Conciencia

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sábado, 20 de febrero de 2010

Sábado 13/feb/10: Las naciones flotantes, III



I: Buenos días
En la película 2012, magnates alrededor del globo compran boletos de mil millones de euros para ocupar una cabina en las gigantescas arcas que han sido construidas por las principales potencias mundiales para sobrevivir al cataclismo que se viene. Con el desplazamiento de las placas tectónicas hay tsunamis por doquier, y la única manera de librarla, para una pequeñísima porción de la humanidad, es en ciudades flotantes que albergan a gobernantes, millonarios, e individuos seleccionados por sus habilidades en campos particulares – así como un grupo de colados, que le dan sabor y cursilería a la historia. La idea de las barcas gigantes como último reducto para la sobrevivencia de la especie humana no solamente es una fantasía de la ciencia ficción, sino una alternativa a considerar seriamente en caso de un evento cataclísmico. De hecho, hay gente que ya las está haciendo, aunque no tanto por razones de alarma apocalíptica, sino por muy claros intereses políticos y económicos. Las palabras misteriosas de hoy son: Las naciones flotantes, tercera (y última) parte

II: En el mar todo es felicidad
Peter Thiel fue, en el 2000, uno de los fundadores de Paypal, el sistema de pagos que revolucionó las transacciones por internet, y que fue adquirido un par de años más tarde por eBay, a razón de 1,500 millones de dólares. Thiel fue también uno de los primeros inversores en el naciente Facebook (y ahora ocupa un asiento en su junta de directores), y, hace un par de años, invirtió significativamente en (y llamó la atención internacional para) el Seasteading Institute, una iniciativa liderada por el economista (y antiguo ingeniero de Google) Patri Friedman, nieto de Milton Friedman, por más señas.

La misión del Seasteading Institute es “avanzar hacia el establecimiento y crecimiento de comunidades oceánicas autónomas permanentes, dando paso a la innovación con nuevos sistemas políticos y sociales. Al abrir una nueva frontera, pretendemos revolucionar la capacidad humana para mejorar la calidad de vida en todo el mundo, por medio de la experimentación y competición entre los gobiernos”. En otras palabras, se trata de aplicarse en serio a eso de crear una nación flotante.

De acuerdo a su documento oficial de Estrategia Organizacional, el SI tendrá, para finales de este año, a un individuo viviendo de manera permanente en una instalación marítima, y para mayo del 2011 habrá una familia en las mismas condiciones. A cinco años, el objetivo es ofrecer albergue a al menos 150 individuos, y para el 2019 esperan conformar una comunidad de 1000 personas viviendo en comunidades residenciales marítimas alrededor del mundo, habiendo ya establecido “diálogos significativos y abiertos con departamentos relevantes del gobierno de los Estados Unidos y las Naciones Unidas”.

El objetivo de Friedman, Thiel y colegas, es que para el 2059 los seasteaders se cuenten en número de al menos 5 millones, y que ya varios de los enclaves marinos sean reconocidos de manera oficial como estados soberanos por “otras potencias” del mundo (implicando que Seasteading ya será una potencia para entonces). Dentro de un siglo, Seasteading se visualiza como un poder de 500 millones de habitantes, llevando a que “los efectos del gobierno competitivo y de la geografía fluida sean aparentes, y sean discutidos abiertamente por los líderes mundiales como un factor significativo al moldear su propia política para tomar decisiones”. En otras palabras, “¿ah, miedo?”.

El Seasteading Institute está registrando membresías y aceptando donadores, por si gustan. Estamos en la red: http://www.ernestocortes.com/. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com

lunes, 15 de setiembre de 2008

Death of a president - trailer

Este es el trailer de la película La muerte de un presidente. Con subtítulos en japonés, para que no haya confusión.

Véanla en el cine.

O bájenla del Ares (digo...)



Escenas de la película:



Y acá la Columna Lítica:

I: Buenos días
“Conforme lidiamos con los peligros de nuestro tiempo, diferentes circunstancias requieren diferentes estrategias, y nuestra resolución en cada caso será clara: no permitiremos que ningún régimen amenace la libertad o la seguridad del pueblo norteamericano, o de nuestros aliados alrededor del mundo”. Por supuesto, George Bush. Este discurso, incluido en la película La muerte de un presidente, bien podría ser de ayer, aunque en la cinta se presenta como de un futuro (2007) que entonces (2006) se veía como una posibilidad no remota. La cinta, presentada como un documental periodístico, explora las posibilidades de la pregunta “¿Qué pasaría si asesinaran al presidente de Estados Unidos?”, y la respuesta parece ser: “mejor no”. Las palabras misteriosas de hoy son: de fuego amigo.

