Conciencia

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miércoles, 16 de setiembre de 2009

Sábado 13/sep/09: Josmar Flores, el "secuestrador aéreo"




I: Buenos días
“¡Exijo que le den siete vueltas al aeropuerto del DF, tenemos que deshacer un maleficio!”, dicen que dijo el secuestrador. “Uy, pues fíjese que no se va a poder, porque el combustible no alcanza”, fue la respuesta del capitán, que no se inmutó y se tomó con toda seriedad lo que al final se revelaría como una mascarada que, más que glorificar a las fuerzas de la ley y el orden que tomaron el avión, puso en ridículo a las instituciones de seguridad en México, que supuestamente deberían ser las más avezadas en estos tiempos de guerra contra el crimen. Lo curioso del asunto es que todo haya sucedido justo el día en que se anunciaban nuevos impuestos y medidas absurdas como la desaparición de la Secretaría de Turismo (¿y el megaprograma ese de Vive México?). Curioso también es que les hayan dado todas las facilidades a los medios de comunicación para transmitir en vivo desde el lugar de los hechos. Lo chistoso empezó cuando, muy gallitos, los encapuchados subieron las escalerillas del avión a paso veloz y se quedaron atorados en la puerta; el absurdo alcanzó su punto pleno cuando el detenido confesó sonriente que las bombas “eran unas latas de Jumex que llené de tierra y les puse una lucecita”. Las palabras misteriosas de hoy son: de locos, fechas, profetas.

II: Hoy hace un buen día
Estoy dando clases de español a un grupo de holandes@s (y aprendiendo algo de holandés, ya encarrerados), y mis alumnas me cuentan que lo primero que pensaron cuando vieron la fecha 9-9-9 fue en matrimonio, de modo que les pareció increíble que a alguien la fecha se le hiciera buena para secuestrar un avión por revelación divina. Sucede que en Holanda a la gente le gustan este tipo de fechas de cifras coincidentes para casarse. Nada menos, el príncipe Willem Alexander se casó con la argentina Máxima Zorreguieta el 2-2-2, así que la idea de que a alguien se le ocurra una maldad como la del tal Josmar Flores nomás por el tipo de fecha, resulta absurda.

III: “El mar peligra por falta de alimentos”, dice.
Profetas ha habido en todos los tiempos y lugares de la civilización humana. En Colima también tenemos los nuestros, aunque por lo general no lleguen al gran público, dado que criterios editoriales en los medios (y el sentido común, claro) impiden que se difundan en masa los mensajes de los que ven el futuro. Hay por acá un personaje que cada tanto envía sus comunicados a todos los periódicos, intentando llamar la atención de las autoridades para ofrecer una solución (que no describe) a los problemas mundiales. Cito uno de sus comunicados de finales de 2007, respetando la ortografía y la sintaxis originales:

“Mr. Ban ki moon, presidente calderon, gobernador Silverio, presidente bush y al mundo en general, ofrezco que el campesino global levante gigantescas cosechas en todo el mundo y de paso acabar con el calentamiento global, plagas y epidemias apocalípticas, a cambio de 200 dólares por hectárea anuales a nivel mundial por un trabajo de 25 años”. Este personaje asegura que de la humanidad pasará por muchas tribulaciones de aquí al año 2019, “a menos que el mundo en general me de el trabajo que he estado solicitando desde el año de 1979, y si ese trabajo no me lo dan [habrá] muchos problemas de hambre agrícolas, económicos, ecológicos, geológicos y epidemiológicos”.

IV: Politilocos
Hay personas no del todo completas en sus facultades mentales que intervienen en la vida pública para causar hilaridad involuntaria. Aquí en Colima tuvimos en las pasadas elecciones al loquito que se autonombraba precandidato del PRI a la gubernatura y se decía amigo (por Facebook) de Salinas de Gortari y Vicente Fox. Hay otras que causan revuelo momentáneo y distracción salvadora para el gobierno, como el Josmar Flores y su secuestro por orden divina. Hay, sin embargo, otras que de la risa nos han llevado a la alarma, y que son la manifestación posmoderna de la pesada losa de surrealismo político que hemos cargado por tantos años: ahí tienen a Juanito.

