Conciencia

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sábado, 3 de noviembre de 2007

Sábado 3/nov/07: Gaia


I: Buenos días
En Tabasco y Chiapas es la catástrofe, con ríos desbordados, lluvias torrenciales, y más de un millón de damnificados. Mientras tanto, el huracán Noel causa estragos en Cuba, Haití, Bahamas y República Dominicana, y se dirige hacia Estados Unidos y, de manera extraordinaria, a Canadá, donde ya entraron en alerta en la provincia de Nueva Escocia. Desde Ontario, allá en Canadá, me escriben unos amigos: “Estamos bien, gracias – observando cómo el otoño se aferra. Ha sido un octubre notablemente caluroso hasta ahora, pero las temperaturas empiezan a cambiar poco a poco. El clima inusual ha puesto a todo el mundo a hablar sobre el calentamiento global”. El miércoles pasado, entrevisté a un productor de limón que se lamentó de la cosecha de este año: con el calentamiento global, me dijo, los ciclos naturales están alterados y eso está afectando mucho al campo. Las palabras misteriosas de hoy son: cambio climático, Gaia.

II: Gaia
“La Teoría de Gaia contempla la Tierra como un sistema autorregulado que surge de la totalidad de organismos que la componen, las rocas de la superficie, el océano y la atmósfera, estrechamente unidos como un sistema que evoluciona. La teoría afirma que este sistema tiene un objetivo: la regulación de las condiciones de la superficie para que sean lo más favorables posible para la vida que en aquel momento pueble la Tierra”. Postulada originalmente como “Hipótesis Gaia” a principios de los 70s por los biólogos Lynn Margulis y James Lovelock, la Teoría de Gaia contradijo la tesis hasta entonces aceptada, de que la vida se adapta a las condiciones del planeta, y que la una y el otro (vida y planeta) evolucionaban de manera separada. No fue sino hasta 2001, con la Declaración de Ámsterdam, un forum donde estaban representadas las principales organizaciones que se ocupan del cambio climático global, que la tesis central de la Teoría de Gaia fue “aceptada oficialmente” por la comunidad científica mundial, bajo el nombre de Ciencia del Sistema Tierra, concluyendo que “la Tierra se comporta como un sistema único y autorregulado, formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos”.

Gaia, según Lovelock, está constituida por la capa esférica que rodea el magma del interior de la Tierra y que se extiende hasta la termosfera, a unos 170 kilómetros sobre nuestras cabezas. Es en esta capa esférica de algunos 330 kilómetros de grosor que se combinan la biosfera y un sistema fisiológico dinámico que genera las condiciones precisas para la vida. Gaia tiene un objetivo: la regulación del clima y de su composición química para favorecer la vida. A diferencia de algunas derivaciones New Age de su teoría, él no da a la Tierra un sentido necesariamente místico, ni habla de una “consciencia” como tal del planeta, pero sí deja claro que se trata de un sistema que durante 3 mil millones de años se las ha arreglado para ofrecer las mejores condiciones a la vida, haya sido ésta bacteriana, invertebrada y simple, o vertebrada y compleja (por decir algo), como a nosotros nos ha tocado.

El problema es que el equilibrio que durante esos tres mil millones de años de vida ha conservado Gaia, se está perdiendo de manera vertiginosa en lo que, en términos astronómicos, no es más que un suspiro: el desarrollo industrial de los humanos, consolidados como especie dominante en la biosfera terrestre. A través de la explotación de los recursos naturales y la emisión de residuos dañinos, así como el crecimiento desordenado, siempre en nombre del desarrollo, los humanos nos las hemos ingeniado para desbalancear irremediablemente el sistema.

Estamos muy mal preparados para nuestro viaje al futuro, dice Lovelock, quien afirma también que a estas alturas ya no es posible seguir hablando de “desarrollo sustentable”. Lo que el mundo necesita, dice, es una “retirada sustentable” de la guerra en la que nos hemos metido, sin pretenderlo, con Gaia. A fin de cuentas, no es que estemos verdaderamente amenazando a Gaia —que en palabras de Lynn Margulis, “es una tipa dura”—; la amenaza es contra nosotros mismos, porque eventualmente el sistema se autorregulará para deshacerse de la enfermedad que está truncando el equilibrio, como ha hecho en otros momentos de su larga historia.

El cambio climático, con sus consecuentes inundaciones, sequías, deshielos, huracanes y demás, es solo una manifestación de la dolencia que estamos inflingiendo a la Tierra. Desgraciadamente lo urgente no nos está dejando ver lo importante, the big picture. Urge rescatar a los damnificados por los desbordes en Tabasco y urge recoger el petróleo que se derramó esta semana en el Golfo de México. No hay tiempo para pararse un poco a reflexionar sobre el estado mayor de las cosas.