II: They shot Bush!
La película se estrenó en el Festival de Cine de Toronto, en septiembre de 2006. Por esos días yo estaba viviendo en Ottawa, y aunque no llegó a las pantallas de esa ciudad, todos los periódicos hablaban de ella y políticos y artistas daban su opinión. En Canadá la película fue tan bien vista, que se llevó el Premio Internacional de la Crítica, y los columnistas la alabaron grandemente. Mientras, del otro lado de la frontera, las opiniones contra la película se basaban en el prejuicio: Hillary Clinton, que no la había visto, la calificó de “repugnante”, caso similar al de Kevin Costner, que tampoco la había visto: se permitirá la proyección de esta cinta en Estados Unidos hasta el 20 de enero de 2009, una vez que Bush deje la Casa Blanca.

Este reportaje de ficción cubre una gran cantidad de vertientes del tema, y las hace caber en 93 minutos, con un manejo muy bueno del lenguaje visual y la lente periodística. Así, hay momentos muy breves pero poderosos en cuanto a lo que se comunica, como la escena en que llega a un grupo de manifestantes la noticia de que le han disparado a Bush, y comienzan a celebrar y a gritar entre el tráfico “¡le dispararon a Bush!”. Los automovilistas dan bocinazos de alegría.

En realidad, en última instancia, Bush como persona es presentado bajo una luz que lo beneficia en esta película. En los pocos minutos dedicados en esta película a analizar su personalidad, se nos ofrece un George Bush zorro, que sabe lo que la gente piensa de él y se aprovecha de que lo subestiman, un individuo con carisma y con ángel, que a fin de cuentas sabe manejar a la gente y por eso está donde está. Sin embargo, su política y el odio que buena parte de la población de su país le tienen, son el contrapeso de la balanza.

El asesinato en sí ocupa la mitad de la cinta; el resto son las consecuencias: la investigación y el apresamiento del principal sospechoso, que resulta ser, claro, musulmán. Entre escena y escena, se trasluce claramente la crítica a la política exterior norteamericana y a la supresión de las libertades individuales como respuesta a la “guerra contra el terrorismo”. Como acertadamente dijo The Village Voice (17/oct/06), “La muerte de un presidente es en realidad sobre el 11 de septiembre – un ensayo sobre una tragedia nacional usada para crear una tragedia más grande”.

Esta cinta se puede ver en estos días en Colima, consulte la cartelera, y no pierda mucho tiempo porque quién sabe cuánto dure: parece que la gente está prefiriendo ver a Yoda tirar espadazos o a Adam Sandler hacer bufonadas. Ahora que si se la perdió, siempre queda el Ares (sí está), pero ahí cada quien, no quiero que se me acuse de promover la piratería en internet de películas de difícil acceso. Eso sí: en el blog puede ver algunas escenas y el trailer de El asesinato de un presidente (tomadas de Youtube)

III: Hablando de balas
Coincido con los compañeros que, en este y otros medios impresos, han expresado su rechazo a que en Colima tengamos policías que hacen su labor encapuchados, así como a las callejoneadas de patrullas con farolas encendidas. Lo último que dan a la sociedad es una sensación de seguridad, y no es con acciones de ésas que nos van a convencer de su valentía, coraje y sagacidad. Lo de este fin de semana muestra que, más bien, las fuerzas de la ley y el orden tienen que ponerse a entrenar y a ampliar sus capacidades policiales. Si lo de Cerro de Ortega no fuera una triste realidad, sino canción, la habría escrito Chava Flores, con todo respeto. Por otra parte, el procurador, que en su momento paró el dedo para lanzarse de candidato “a lo que sea” en las siguientes elecciones, tendrá aquí una prueba importante qué superar, y en unos meses estaremos hablando de cómo le fue. Recordemos, por ejemplo, que, con todo y la campaña mediática de linchamiento contra Ebrard, por los linchamientos de Tláhuac cuando él era procurador capitalino, a éste le hicieron lo que el viento a Juárez y ganó, primero, la candidatura, y luego las elecciones. Vamos a ver cómo masca la iguana.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com (con videos). Los leo: ernestocortes@itesm.mx

