver la mirada a Asimov, que aún desde la ficción, dejó directrices importantes en lo ético, que tendremos que considerar para mantener aquello que nos hace humanos, aún en las condiciones de tecnologización cabalgante que se vienen, y que nos pondrán a prueba en las décadas por venir.

Estamos en la red, con la versión en hipertexto de la Columna Lítica: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

miércoles, 10 de octubre de 2007

Jueves 10/oct/07: Civilizaciones


I: Buenos días
En su novela de ciencia ficción Star Maker (1937), el escritor inglés William Olaf Stapledon describe diversas civilizaciones que el protagonista-narrador va encontrando a lo largo de su viaje por el universo. Además de dar cuenta de civilizaciones enteras y mundos con diversas culturas, el narrador hace mención al desarrollo tecnológico que hay en los mundos que va hallando en el camino. Una de las invenciones mencionadas en Star Maker fue retomada en 1957 en un artículo publicado en la revista Science por el físico inglés Freeman Dyson: una megaestructura capaz de captar absolutamente toda la energía emitida por una estrella. Las palabras misteriosas de hoy son: Esfera de Dyson, civilización, transición.

II: Proporciones
Si a una persona le piden que conciba mentalmente lo que es una distancia de 10 metros, puede más o menos hacerlo, pensando tal vez en referentes como dos autos o una plataforma de clavados. Si le piden que conciba 100 metros, podrá pensar en una cuadra de su barrio. Cinco kilómetros podría ser lo que hace de su casa al trabajo. 100 kilómetros puede la distancia a la ciudad capital, y así. El problema es cuando le piden pensar en una distancia como 100 mil kilómetros, o 150 millones de km. Ahí la cosa va perdiendo sentido y los números dejan de tener una referencia que les dé un significado que nos diga algo.

Algo similar pasa con el tiempo. 6 años son una referencia que incluso culturalmente tenemos bien arraigada. 20, 50 años todavía caben en la concepción de una vida humana. Un siglo de historia tiene todavía sentido, pero cinco milenios son difíciles de conceptualizar como algo con significado, no digamos 2 millones de años. Esta dificultad para concebir tiempo y espacio en proporciones astronómicas es una de las amenazas que enfrenta la civilización humana actualmente. Se piensa a seis años, pero no se piensa a 50, mucho menos a 100. Vemos el futuro inmediato, pero no mucho más allá. Nuestra responsabilidad como parte de un proceso mayor es algo que muy pocos seres humanos hacen consciente.

III: La infancia de la civilización
En 1964, el astrónomo soviético Nikolai Kardashev propuso una escala para determinar qué tan avanzada estaba una civilización, en términos de desarrollo tecnológico. Según Kardashev, hay tres tipos de civilización: la Tipo I, que es la que ha logrado aprovechar toda, absolutamente toda la energía que le puede proporcionar un planeta (energía eólica, hidroeléctrica, geotérmica, etc); la civilización Tipo II es la que ha logrado aprovechar toda la energía que emite una estrella, no a través de páneles solares instalados en el planeta, sino a través de un hoyo negro controlado por la civilización o bien mecánicamente por medio de una Esfera de Dyson (ahorita vamos para allá); la Tipo III es la que aprovecha toda la energía que se genera en una galaxia, aunque por el momento ni siquiera podamos imaginar qué tecnología podría hacer factible esta condición.

Una Esfera de Dyson es una megaestructura que rodea –literalmente- una estrella y que a través de páneles capta la energía que esta estrella emite al universo. Obviamente se trata de un diseño hipotético porque aún no estamos en condiciones de construir una estructura de este tamaño. Estamos hablando de una esfera de una Unidad Astronómica de diámetro (1 UA), equivalente a 150 millones de kilómetros, o a 8 minutos luz, o a la distancia de la Tierra al Sol.

Nosotros somos una civilización Tipo 0, entrando al período de transición al Tipo I, el control de la energía de todo un planeta. Sin embargo, muchos físicos y astrónomos han propuesto que no se trata solamente de aprovechamiento de energía, sino que van aparejadas cuestiones de estabilidad en el planeta en cuanto a lo político, lo social, lo económico y lo cultural. Nos encontramos en un momento de la historia de la civilización en que, o bien damos el paso hacia el Tipo I, o bien todo se va al carajo.