Hay otras urgencias, como generar empleos a como dé lugar, detonar el desarrollo industrial, propiciar la derrama económica para las regiones. Sin embargo, para estas urgencias tampoco se está viendo más allá de los seis años que dura un político en su puesto, y este es otro factor que nos está conduciendo más rápido a la debacle.

Apenas estamos reconociendo la existencia de un problema: el calentamiento global y el consecuente cambio climático. No hemos terminado de entenderlo, y tardaremos aún más en hacer algo realmente efectivo para solucionarlo. Como individuos, como entidades biológicas que forman parte del Sistema Tierra, o de Gaia, una necesidad imperiosa es la de la información, para de ahí transitar a la conciencia, y recalar en la acción que nos permita ya no recuperar los estándares de hace dos siglos, pero sí arribar a una simbiosis aceptable entre todos los elementos del sistema, que nos permita seguir siendo huéspedes del planeta un poquito más.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com

sábado, 21 de julio de 2007

Sábado 14/jul/07: Los bonos de carbono

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I: Buenos días
Dos grandes eventos mediáticos –como se dice ahora- tuvieron lugar el pasado fin de semana; dos funciones para hacernos sentir ciudadanos del mundo y para despertar la conciencia, o algo así: en Lisboa, el anuncio de las nuevas siete maravillas del mundo, del que ya hablamos el martes, y en otras once ciudades repartidas por el globo, el concierto Live Earth, según esto para salvar la Tierra. Las palabras misteriosas de hoy son: concierto, bonos de carbono.

II: Conciencia ecológica
“La plataforma Larsen B de la atlántida (sic, con todo y minúscula) se colapsó entre enero y marzo de 2002”. Pensé que había leído mal, pero TvAzteca volvió a pasar el letrerito. “La Atlántida”, repetí asombrado. Bonita conciencia ecológica está desparramando don Ricardo Salinas Pliego. La transmisión de los fragmentos escogidos del Live Earth en la televisora del Ajusco fue la repercusión local del llamado global que hizo Al Gore para la realización de un concierto de 24 horas en diversas sedes de todo el globo. Al menos en lo que fuel a transmisión mexicana, los presentadores no tuvieron empacho en ensalsar a Al Gore e incluso insinuar que sería un buen presidente de los EU para el siguiente periodo. Pero más que nada, sirvió como pretexto para vender, vender y seguir vendiendo, tanto durante los comerciales como durante la transmisión y los comentarios de los presentadores. De acuerdo con los organizadores, la contaminación provocada por el concierto sería pagada con bonos de carbono, lo que nos lleva a...

III: La deuda de carbono
Existe un indicador internacional llamado “huella de carbono”, que representa la cantidad de emisiones de dióxido de carbono que una persona, una empresa, un país o, como en este caso, un evento, provocan por su actividad. Nosotros contribuimos, directa o indirectamente, de manera diaria a las emisiones de carbono, al usar un automóvil, prender un calentador de agua, encender la televisión (la generación de esa electricidad resulta en emisiones carbónicas), e incluso comprar vinos importados (el transporte de ese vino generó contaminación). La huella de carbono promedio en el mundo anda alrededor de las 11 toneladas por año, por persona. También se pueden hacer cálculos personalizados, de acuerdo a los hábitos de un individuo. La huella de carbono de Madonna, por ejemplo, una de las principales estrellas del Live Earth, ha sido calculada en 1,018 toneladas por año. El concierto en sí, tuvo un costo de 31,500 toneladas de carbono, incluyendo electricidad, jets privados para las estrellas, transporte de equipo, etc.

IV: Los bonos de carbono
Para apaciguar las conciencias de los individuos y las empresas, es que existen los negocios especializados en la venta de bonos de carbono. Explicado muy burdamente y en este contexto, los bonos de carbono son “permisos para contaminar”. Burdamente, digo. Un poco más detalladamente, un bono de carbono es el crédito para emitir una tonelada de dióxido de carbono a la atmósfera. Hay compañías que generan créditos de carbono al implementar estrategias para contaminar menos, o realizar acciones como plantar árboles o limpiar lagunas. Así, una empresa muy contaminante puede comprar bonos de carbono de otra empresa más ecológica, y hay todo un mercado para ello. Los individuos también pueden comprar bonos de carbono, y hasta enmarcarlos y regalarlos en navidad. Emitir una tonelada de CO2, o más bien limpiar el pecado de hacerlo, cuesta entre 5 y 30 dólares, según a quién se le compre, según a quién se le crea.
No todos los que venden bonos de carbono plantan arbolitos. Algunos están haciendo cosas bastante temibles, disfrazadas de “ayuda al medio ambiente”. Ya hablaremos, en otra ocasión, de la geoingeniería.

V: Aguas
Con el llamado a la consciencia, se vienen muchas trampas y vivales actuando a nivel global. Hay que estar atentos, y sobre todo, informados, porque la complejidad del problema puede orillarnos a las soluciones fáciles, que en realidad no son tal. Estas y otras palabras en ernestocortes.blogspot.com. Yo los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com.