domingo, 6 de julio de 2008

Sábado 5/jul/08: Historias Olímpicas, 4


I: Buenos días
Cuando Leni Riefenstahl fue comisionada para documentar cinematográficamente las olimpiadas de 1936, en Berlín, la instrucción de Hitler era clara: había que glorificar los logros de la Alemania nazi. Olympia, el documental resultante, fue un parteaguas en la historia del cine debido al uso de técnicas innovadoras que después se convertirían en estándares del lenguaje cinematográfico, y al mismo tiempo fue una más de las cintas propagandísticas que la actriz y directora alemana produciría para el dictador que, según contaba, estaba tan enamorado de ella que una vez la quiso besar a la fuerza. En Olympia se glorificaba a los ganadores y se hacía regodeo de la belleza humana y la perfección de los atletas de primer nivel, y aunque era una cinta oficial, Riefenstahl se dio la libertad de poner a Jesse Owens, atleta negro que echó por tierra todas las teorías de la supremacía aria, al mismo nivel que los demás ganadores. Cuando Alberto Isaac hizo su propio documental sobre las olimpiadas de México 68, su preocupación por los aspectos técnicos también fue grande, pero la visión distinta, con mucha más humanidad y sencillez. Una de las secuencias más bellas de Olimpiadas de México (nominada al Oscar en 1969) es la de la maratón: en lugar de glorificar al ganador de la prueba, Isaac muestra cómo es la llegada del corredor que quedó en último lugar: renqueando, ya de noche, un atleta solitario llega al estadio vacío, agotado, medio muerto, pero con la firme determinación de concluir la ruta de 42.195 km. Las palabras misteriosas de hoy son: Historias Olímpicas, capítulo cuatro.

II: We are the losers, my friend…
En ocasiones particulares, los perdedores de una competencia llegan a obtener más fama y fortuna que los ganadores, o al menos se roban la cámara por más rato que los atletas mejor entrenados. Vimos en el primer capítulo de estas Historias Olímpicas cómo Eric Moussambani, que apenas sabía nadar, venido de un país que nadie sabía dónde estaba (Ginea Ecuatorial) se convirtió en celebridad después de registrar el peor tiempo de la historia en los 100 metros de nado libre, en Sydney 2000. A Moussambani la prensa inglesa le dio el apodo de Eric the Eel (la Anguila) en referencia a Eddie the Eagle (el Águila), uno de los más grandes héroes olímpicos británicos.

Eddie Edwards llevaba todas las de perder como deportista: era pesado (82 kilos, más de 10 arriba del promedio), no tenía un patrocinador, y el equipo que utilizaba para su prueba, el salto en esquí, era tan inadecuado, que tenía que usar seis calcetines uno sobre el otro para que le quedaran las botas que enganchaba a los esquís. Por si eso fuera poco, Eddie tenía una aguda miopía que lo obligaba a usar lentes de fondo de botella, incluso cuando ejecutaba sus saltos en la rampa, lo que hacía que los lentes se le empañaran y que el resultado de cada salto fuera impredecible (sin embargo, hay que decirlo, Eddie nunca se partió la madre saltando, hasta eso). Como no era precisamente un dechado de habilidad en el aspecto técnico, Eddie, en vez de ejecutar saltos en posiciones aerodinámicas y elegantes, aleteaba cuando iba en el aire, tratando de mantener el equilibrio para aterrizar correctamente. Fue ese peculiar aleteo el que le ganó el mote de El Águila.

Eddie Edwards fue el único atleta que se presentó para representar a Inglaterra en salto de rampa en las olimpiadas de invierno de Calgary ’88, por lo que obtuvo el pase directo, sin tener que eliminarse con ningún compatriota: en Inglaterra ese deporte era prácticamente desconocido —como cuando México envió a las olimpiadas a un competidor de trineo que entrenaba sobre un carrito Avalancha en una cancha de básquet (¿cómo le decían? ¿El Tuercas, o algo así?). Eddie el Águila, como era de esperarse, quedó en último lugar en las dos pruebas en que participó, pero se ganó el cariño del público canadiense y regresó a Inglaterra vestido de héroe. Incluso se le mencionó individualmente en la ceremonia de clausura de las Olimpiadas, y su nombre fue coreado por los 100,000 asistentes al evento, algo que nunca en la historia había sucedido en el rígido protocolo de esas ocasiones.