La geoingeniería, la nanotecnología y otras disciplinas novísimas están acercando a pasos agigantados el momento de transición, que se calcula entre uno y dos siglos. El problema es que el desarrollo tecnológico no va a la par del desarrollo humano en sí. La erosión no es solamente ecológica, sino también cultural y social, y las señales se ven por todos lados, aunque nos hemos acostumbrado tanto a ellas que cada vez hacemos menos caso.

Es difícil pensar en términos astronómicos, de ahí la cortedad a la hora de tomar decisiones que afectan a la sociedad, de ahí la insistencia en ver soluciones que van a funcionar dentro del término de una o dos décadas, pero que después nos van a dejar más pelones que antes.

En la década de los 60s, un visionario previó a una civilización que en su momento va a construir una estructura alrededor de su estrella, y que para entonces ya habrá migrado a otros sistemas solares y habrá extendido su radio de acción más allá de Plutón. En esta década, hay funcionarios y empresarios que únicamente ven los millones que se van a embolsar y que no tienen la más remota idea del proceso mayor que se cuece a su alrededor y del que, de una manera u otra, son parte.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com, ernesto@cuerdacueroycanto.com

viernes, 7 de setiembre de 2007

Martes 28/ago/07: Los viajes en el tiempo

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I: Buenos días
(Después de toda la explicación técnica) “Así pues, parecería posible que, conforme avancemos en ciencia y tecnología, seamos capaces de construir un ‘agujero de gusano’ (wormhole) o de combar el espacio y el tiempo de alguna otra manera, de tal forma que pudiéramos viajar hacia nuestro pasado. Si tal fuera el caso, implicaría una gran cantidad de preguntas y problemas. Una de ellas es, si alguna vez en el futuro aprendemos a viajar en el tiempo, ¿por qué no ha venido alguien desde el futuro a decirnos cómo hacerlo? Aún si hubiera razones de peso para mantenernos en la ignorancia, siendo como es la naturaleza humana, resulta difícil creer que alguien no hubiera querido lucirse, y decirnos a nosotros, pobres campesinos ignorantes, el secreto del viaje en el tiempo”. Stephen Hawkings, físico inglés. Las palabras misteriosas de hoy son: viajes en el tiempo.

II: En la ficción
Aunque los viajes en el tiempo pueden encontrarse en la literatura desde la primera mitad del siglo XVIII, quizá el texto de ficción más antiguo sobre este tema que a la fecha sigue siendo popular sea Un cuento de navidad, de Charles Dickens, en el que al protagonista, Ebenezer Scrooge, le es dado contemplar el pasado y el futuro. Una de las primeras novelas que abordó el viaje en el tiempo utilizando tecnología y no solamente visiones, es La máquina del tiempo, de H. G. Wells. En 1911, las educadoras inglesas Annie Moberly y Frances Jourdain, directora y subdirectora, respectivamente, del Colegio St Hughes, de Oxford, publicaron bajo seudónimos el libro An adventure, en el que aseguraban haber viajado en el tiempo mientras visitaban el Palacio de Versalles, encontrándose de pronto en el año 1789, interactuando con personajes de la corte de María Antonieta. Este constituyó el primer registro de alguien que aseguraba haber viajado en el tiempo.

El sacerdote benedictino Pellegrino Ernetti (1925-1994), graduado en física cuántica, exorcista, y experto en música pre-polifónica, aseguraba que en los años 50s colaboró, junto al premio Nobel Enrico Fermi, y el ingeniero alemán Wernher Von Braun (responsable de la llegada del hombre a la luna), en la creación de una máquina llamada Chronovisor, que permitía al usuario contemplar en una pantalla cualquier escena de cualquier momento de la historia de la humanidad. Ernetti juraba haber asistido, entre otras escenas, a un discurso de Mussolini, a otro de Napoleón, y a la crucifixión de Cristo. La única “prueba” que aportó fue una supuesta fotografía del rostro de Jesús en la cruz, que luego se reveló como una tarjeta postal comprada en un pueblito cerca de Perugia.

El año pasado, Darren Daulton, catcher de los Phillies de Filadelfia entre 1983 y 1997 (.245, 588 RBI, 137 HR) aseguró en una entrevista a ESPN que él ha viajado en el tiempo, y que el 21 de diciembre de 2012, con el fin del calendario maya, él y otros, preparados para ello, desaparecerán de este plano de la existencia.

III: La ciencia
Todo esto viene al caso porque la semana antepasada los físicos alemanes Günter Nimtz y Alons Stahlhofen, de la Universidad de Koblenz reportaron haber roto la velocidad de la luz, algo imposible de acuerdo con la Teoría de la Relatividad Especial, publicada por Albert Einstein en 1905. Según los dos científicos, realizando experimentos con un fenómeno llamado quantum tunnelling, lograron transferir fotones a una distancia de hasta un metro de manera instantánea, superando la velocidad “oficial” de estas partículas elementales, que es constante (299’792,458 metros por segundo). Aunque Nimtz mismo acepta que esto no prueba que sea posible la transmisión de información a una velocidad mayor a la de la luz, la prensa no especializada rápidamente ha interpretado el anuncio como “el descubrimiento del viaje en el tiempo”, una implicación no del todo descabellada, pero también un tanto anticipada a la realidad.

Si el experimento de Nimtz y Stahlhofen es genuino, nos encontramos en un momento de la historia similar al que vivieron los europeos a principios del siglo XVI cuando hubo que desechar el paradigma de la tierra plana, pues la explicación del universo que actualmente es aceptada por la ciencia a partir de Einstein sufriría un duro golpe, y habría que repensar el concepto de espacio-tiempo, así como posiblemente abrir la puerta a la idea de los viajes en el tiempo. Insisto, esto lo decimos los de la prensa no especializada, y hasta ahora es especulación, pues no han pasado ni quince días desde el anuncio, pero de ser cierto, estaríamos ante un parteaguas cuyas implicaciones no podemos ni siquiera intentar concebir desde donde nos encontramos en este momento.

IV: Por lo pronto tenemos el cine
En lo personal, la mejor película que conozco sobre viajes en el tiempo es Primer, dirigida, producida y protagonizada por Shane Carruth. Con 7000 dólares, el cineasta norteamericano realizó esta cinta que obtuvo en 2004 el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance. Primer es una película intrincadísima, llena de saltos en el tiempo y paradojas, que demanda una gran atención del espectador y que hay que ver más de dos veces, pero que satisface a los amantes del género. Para los interesados, les comparto una joya de la ciencia ficción que pueden encontrar en mi blog: La jetée, de Chris Marker, el cortometraje que inspiró la cinta Twelve monkeys, de Terry Gilliam. Lo encuentran en: ernestocortes.blogspot.com. El correo: ernesto@cuerdacueroycanto.com

lunes, 27 de agosto de 2007

La jetée

Este es el "photo-roman" en el que Terry Gilliam se inspiró para su película Twelve Monkeys.

En algún momento alguien tuvo la cortesía de subirla a Youtube en versión original, en francés, con subtítulos en español. Desgraciadamente "it was removed due to violation of terms". Inexplicablemente, pero afortunadamente, la versión en inglés no ha sido borrada, así que disfrutémosla mientras dure.


Voilà


Primera parte:


Segunda parte:


Tercera parte:

lunes, 25 de junio de 2007

Sábado 23/jun/07: Privacidad y mente (I)

I: Buenos días
En 1888 vino a México el “mago, el brujo, el casi vidente” norteamericano Washington Irving Bishop, y ofreció en Guadalajara unas presentaciones de tal espectacularidad, que la noticia vibró en Colima. Decía la prensa que los asistentes “encogiéndose de hombros hacen acerca de sus experiencias los más curiosos comentarios, no siendo el menos válido de ellos, el de que el Sr. Bishop ha dado su alma al diablo a trueque de un poquito del poder satánico” (El Estado de Colima, 13/oct/1888). La policía tapatía anunció que pediría la ayuda de Bishop para, con sus poderes psíquicos, resolver los crímenes del Chalequero, malhechor que asolaba la capital jalisciense. Ante la inexplicable habilidad de Bishop para leer la mente, el redactor colimense Atanasio Orozco escribía: “Esto es alarmante, con tanto adivino hemos perdido la seguridad de lo único que teníamos inviolable, que era el pensamiento”. Las palabras misteriosas de hoy son: privacidad y cerebro, primera parte.

II: Nomás se estaba haciendo el dormido
Bishop era un fraude. No es que leyera la mente, sino que tenía un desarrollado sistema de comunicación con sus asistentes, que le transmitían información de manera indirecta, y era un experto en estudiar las reacciones del público, lo que le permitía adivinar por dónde iba la cosa y hacer aparentes revelaciones sorprendentes sobre los miembros del público que participaban en sus espectáculos. Cuando vino a Guadalajara, se encontraba en la cúspide de su fama. Había estado en Inglaterra -de donde salió huyendo para no pagar la multa de un juicio que perdió por difamar a otro mentalista- y en Estados Unidos ya saltaban por todos lados los imitadores y los escépticos que trataban de replicar sus trucos. Cuando estuvo en Guadalajara contaba con 32 años. Moriría a los 33, a causa de una autopsia prematura que le practicaron unos oficiosos médicos que lo creyeron muerto, y que no revisaron que en sus bolsillos había un papel advirtiendo que sufría de ataques catalépticos. Querían conservar su cerebro para estudiarlo, y le abrieron la cabeza cuando él todavía estaba vivo.

Sin embargo, el punto no es la leyenda de Bishop. Mencionamos su caso solo para ejemplificar lo que se pensaba, hace un siglo y cuarto, sobre la privacidad del pensamiento. Las amenazas a la intimidad mental provenían de los mentalistas. Hoy, en el siglo XXI, las amenazas vienen de otro lado, y parecen cosa de ciencia ficción.

III: Hablando de ciencia ficción
En su novela “Los límites de la fundación”, publicada en 1982, Isaac Asimov hablaba de una tecnología fabulosa, desarrollada allá por el año 12,564 de la Era Galáctica. Consistía en la unión entre la mente humana y la computadora. Para escribir, para establecer comunicaciones, para generar proyecciones holográficas, incluso para pilotear sus naves, los seres humanos solo tenían que pensarlo. La conexión entre cerebro y computadora estaba tan desarrollada que se eliminaba la necesidad de aparatos e incluso de los sentidos humanos para establecer una conexión con la máquina.

En el universo de cierto grupo de novelas escritas por Asimov, la Era Galáctica comienza en lo que para nosotros sería el año 12,000. De manera que para el visionario escritor de ciencia ficción, la fusión total de la mente del hombre y el mecanismo de la computadora se daría dentro de 22,557 años.

III: Doble clic
A estas alturas sabemos que Asimov se quedó corto, demasiado. No previó la llegada de la nanotecnología, no calculó que la eficiencia en la manipulación de materia a la escala de una millonésima de milímetro traería una nueva revolución industrial. La interacción entre el hombre y la máquina por vía directa del cerebro es una realidad desde hace varios años. Las primeras aplicaciones médicas fueron permitir a personas con parálisis mover el puntero de un mouse en una pantalla sin mover un dedo, con solo pensarlo. Hoy en día, usted puede comprar, vía internet, un equipo que le permite controlar el mouse y teclear, a través de unos sensores montados en la frente que analizan ondas cerebrales, movimiento de ojos y músculos faciales. Cuesta 2,100 dólares, y la última versión del software data del día de 12 de este mes.

IV: Si quieren luego le seguimos
¿Qué tiene que ver todo esto con Washington Irving Bishop, que murió 13 años antes de que se inventara la máquina de escribir eléctrica? Averígüelo en nuestro próximo episodio, el martes. Hasta entonces, los leo en ernesto@cuerdacueroycanto.com. Pueden encontrar este y otros textos en ernestocortes.blogspot.com