Estamos en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@CuerdaCueroyCanto.com.

sábado, 28 de abril de 2007

Jueves 26/abr/07: Legalizaciones II

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I: Buenos días

A dos cuadras de haberse bajado del tren en Ámsterdam, uno es abordado por un tipo que pasa caminando como si nada y murmura “cocacocacocacoca” y lo mira a uno de reojo mientras continúa caminando, casual pero atento a la reacción. Más adelante otro se atraviesa en el camino y, a manera de disculpa, voltea y dice “extaextaexta” y luego sigue su camino, para voltear cinco pasos después y averiguar si uno lo está siguiendo. Tres cuadras después, un tipo malencarado recargado en la esquina de un callejón susurra “acidacidacidacid”. Las palabras misteriosas de hoy son: El caso Holanda.

II: información y leyes

En su edición de mayo de 2004, el American Journal of Public Health publicó una investigación de los doctores Craig Reinarman (Departamento de Sociología, Universidad de California), Peter D. A. Cohen y Hendrien L. Kaal (ámbos del Centro de Investigación de Drogas, Universidad de Ámsterdam). En este documento, los investigadores presentaban los resultados de un estudio comparativo sobre droga y leyes entre las ciudades de Ámsterdam y San Francisco, concluyendo que no hay evidencia que sustente la afirmación de que la criminalización reduce, o que la descriminalización aumenta, el uso de drogas.

Esto lo sabían o lo intuían los legisladores holandeses que, casi tres décadas antes, introdujeron reformas a la ley que dieron paso a una política de, primero, tolerancia hacia el uso de drogas blandas y, después, la legalización total de las mismas. La clave estuvo en la información científica y en la diferenciación entre dos categorías de estupefacientes: los que producen adicción física, conocidos como drogas duras (cocaína, heroína, anfetaminas…) y los que no producen adicción física, o drogas blandas (marihuana, peyote, hongos…). Las primeras estaban causando (siguen causando) problemas a la sociedad holandesa. Las segundas, consideraron, no representaban un peligro en términos de salud pública, y su uso podía legalizarse y, hasta cierto punto, controlarse. 1976 señaló el inicio de este nuevo marco legal. Hace 31 años, los holandeses hicieron lo que hoy en día está asustando a algunos mexicanos: la legalización de las drogas blandas y la disminución de problemas causados tanto por los usuarios como por los distribuidores.

Con todo, el problema está lejos de haberse terminado, y el sistema holandés dista de ser perfecto. Las drogas duras abundan en Holanda, y son ofrecidas todo el tiempo en la calle por vendedores de aspecto turbio. El gobierno holandés ofrece al visitante una guía turística donde en el apartado “Drogas” advierte sobre los peligros de adquirir drogas fuera de los establecimientos autorizados: ni la calidad ni la autenticidad de la droga está garantizada, y esos contactos generalmente llevan al turista a un asalto o, en el “mejor” de los casos, a una venta que puede terminar en arresto.

La proliferación de las drogas duras es un flagelo que existe en todo el planeta, principalmente en los países de primer mundo, aunque últimamente los que eran considerados países “de paso” se están convirtiendo también en consumidores. Este es un problema complejo y en el que intervienen muchísimos factores, que van de lo familiar a lo social, y cuyo combate no comienza con matar a los que la venden, sino con ayudar a los que la consumen y educar a los que la podrían consumir.

A pesar del fracaso parcial en su combate a las drogas, ni en Holanda, ni en Portugal se escuchan noticias de diez policías asesinados por el narco cada día, como en México. Los muertos los estamos poniendo nosotros, y los avances no se ven: lo único que remonta imparable es la gráfica de los ejecutados. A problemas tan graves como los causados por los cárteles de la droga en nuestro país, es necesario enfrentar una estrategia diferente. Décadas de lo mismo han demostrado que el combate a balas es una bravuconería fútil. De Caro Quintero al Chapo Guzmán la cosa no ha hecho más que ponerse peor, así que la respuesta debe de estar por otro lado. ¿Estará considerando Calderón las repercusiones sociales e históricas que una cultura de violencia representa? Ya nos estamos acostumbrando a los muertos diarios, y eso no puede ser bueno. Urge un cambio de estrategia, y ésta puede ser una nueva legislación, pensada, coherente, científica, acorde a los tiempos y a las circunstancias. Los prejuicios y los arropamientos moralistas no pueden seguir bloqueando las posibilidades sociales.

Más allá de si se legalizan o no algunas drogas, el gobierno debe comenzar a considerar que es más redituable para la sociedad darle un libro a un adolescente que matar a un narcotraficante. No hay que parar la lucha, pero sí hay que orientarla por otro rumbo.