Eddie Edwards canalizó muy bien su fama: hizo comerciales de televisión, asistió a infinidad de programas de entretenimiento, escribió un libro e incluso grabó una canción llamada Fly Eddie Fly (que llegó al Top 50 inglés), y luego un par de canciones en finlandés. Algunos atletas y el Comité Olímpico consideraron que era una burla para la comunidad de saltadores el hecho de que un competidor tan malo se presentara a los Juegos, de modo que se creó una regla especial (conocida ahora como La Regla de Eddie el Águila) para impedir que Edwards calificara a la siguiente justa, a celebrarse en Albertville. La misma regla impidió la calificación del inglés a las siguientes dos olimpiadas de invierno, en Lillehammer y en Nagano, aunque él lo intentó.

Las últimas noticias que se tienen de Eddie indican que se está rodando desde enero de este año una película biográfica que será protagonizada por el gran comediante Steve Coogan (related search: Coffee and Cigarettes, Night at the museum).

IV: Música, maestro
Conocí hace poco por internet a alguien que se topó en una fiesta con Eddie Edwards, en Inglaterra. Me cuenta que es un tipo muy simpático, y que a la menor provocación se pone a cantar. Dice que en esa fiesta, como todos esperaban, Eddie agarró el micrófono y dio cuenta de Mun nimeni on Eetu, la canción que lo hizo famoso en Finlandia. Cuando le preguntaron que qué decía la letra, Eddie respondió “No tengo la más remota idea, no hablo finlandés”, y se echó a reir.

En el blog hay un video brevísimo de Eddie saltando: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

jueves, 13 de marzo de 2008

El salto de Bob Beamon



I: Buenos días
En 2003, los hermanos Andy y Larry Wachowski viajaron a Japón para producir una serie de cortos de animación que complementaron el universo creado en su trilogía de películas The Matrix. Uno de esos cortos, llamado World Record, dirigido por Takeshi Koike, cuenta la historia de un atleta, corredor de 100 metros planos, que durante una competencia en la que establece un nuevo récord mundial de 8.72 segundos, por un momento vive una experiencia extrasensorial y abandona su cuerpo para atisbar, en un instante de supremo esfuerzo físico, la Matrix misma, y darse cuenta por un segundo del verdadero estado de su existencia. Al cruzar la meta, y volver a su propio cuerpo, el atleta se colapsa física y mentalmente: la visión de su ser convertido en una batería biológica alimentando a la Máquina es simplemente demasiado para su cerebro, y pierde contacto con la realidad para siempre. Esto es en un cortometraje de ficción animada, alimentando un universo fantasioso. Sin embargo, las epifanías en los atletas no son algo exclusivo de la ciencia ficción. Las palabras misteriosas de hoy son: saltadores, segunda parte; The Zone.

II: Lejos lejos
Como decíamos en la entrega pasada, Iván Pedroso, saltador de longitud cubano, rompió en 1995 el récord mundial de la especialidad, con 8.96, pero el salto no le fue reconocido por argucias legaloides de los norteamericanos, que no podían ver a su campeón Mike Powell ser superado por un enemigo cubano. Además, Mike Powell había roto apenas por cinco centímetros el récord más longevo de la historia, que algunos de los lectores recordarán: Bob Beamon, México ’68, 8 metros con 90 centímetros. No iba a ser un cubano quien volviera a hacer historia.

Sin embargo, fuera de las marcas hechas en saltos válidos, ha habido casos espectaculares de saltos dados en situaciones no válidas para la competencia. Tanto Carl Lewis como Iván Pedroso llegaron a saltar arriba de los 9 metros, pero en ambos casos se trató de fouls (cuando el salto de apoyo se da por delante de la barra de plastilina que señala el límite del espacio legal para tomar impulso), y hay videos que atestiguan estos dramáticos momentos: impotencia y rabia por parte de los saltadores al darse cuenta de que sí lograron pasar la marca de los 9 metros, pero con un salto que no es considerado legal para los libros de récords.

Cuando Bob Beamon realizó su salto en la ciudad de México, en octubre de 1968, hizo pedazos un récord que desde principios de siglo había ido avanzando a razón de 6 centímetros por vez. Beamon nunca había saltado arriba de los 8.20, e incluso para clasificarse a la final en esas olimpiadas tuvo que esforzarse grandemente en su tercer salto, pues los dos primeros habían sido fouls. Sin embargo, ya en la final de la competencia, algo le pasó. Sin que él mismo supiera cómo, se vio saltando como nunca nadie lo había hecho, y se llevó la marca anterior por 55 centímetros, algo inconcebible e inexplicable dentro del mundo del atletismo, donde los milagros no son cosa de todos los días. Cuando los jueces quisieron medir el salto, se encontraron con que no era posible con el sistema óptico existente, ya que no llegaba la escala a tanto (nadie previó un salto así). Hubo que medirlo manualmente, y aún así, se convocó a varios jueces extras para que corroboraran la marca, tanta era su incredulidad. Cuando le informaron a Beamon la distancia que había saltado, 8.90, se colapsó de la impresión y sólo atinó a dejarse caer al piso mientras se cubría la cara con las manos. Algo le pasó, pero él mismo no sabía qué era. Nunca volvería a saltar más de 8.22.

III: La dimensión desconocida
The zone, también conocido en inglés como the flow (el flujo) es un estado al que acceden algunos deportistas en ciertos momentos de su carrera. Podría decirse que es el estado ideal absoluto para realizar su actividad, pues se trata de un punto en el que no hay nervios ni pensamientos negativos y toda su atención y concentración, así como la disposición física, se encuentran en una situación óptima para desempeñar la actividad física. Los reportes de la zona se han dado desde los años 70s, y hoy en día es un tema muy estudiado por psicólogos, médicos y atletas. Aunque en un principio podría ser considerada una cuestión mística o metafísica, además de eso se trata de un estado que ha sido estudiado científicamente y que actualmente nadie pone en duda. La cuestión es que no cualquiera llega ahí. Entrenamiento, preparación, práctica que da seguridad, una condición física y mental a toda prueba, son algunos de los elementos que pavimentan el camino a la zona.

Aunque lo escribió completamente en otro contexto, parece que el poeta jaliscience Ricardo Castillo se hubiera referido a estos atletas cuando en unos de sus poemarios habló de aquellos que “cayeron heridos por el impacto / más allá de cualquier destino verificable”.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com, hay varios videos de saltadores y saltos memorables en el blog, por si gustan. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

viernes, 7 de setiembre de 2007

Martes 28/ago/07: Los viajes en el tiempo

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I: Buenos días
(Después de toda la explicación técnica) “Así pues, parecería posible que, conforme avancemos en ciencia y tecnología, seamos capaces de construir un ‘agujero de gusano’ (wormhole) o de combar el espacio y el tiempo de alguna otra manera, de tal forma que pudiéramos viajar hacia nuestro pasado. Si tal fuera el caso, implicaría una gran cantidad de preguntas y problemas. Una de ellas es, si alguna vez en el futuro aprendemos a viajar en el tiempo, ¿por qué no ha venido alguien desde el futuro a decirnos cómo hacerlo? Aún si hubiera razones de peso para mantenernos en la ignorancia, siendo como es la naturaleza humana, resulta difícil creer que alguien no hubiera querido lucirse, y decirnos a nosotros, pobres campesinos ignorantes, el secreto del viaje en el tiempo”. Stephen Hawkings, físico inglés. Las palabras misteriosas de hoy son: viajes en el tiempo.

II: En la ficción
Aunque los viajes en el tiempo pueden encontrarse en la literatura desde la primera mitad del siglo XVIII, quizá el texto de ficción más antiguo sobre este tema que a la fecha sigue siendo popular sea Un cuento de navidad, de Charles Dickens, en el que al protagonista, Ebenezer Scrooge, le es dado contemplar el pasado y el futuro. Una de las primeras novelas que abordó el viaje en el tiempo utilizando tecnología y no solamente visiones, es La máquina del tiempo, de H. G. Wells. En 1911, las educadoras inglesas Annie Moberly y Frances Jourdain, directora y subdirectora, respectivamente, del Colegio St Hughes, de Oxford, publicaron bajo seudónimos el libro An adventure, en el que aseguraban haber viajado en el tiempo mientras visitaban el Palacio de Versalles, encontrándose de pronto en el año 1789, interactuando con personajes de la corte de María Antonieta. Este constituyó el primer registro de alguien que aseguraba haber viajado en el tiempo.

El sacerdote benedictino Pellegrino Ernetti (1925-1994), graduado en física cuántica, exorcista, y experto en música pre-polifónica, aseguraba que en los años 50s colaboró, junto al premio Nobel Enrico Fermi, y el ingeniero alemán Wernher Von Braun (responsable de la llegada del hombre a la luna), en la creación de una máquina llamada Chronovisor, que permitía al usuario contemplar en una pantalla cualquier escena de cualquier momento de la historia de la humanidad. Ernetti juraba haber asistido, entre otras escenas, a un discurso de Mussolini, a otro de Napoleón, y a la crucifixión de Cristo. La única “prueba” que aportó fue una supuesta fotografía del rostro de Jesús en la cruz, que luego se reveló como una tarjeta postal comprada en un pueblito cerca de Perugia.

El año pasado, Darren Daulton, catcher de los Phillies de Filadelfia entre 1983 y 1997 (.245, 588 RBI, 137 HR) aseguró en una entrevista a ESPN que él ha viajado en el tiempo, y que el 21 de diciembre de 2012, con el fin del calendario maya, él y otros, preparados para ello, desaparecerán de este plano de la existencia.

III: La ciencia
Todo esto viene al caso porque la semana antepasada los físicos alemanes Günter Nimtz y Alons Stahlhofen, de la Universidad de Koblenz reportaron haber roto la velocidad de la luz, algo imposible de acuerdo con la Teoría de la Relatividad Especial, publicada por Albert Einstein en 1905. Según los dos científicos, realizando experimentos con un fenómeno llamado quantum tunnelling, lograron transferir fotones a una distancia de hasta un metro de manera instantánea, superando la velocidad “oficial” de estas partículas elementales, que es constante (299’792,458 metros por segundo). Aunque Nimtz mismo acepta que esto no prueba que sea posible la transmisión de información a una velocidad mayor a la de la luz, la prensa no especializada rápidamente ha interpretado el anuncio como “el descubrimiento del viaje en el tiempo”, una implicación no del todo descabellada, pero también un tanto anticipada a la realidad.

Si el experimento de Nimtz y Stahlhofen es genuino, nos encontramos en un momento de la historia similar al que vivieron los europeos a principios del siglo XVI cuando hubo que desechar el paradigma de la tierra plana, pues la explicación del universo que actualmente es aceptada por la ciencia a partir de Einstein sufriría un duro golpe, y habría que repensar el concepto de espacio-tiempo, así como posiblemente abrir la puerta a la idea de los viajes en el tiempo. Insisto, esto lo decimos los de la prensa no especializada, y hasta ahora es especulación, pues no han pasado ni quince días desde el anuncio, pero de ser cierto, estaríamos ante un parteaguas cuyas implicaciones no podemos ni siquiera intentar concebir desde donde nos encontramos en este momento.

IV: Por lo pronto tenemos el cine
En lo personal, la mejor película que conozco sobre viajes en el tiempo es Primer, dirigida, producida y protagonizada por Shane Carruth. Con 7000 dólares, el cineasta norteamericano realizó esta cinta que obtuvo en 2004 el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance. Primer es una película intrincadísima, llena de saltos en el tiempo y paradojas, que demanda una gran atención del espectador y que hay que ver más de dos veces, pero que satisface a los amantes del género. Para los interesados, les comparto una joya de la ciencia ficción que pueden encontrar en mi blog: La jetée, de Chris Marker, el cortometraje que inspiró la cinta Twelve monkeys, de Terry Gilliam. Lo encuentran en: ernestocortes.blogspot.com. El correo: ernesto@cuerdacueroycanto.com

lunes, 27 de agosto de 2007

La jetée

Este es el "photo-roman" en el que Terry Gilliam se inspiró para su película Twelve Monkeys.

En algún momento alguien tuvo la cortesía de subirla a Youtube en versión original, en francés, con subtítulos en español. Desgraciadamente "it was removed due to violation of terms". Inexplicablemente, pero afortunadamente, la versión en inglés no ha sido borrada, así que disfrutémosla mientras dure.


Voilà


Primera parte:


Segunda parte:


Tercera parte: