Conciencia

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sábado, 8 de enero de 2011

Columna Lítica s02e04: Ted Williams, o De la fama en los tiempos de la red



I’ve heard of a man
Who says words so beautifully
That if he only speaks their names
Women give themselves to him.
-Leonard Cohen
I: Buenos días
Ted Williams, de 53 años, sobrevivía pidiendo limosna en una salida de la autopista I-71 en Columbus, Ohio, cambiando palabras por monedas. Un letrero pintarrajeado en un pedazo de cartón contaba su historia: “Tengo una voz que es un regalo de Dios. Soy un ex anunciador de radio que ha caído en tiempos difíciles. ¡Por favor! Toda ayuda será apreciada con gratitud. Gracias y que Dios te bendiga. Felices fiestas”. Ted llevaba 14 años en la calle, viviendo en campamentos de vagabundos, entre quienes era conocido por su sobrenombre: Radio Man, porque su educada y suave voz de barítono contrastaba con su aspecto desaliñado y derrotado. En los 80s, el paso por la escuela le había dejado a Williams una voz agradable, con presencia y calidez, que puso al servicio de estaciones radiofónicas de Ohio y Carolina del Norte, pero el abuso de alcohol y drogas fue inclinando su estilo de vida y terminó en la calle, dejando muy atrás la convivencia familiar y el trabajo respetable. Williams empezó el año 2011 sin imaginar que de la noche a la mañana, literalmente, su existencia iba a cambiar. Las palabras misteriosas de hoy son: 15 minutos.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Columna Lítica s02e01: Morirse en Facebook


I: Buenos días
La Jornada Semanal, suplemento cultural y literario del diario nacional, tituló “A cinco años del fin del mundo” su última edición de diciembre de 1995. En aquella ocasión, dedicaron las 8 páginas a la publicación de cuentos de autores jóvenes que escribían sobre el año 2000 desde perspectivas que iban de lo apocalíptico a lo jocoso. Naief Yehya, pionero en México del análisis de la red, escribió para la ocasión un cuento en el que la esposa del protagonista, al morir, se convertía en un sitio web. En ese entonces los sitios web eran una rareza en México, y apenas se comenzaba a vislumbrar su potencial comercial y social, así que la propuesta literaria de Yehya sonaba extravagante: que al dejar de existir en el plano vital, uno se convirtiera en líneas de código programado para seguir viviendo en la red. Hoy, a una década del fin del mundo que no fue, la literatura se ha hecho realidad. Las palabras misteriosas de hoy son: la muerte en los tiempos de la red.

martes, 18 de marzo de 2008

Martes 18/mar/08: Líos de faldas... y de pantalones

(Nótese que Spitzer y su esposa ni se voltean a ver)





I: Buenos días
Eliot Lawrence Spitzer, hasta la semana pasada gobernador del estado norteamericano de Nueva York, se había distinguido a lo largo de su desempeño como funcionario por su imagen pública de honestidad y rectitud a toda prueba; no en vano llevaba el apodo de Mr. Clean (versión gringa del limpiapisos que conocemos como Maestro Limpio). Su imagen de hombre de familia se vino abajo junto con su carrera política cuando salió a la luz su relación con una agencia de prostitución de lujo hacia la que el gobernador había destinado fuertes pagos por concepto de servicios personales. Así, acompañado de una elegante, digna, pero distante y muy encabronada esposa, Spitzer hubo de renunciar a la gubernatura de viva voz, pidiendo perdón a los ciudadanos y, sobre todo, a su familia. Había escalado tanto en la pirámide del poder norteamericano esgrimiendo su honestidad, que la caída fue particularmente estrepitosa. Las palabras misteriosas de hoy son: políticos, faldas, pantalones. Primera parte.

II: Oremos
“El nuestro es un mensaje viejo, comunicado de una manera nueva”, decía el pastor Ted Haggard, quien hacia finales de 2006 era una de las figuras religiosas más influyentes de Estados Unidos. El fundador de la iglesia Nueva Vida era también el líder de la Asociación Nacional de Evangélicos (ANE), aglutinando a 30 millones de fieles, entre ellos el presidente Bush, de quien Haggard era consejero personal y con quien se comunicaba telefónicamente cada lunes. Según Haggard, la congregación crecía a un ritmo de una iglesia nueva cada dos días, y dados sus índices de crecimiento, los números hacían a Nueva Vida el grupo más dinámico y con mayor crecimiento de la cristiandad.

En Nueva Vida no solo se rezaba y se hablaba en lenguas, también se cantaba rock cristiano y se oraba por internet. Asimismo, había campamentos de verano para niños en los que se les inculcaba la fe cristiana y republicana: el documental Jesus Camp muestra a un grupo de niños evangélicos rezando ante una fotografía montada en cartón del presidente Bush. Digamos que Haggard era el ala pastoral del Partido Republicano. Usando su influencia política, el pastor Ted se opuso virulentamente a que en el estado de Colorado se aprobara una ley que permitía las uniones entre personas del mismo sexo. La vehemencia fue su error.

En noviembre de 2006, en lo mero bueno del debate homofóbico, se hizo público que el pastor Ted Haggard no solo era homosexual, sino que consumía anfetaminas. Este alegato provino de un prostituto llamado Mike Jones, quien había ayudado al reverendo a proveerse de droga, y con quien éste había mantenido una relación (pagada, eso sí) de más de dos años. Para pronto todos se desmarcaron: la Casa Blanca dijo que las llamadas eran en realidad muy esporádicas, la ANE dijo que Haggard era en realidad nada más el líder nominal, pero no el espiritual; corrió la cucarachiza. Aunque inicialmente negó todo, finalmente Haggard aceptó ser homosexual, pero aseguró que la droga la compró pero nunca la usó, que nada más la tenía por curiosidad.

En enero de 2007, los altos mandos evangélicos le dieron terapia intensiva y en un lapso de tres semanas anunciaron la feliz nueva: el (ex)pastor Haggard es heterosexual de nuevo. Luego, llegaron a un acuerdo con él: un año de salario (USD$138,000) a cambio de que se mantuviera callado y fuera de la vista, relevado, por supuesto, de todos sus cargos. Haggard rompió el acuerdo en agosto cuando hizo pública una carta indicando que se mudaría al centro de recuperación Dream Center, pidiendo dinero a sus amigos y seguidores, con la finalidad de asistir a la Universidad de Phoenix y obtener un título en psicología. Las autoridades evangélicas negaron lo del Dream Center (administrado por ellos) y censuraron la petición de Haggard, ordenándole que más bien se buscara un trabajo secular. El 6 de febrero de 2008, la Iglesia Nueva Vida dio a conocer en un comunicado de prensa que “la restauración de Haggard está incompleta” y que él no es bienvenido a la Iglesia nunca más.

III: Mientras tanto, entre los saguaros del desierto sudcaliforniano…
René Núñez, ahora alcalde de Los Cabos (por el PRD) hizo una campaña basada en los valores familiares, con promocionales grabados en su casa, entre fotos de los seres queridos (por cierto, quien le hizo la campaña oficial estudió en la Universidad de Colima, todo un personaje). En esas andaba cuando sus adversarios hicieron público un video (y luego unas fotos) en l@s que aparecía teniendo relaciones sexuales con una mujer que no era su esposa (y luego con dos muchachas que tampoco). Él salió a dar una conferencia de prensa diciendo “el del video no soy yo”. Atrás de él estaba su esposa, abrazándolo y mirándolo arrobada, como diciendo “qué grande es mi viejo, chingao”. Dos días después, la presidencia nacional del PRD hubo de rendirse a la evidencia: sí era él el del video. Pero no se preocupen, dijeron, antes que afectarlo, el video y las fotos le van a ayudar, sobre todo entre la población femenina. Por una vez, el PRD tuvo razón. René Núñez, actor porno y político, arrasó con la presidencia municipal de Los Cabos. Y ahí anda, despachando, bien contento.

“Pos es que a la palomilla le gusta tener un presidente culiador, pueh”, dice mi amigo que le hizo la campaña.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Como siempre, hay videos y otras cosas en el blog. Los leo: ernestocortes@itesm.mx

miércoles, 24 de octubre de 2007

Martes 23/oct/07: Publicidad hasta acá



I: Buenos días
“¿Cuál es tu número de celular?”, me preguntó mi amigo. Le dicté los siete últimos dígitos. “Eres Telcel, ¿verdad”. “Yo no soy Telcel —le contesté muy ofendido—, mi celular es de esa compañía, pero yo no soy Telcel”. Las palabras misteriosas de hoy son: publicidad al ataque.

III: Lléguele, lléguele
Dice el cómico escocés Craig Ferguson que odia los infomerciales, en primer lugar porque son su competencia (12:30 de la noche por CBS), y en segundo, porque se las arreglan para inventar un problema que no tienes y luego venderte una solución que no necesitas.

Así pasa con muchas de las cosas que se nos ofertan diariamente a través de infinidad de medios: la tele, la radio, impresos, espectaculares, letreros, carteles, en la panza de los autobuses, e incluso en el interior de algunos camiones urbanos que cuentan con esas terribles televisiones que vomitan publicidad como si quisieran volverlo a uno zombi. Por todos lados se nos venden cosas. Ni qué decir del teléfono, el celular, el correo, la fila del banco, la salida del súper, internet, y las ubicuas botargas del Doctor Simi. Por todos lados hay alguien queriendo vendernos algo, de tarjetas de crédito a pócimas para asegurar la erección.

Con tanta competencia, y tanta piratería en servicios y productos, los publicistas han tenido que afilar el mensaje, y apuestan ahora a que sus productos sean parte de nosotros, y emplean verbos y formas gramaticales en los que se invade al individuo y se pervierte el sentido de las cosas. Aceptamos diariamente mensajes absurdos y transgresores que por lo repetitivo se han hecho naturales: “El lado Cocacola de la navidad”, “la vida es mejor con Sabritas”, “soy totalmente Palacio”, “yo soy Telcel y tú también”, “Powerade está en ti”, “el esternocleidomastoideo es propiedad de Bengué”.

II: Insight
Estaba en una taquería. Pedí agua fresca, pero no había. Me dirigí, resignado, al refrigerador de puerta transparente donde estaban los refrescos. “Manzana o Mirinda”, pensé mientras me acercaba. Mi mano dudó un segundo al dirigirse a las botellas, pero a medio camino vino a mi cabeza una imagen del Blue Man Group, la compañía de percusionistas que hizo comerciales de Mirinda (y de los procesadores Intel) hace algunos años, y mi mano se decidió por la botella de líquido naranja. Perdí.

IV: Información
El año pasado, en Ottawa, una amiga que estaba embarazada recibió por paquetería unas latas de fórmula para bebé, enviadas por la compañía que las fabrica. Se asustó. ¿Cómo sabía la compañía que ella estaba embarazada? Fácil: penetrando en la base de datos del sistema nacional de salud, a través de algún funcionario corrupto. Si esto ocurre en Canadá, pensé, ¿qué no podrá ocurrir en México?

Los registros de salud, el padrón electoral, el sistema tributario, la información de las empresas y sus empleados, la matrícula de las escuelas, los servidores de correo electrónico y las comunidades en línea como Myspace o Blogger, son bases de datos muy valiosas. En estos tiempos de comunicación instantánea, de capacidades astronómicas de almacenamiento y manejo de datos, de mercaderes desesperados por vendernos sus abalorios, hay que andarse con cuidado y redefinir el concepto de privacidad. Tanto las instituciones como los individuos tenemos la obligación de asegurar la confidencialidad de ciertos datos y de manejar éticamente la información que se resguarda. Por el momento los resultados visibles de la indiferencia a los pasos de la publicidad son correo no deseado y llamadas telefónicas molestas, pero en un futuro no muy lejano los publicistas se van a soltar en serio si no se establecen reglas nuevas al juego.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com

domingo, 9 de setiembre de 2007

Sábado 8/sep/07: La privacidad en los tiempos de la red

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

I: Buenos días
Hace unos días recibí una llamada en mi celular: “Buenas tardes señor Cortés, le estamos llamando de asñsdnij fncdñl (ininteligible), somos una empresa que nos dedicamos a dar cursos de idiomas para profesionistas, obtuvimos su teléfono por las bases de datos que nos proporcionaron la Universidad de Colima y el Tecnológico de Monterrey, le llamamos para ofrecerle un curso de inglés”. La palabra misteriosa de hoy es: privacidad

II: Y entonces
Se me revolvió la panza. Si algo aprecio es mi privacidad, y el hecho de que una empresa de lo que fuera tuviera mi número de teléfono celular me provocó mucho coraje. “No gracias, no me interesa su curso, ya hablo inglés”, y apenas le iba a preguntar de nuevo el nombre de la empresa y cómo obtuvieron mi teléfono, cortaron. Me quedé desconcertado. No hay manera alguna de que una base de datos en la Universidad de Colima tenga mi celular, a menos que ya se dediquen al espionaje externo; y en el Tec de Monterrey –que sí lo tienen- son muy cuidadosos con esa información. Incluso, los empleados firmamos una cláusula de confidencialidad cada inicio de semestre, se cuida mucho la información privada de todos, y estoy seguro de que ni mi jefe ni ningún otro empleado vendió mi número de teléfono.

Rato después, se fue aclarando todo a partir de las elucubraciones. No es tan difícil, después de todo, que consigan mi número: alguien en Telcel se los puede haber vendido. Si en el IFE vendieron al gobierno de Estados Unidos todo el padrón electoral, y si en el IMSS hicieron lo propio con el mismo cliente, no veo por qué un trabajador corrupto de Telcel no haya vendido mi número como parte de una base de datos más grande. O más fácil, que la empresa asñsdnij fncdñl sea propiedad de Carlos Slim, lo cual es menos descabellado aún.

III: El vigilante vigilado
“Hay una historia que me gusta mucho, y que trata de un caso en Boston, en donde un reportero fue a una tienda de Radio Shack, y compró tecnología muy básica, cosas sencillas de conseguir, y luego fue a un barrio en los suburbios. En muchas casas de estos barrios tienen las llamadas nanny cams. Bueno, con los componentes que compró, este reportero pudo obtener la señal de las nanny cams y mirar todo lo que sucedía dentro de las casas. Así que en vez de que la nanny cam sirva para proteger la casa, o para ver qué están haciendo los niños, o cosas así, puede ser usada por alguien afuera, un espía o un ladrón, para ver dentro de la casa. Así, las cámaras tenían exactamente la función opuesta a su propósito original.” Entrevista a Pat Mooney, Ottawa, octubre de 2006.

IV: Repensar la privacidad
Tengo una muy intensa vida cibernética. Uso cinco cuentas de correo electrónico, hace medio año compré un dominio web al que le doy un buen uso (CuerdaCueroyCanto.com), tengo tres blogs, dos cuentas en Youtube con más de 30 videos en total, una cuenta en Photobucket con más de 100 fotos, dos cuentas en Myspace, un perfil en Friendster, otro en MSN Spaces, y al teclear mi nombre más “colima” en Google, aparecen 118,000 resultados, de los cuales al menos los primeros 18 tienen que ver directamente conmigo.

Hace algunos meses, borré todas las fotos de mi página en MSN Spaces. Tenía más de 10 álbumes con fotos mías, de mi casa, de mi familia, de mis alumnos, de mis amigos, en fin. Borré todo. Tarde, pero me llegó la conciencia de que todos estos servicios de internet son un caballo de Troya, y que a través de ellos ofrecemos a las corporaciones y a los gobiernos la información privada que antes tenían que investigar. Les hacemos más fácil el trabajo a estas instancias, que gracias a los datos que les damos trazan más fácil nuestro perfil de consumo y de preferencia política. Toda la información que nosotros proveemos a través de internet es utilizada para que los gobiernos y la industria refinen su mensaje al público, manipulen mejor la política y sean más exitosos comercialmente.

La semana pasada, en su columna El Blogg de Feraluj, Fernando Álvarez hablaba de unas muy útiles herramientas que Google provee para que uno busque archivos en su computadora. Sí, funcionan muy bien, pero son también un quiste espía que uno gustosamente instala en la computadora para rendir toda la información personal a una de las corporaciones más grandes y temibles de la actualidad. Por eso yo insisto tanto: hay que repensar la privacidad en estos tiempos de comunicación electrónica. Estamos todavía deslumbrados por la novedad, pero es importante ver lo que hay detrás de los espejitos de colores. En esta época de satélites, hay que empezar a caminar en zigzag.

viernes, 29 de junio de 2007

Martes 26/jun/07: Privacidad y mente II

I: Buenos días
Decíamos entonces que en el siglo XIX el peligro más grande para la privacidad de los pensamientos, según la percepción popular, eran los mentalistas. Decíamos también que, en los 80s, para el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, al hombre le faltaban poco más de 22 mil años para desarrollar la tecnología que permitiera la interacción directa entre cerebro y computadora. Finalmente, comentábamos que la interacción cerebro-computadora es una realidad en nuestros días. En esta entrega cerramos el tema. Las palabras misteriosas de hoy son: privacidad y cerebro, segunda parte.

II: Tecnología
Los implantes globulares son chips que permiten que la actividad cerebral influya sobre las funciones de una computadora. Aunque todavía no están a la venta de manera comercial, hace varios años que se experimenta con ellos, sobre todo en el campo de la medicina (al menos públicamente. De las aplicaciones militares no sabemos). Por lo pronto, uno puede comprar actualmente equipos que “leen” los movimientos musculares de la cara y analizan algunas ondas cerebrales para convertirlas en órdenes para la computadora. Sin embargo, es cuestión de unos cuantos años para que nuestros hijos tengan, desde el nacimiento, la posibilidad del implante globular, y así ni siquiera tengan que mover los ojos para elegir las letras de un teclado ni para mover el mouse en la pantalla. Todo se hará a través del pensamiento.

Aún más, una vez que el implante permita el control de la computadora, no pasará mucho tiempo para que la computadora esté dentro de nuestra cabeza, para que el implante sea la computadora. La miniaturización y el empleo de la nanotecnología lo harán posible muy rápido. Empujemos un poco más: no será muy difícil añadirle teléfono a esa computadora; por consecuencia, podremos tener internet integrado. Exageremos un poco y veamos la imagen dentro de diez años: una persona con implante globular solo tendrá que pensar la orden para revisar si tiene un mail, o para enviarlo. Adiós teclados, adiós mouse, adiós pantallas, todo podrá estar dentro de nuestra cabeza.

III: Paranoia
Ya sé a qué suena. Casi los estoy oyendo: “este Ernesto ha leído mucha ciencia ficción”. Sí. Y no. “Ya no hay tal cosa como la ciencia ficción, todo es cuestión de tiempo”, dice el investigador canadiense Pat Mooney. Si bien ciertamente el año 2000 no nos trajo los autos voladores y los viajes en el tiempo, sí hay avances que ni Verne ni Asimov previeron. La manipulación de bits, átomos, neuronas y genes (BANG, por las siglas, le llaman los del Grupo ETC) representa una convergencia de tecnologías en las que muchos límites han sido borrados, comenzando por los límites de lo legal y lo ético.

En el momento en que aceptemos cargar con un implante en el cerebro, vendimos nuestra privacidad. A esas alturas del desarrollo tecnológico, es imposible para un usuario común y corriente saber qué le están instalando en la cabeza, y hasta dónde una computadora que interactúa con su cerebro está solamente recibiendo órdenes del cerebro. Surgen las preguntas, tal vez paranoicas pero no fuera de lugar considerando las circunstancias y los antecedentes: ¿Puede un implante globular transmitir a un tercero nuestros pensamientos? ¿Puede un tercero, a través del implante, sugerirnos algo en qué pensar?

Las señales de alarma ya las están dando los países desarrollados. Las tecnologías de información también pueden ser un caballo de Troya, por el peligro que representa para privacidad su mal uso. Ejemplos. La semana pasada, el gobierno francés prohibió a sus funcionarios el uso de BlackBerries –computadoras de mano que incluyen teléfono y conexión a internet-, por el peligro que representa la intercepción de datos que pueden ser de seguridad nacional (Le Monde, 21/jun/07). Un mes antes, la Comunidad Europea había exigido a Google.com revisar sus políticas de recopilación de información (Financial Times, 24/may). Resulta que Google.com, el buscador más utilizado en internet, guarda, desde hace dos años, información de todos los usuarios que lo utilizan. La dirección de nuestra computadora y todas aquellas búsquedas que hagamos desde ella son guardadas, junto con otros datos que son obtenidos de nuestra máquina, y ahí vamos creando nuestro dossier, sin saberlo. Un mes antes, hablando de otro tipo de privacidad, la Casa de Representantes del Congreso de Estados Unidos aprobó el Acta para la No Discriminación por Información Genética (25 de abril), que prohíbe a los empleadores y a las compañías de seguros utilizar información genética de los individuos para definir sus políticas respecto a ellos.

El concepto de privacidad en los tiempos de la información está cambiando día a día. También el concepto de ciencia ficción. “En el mundo están ocurriendo cosas increíbles”, le decía José Arcadio Buendía a Úrsula, maravillado por los inventos que los gitanos traían a Macondo. El problema ahora es que los gitanos modernos usan, o bien corbata de seda y traje a la medida, o bien uniforme verdeolivo cargado de condecoraciones, y no van casa por casa mostrando los nuevos inventos de los sabios de Harvard: los venden.

miércoles, 13 de junio de 2007

Relectura oportuna (II)

Conversaciones sobre el futuro

Entrevista a Pat Mooney

Ernesto Cortés

II.- La información

Unos días antes de recibirnos para esta entrevista en Ottawa, Pat Mooney había presentado, en Suecia, su más reciente libro, titulado What next? (¿Qué sigue?), una colección de historias en las que, mezclando la ciencia ficción con la proyección de datos duros y previsiones científicas, Mooney hace un retrato del mundo 50 años en el futuro, en el que las instituciones se han fundido con las corporaciones y en el que la ecología, ahora sí, es un tema alarmante. Este libro se suma a la lista en la que se cuentan Gente, plantas y patentes, El siglo ETC, y Semillas de la tierra, entre otros.

Además de la Ley de introducción de la tecnología (E=TC², la comentaremos en la siguiente –y última- entrega), Pat Mooney acuñó los términos biopiratería (biopiracy, en 1993) y binano republic (en 1999), refiriéndose esta última a “los países en la nueva república a la vuelta de la esquina”.

“La nanotecnología representa para la humanidad mucho más que la Revolución Industrial”, asegura Pat Mooney, “la nanotecnología va a cambiar dramáticamente la economía mundial, así como la diversidad biológica, y no sabemos realmente cómo nos puede afectar si se pierde control del proceso”. Según el investigador canadiense, tendrán que verse de manera diferente temas como el trabajo, el desempleo, y las materias primas. Asimismo, se incrementará la brecha entre los que tienen acceso a esta tecnología y los que no la tienen. En 2002, Pat Mooney, a través del Grupo ETC, hizo un llamado de atención sobre la creciente inversión de la iniciativa privada en la nanotecnología, y el nulo control que se estaba ejerciendo sobre la investigación. De igual manera, señaló los posibles peligros de las nanopartículas incluidas en productos ya comercializados y llamó a una moratoria en la investigación, hasta que los gobiernos establecieran regulaciones, lo cual hizo que por primera vez se reconocieran los riesgos de la aplicación de esta tecnología. Desde entonces, los gobiernos de 26 países implicados en la investigación de la nanotecnología se han reunido en tres ocasiones de manera privada para tratar de establecer estas reglas. La última reunión se celebró en Tokio, en septiembre de este año.

Irónicamente, a pesar de ser considerado un visionario en su campo, Pat Mooney no ve –literalmente- más allá de su nariz. Es ciego. Su condición física no le impide leer o escribir libros (usando computadoras que leen o escriben por él), y tampoco lo han detenido de visitar 90 países y haberse entrevistado con presidentes, ministros, reyes, directivos de la ONU y campesinos latinoamericanos. De hecho, se mueve en su oficina y camina por las calles como si viera perfectamente, sabiendo de memoria dónde está cada cosa, cada poste, cada esquina. En la segunda parte de esta entrevista, Pat Mooney nos habla sobre la concentración de información y el futuro de la Internet, otro de los temas que ha estudiado a profundidad.

E.C.- Actualmente, con la popularización de la Internet, la gente parece pensar que finalmente se ha encontrado un medio de comunicación libre y democrático, por el cual se puede mover información e interactuar sin estar bajo la vigilancia de los gobiernos e incluso utilizar la red para combatir el establishment. ¿Es así realmente?

PM.- Creo que es así en el principio, solamente. Cada vez que ha aparecido una nueva tecnología para la comunicación, hay un período inicial así, antes de que aquellos que tienen el poder en el mundo, es decir, la industria y los gobiernos, tomen el control total de ella. Así pasó en los días del telégrafo, por ejemplo. Puedes revisar escritos de la época donde hay gente que dice “ahora que existe el telégrafo, el gobierno no va a poder mentirnos, pues siempre se podrá saber la verdad”. Claro que eso fue falso al final del día, tan pronto el gobierno controló los telégrafos. A treinta años de su invención, básicamente dos compañías controlaban el sistema de telégrafos de todo el mundo, incluyendo los cables transoceánicos. Lo mismo pasó con la radio. Cuando la radio apareció la gente pensó “nadie controla el aire, ni las ondas de radio”. Se creyó entonces que la radio sería el medio para la democracia. El hecho es que un par de décadas después, el gobierno tenía control de las ondas de radio, aún y cuando al principio ni siquiera se pensaba en cómo se podría controlar, lo hicieron. Ahora, con la Internet, tenemos un breve periodo durante el cual la sociedad civil ha tenido mucha libertad en la red, pero eso va a desaparecer también. De hecho, la verdadera amenaza, lo preocupante aquí ya no es la vigilancia por parte del gobierno, sino la rendición, la entrega de información por parte de la gente. La gente está entregando toda su información por Internet; no solo su información bancaria, crediticia o cosas así, simplemente mira Myspace.com, la gente pone ahí toda su información personal, sus fotografías, y hasta mapas. Hay un sitio en Internet que recolecta fotografías de los barrios y las calles que la gente toma con su celular, y así se va haciendo un mapa con imágenes fotográficas. Hay cantidades enormes de información que la gente está proveyendo para el gobierno. Y claro, tenemos a Google.com. Cada tecla que presionas, cada clic que haces en Google es grabado, y puede llegar a manos del gobierno también. Por eso digo que es la sociedad quien está rindiendo su información ante el gobierno.

E.C.- ¿Por qué estamos haciendo eso?

P.M.- Porque… porque no lo pensamos, no somos muy brillantes (ríe). Los gobiernos ahora ya no están haciendo tantos esfuerzos por obtener información, pues somos nosotros los que se la estamos dando. Y ahora con todos los avances en genética, la gente debe estar preocupada por la información sobre su salud, sobre su ADN, información que puede decirle al gobierno, o a una empresa, si son susceptibles a alguna enfermedad o algún problema. Sin embargo, el año pasado, en el 2005, IBM ofreció a todos los norteamericanos que si pagaban 100 dólares, IBM tomaría una muestra de su ADN para grabarla en una base de datos en Internet. Y hubo 150,000 personas que pagaron cada una 100 dólares y rindieron su ADN, su información genética completa, a IBM. Entonces, una vez más, ya no nos están espiando, somos nosotros los que les entregamos la información.

E.C.- Si yo mando un mail, ¿es posible que alguien más lo vaya a leer, espiando lo que yo escribo?

P.M.- No, es muy improbable que tu mail lo vaya a leer alguien. Pero la cuestión es que las computadoras han mejorado tanto, que pueden encontrar patrones en las comunicaciones. Así, si una computadora encuentra en un mensaje un patrón de palabras que estaba buscando, alguien va a poner atención al mail y leeerlo. Desde 1976, los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Australia, han estado monitoreando todas las conversaciones telefónicas transoceánicas. Todas y cada una de las conversaciones. Por supuesto, las han grabado, pero no las han escuchado. Ahora pueden volver a ellas, escuchar las grabaciones y encontrar los patrones que quieren encontrar. Entonces sí, hay un riesgo de que ahora el gobierno encuentre más de lo que queremos que encuentre. Eso no quiere decir que estén buscando terroristas. Eso es una cosa. Lo que están buscando es disidentes, que es otro tema completamente distinto. Pueden monitorear a cualquier disidente en cualquier momento, a cualquiera que consideren peligroso.

E.C.- Esto es el llamado Programa Echelon…

P.M.- Exactamente, este es Echelon, que inició en 1976. Este programa permitía a los gobiernos de estos cuatro países grabar todas las conversaciones transmitidas vía satélite que por una red. Así que toda conversación transatlántica o transpacífica era escuchada y grabada por Echelon. Pero también fue usada para grabar información local. El gobierno británico reconoció accidentalmente hace dos años que todas las llamadas que pasaban por la llamada trunk line, que pasó a través de este sistema de distribución de llamadas en Inglaterra, fue grabada. Es decir, no todas las conversaciones, pero casi todas las que se realizaron entre ciudades, fueron escuchadas y grabadas. Pero, ¿sabes?, eso no es tan sorprendente, y francamente yo lo encuentro menos preocupante que el hecho de que nosotros entreguemos voluntariamente esa información. Por ejemplo, nosotros tenemos en la Internet un patrón de amigos, la lista de gente con la que hablas. Las computadoras pueden reconocer quiénes son tus amigos. Así que si uno de tus amigos dice cosas, o manda por email cosas que el gobierno encuentra interesante –por cualquier razón-, ellos van a buscar inmediatamente con quién ha estado hablando esa persona…

E.C.-Les estamos haciendo el trabajo más fácil.

P.M.-Mucho más fácil

E.C.-Entonces, ¿qué crees que vaya a pasar con Internet en un futuro no muy lejano, hablando sobre el control que el gobierno va a ejercer sobre la red?

P.C.-Bueno, una cosa que va a suceder es que habrá dos internets. Habrá un Internet que será de extremadamente buena calidad, que permitirá acceso a información de una mejor manera que hoy en día. Ese va a ser el Internet comercial, y vamos a tener que pagar por él. Será más fácil de ser grabado y controlado por los gigantes de los medios, las grandes compañías. Y también habrá el Internet que tenemos actualmente, el cual se irá haciendo menos y menos útil, porque la presión ejercida por el Internet comercial va a ahogar al Internet público, de modo que éste irá declinando. No va a reducirse el monitoreo. Lo que va a pasar es que la información se va a ir privatizando más y más. Permíteme darte un ejemplo de cómo puede suceder esto. Un granjero, para sembrar, tiene dos opciones: comprarle a una compañía una semilla patentada o plantar una semilla de su cosecha anterior, que no le genera un costo extra. Pero en el futuro, en lo que es cultivo de plantas, habrá tecnología terminator, con la que las semillas pueden ser plantadas una sola vez. Los granjeros tienen todavía el poder de decidir entre comprar la semilla comercial convencional que puede ser plantada otra vez el año siguiente, o comprar la semilla terminator. Te puedes preguntar “¿por qué alguien querría comprar la semilla terminator si tiene que pagar más dinero?”. La cuestión es que las compañías ya no van a trabajar en las semillas convencionales después de cierto tiempo, pues sus ganancias van a ser mayores con la terminator, así que toda la investigación, los recursos, van a ir a la semilla terminator, y esto causará que gradualmente la semilla convencional decaiga y muera. Lo mismo va a pasar con la Internet. Siempre hemos tenido la Internet tradicional, pero luego tienes esta otra red mucho más elegante, más cara, estilo terminator, y nadie sigue metiendo recursos al Internet público, eventualmente éste decaerá y se hará inútil.

E.C.- Nosotros como usuarios, ¿cómo vamos a navegar a través de todo esto?

P.M.- Bueno, personalmente no es para mí un tema de preocupación mayor, porque en el trabajo que hago actualmente no hay nada que esconda del gobierno o de la industria, entonces no me preocupa mayormente, no por ahora. Estoy más preocupado por el hecho de que el gobierno va a usar la información, la industria va a usar este conocimiento para hacerse más exitosos comercialmente, o para manipular la política. No es que lo vayan a usar contra mí personalmente, sino que van a rediseñar su mensaje hacia la sociedad usando la información que reúnen a través de la Internet. Estamos viendo cada vez una mayor coordinación entre la industria y los gobiernos, y eso es lo que me parece peligroso. Ahora bien, si tú estás en Oaxaca, o estás en Chiapas, ellos querrán asegurarse de que lo que transmitas desde ahí, ya sea por teléfono o por internet, sea seguro. Y en el mundo, en el futuro, habrá más Oaxacas, y más Chiapas, y ahí es donde aparece el peligro.

(continuará)

martes, 10 de abril de 2007

Sábado 30/mar/07: La Web 2.0

I: Buenos días

Disfruto leer la sección editorial de Ecos de la Costa los domingos porque ahí escriben tres amigos cuyas colaboraciones rondan las letras, la historia y las artes, y nos ofrecen cada fin de semana un respiro y un espacio donde comparten pensamientos interesantes. Lo publicado el domingo pasado por Alberto Juárez (a quien, por cierto, tuve la fortuna de tener como maestro de Náhuatl) me llamó la atención en particular: habla sobre la escritura electrónica y de los cambios que ésta ha traído al proceso de redacción. Con la internet, dice el autor, las reglas han cambian y el impacto de un texto llega más lejos de lo que uno imagina. Las palabras misteriosas de hoy son: Información, comunicación, Web 2.0, futuro.

II: Absurdo

Cuando leí por primera vez la obra de teatro Esperando a Godot, me sorprendió encontrarme con que Samuel Beckett hacía, ya avanzada la obra, acotaciones que debieron haber ido al principio, y que a veces parecían ocurrencias de último minuto, como el hecho de que todos los personajes usan sombrero, lo cual se advierte al lector hasta la página 43 (en el texto de Les Éditions de Minuit). Al leer otras obras del irlandés, fui hallando casos similares, en los que el autor no inserta las notas en el orden en que técnicamente debiera, sino como se le van ocurriendo. Esto me llevó a un pueril ejercicio de especulación histórica del que la conclusión fue: si Samuel Beckett hubiera tenido una computadora, sus obras habrían sido diferentes. Se me ocurrió que parte de la riqueza y del absurdo de sus obras puede deberse al hecho de que las escribía a máquina, o a mano, sin la posibilidad de regresar y corregir o reescribir secciones enteras sobre el mismo papel. Aún más: si Cervantes hubiera escrito el Quijote en Word, otro gallo nos cantara.

III: El hipertexto

La aparición de los procesadores de texto trajo nuevas posibilidades para la escritura. El texto dejó de ser lineal y fijo para hacerse más flexible, movible y formateable. Con la internet, la cosa se puso aún más interesante: el texto se convirtió en hipertexto: palabras que al ser pulsadas en la pantalla por el puntero de un mouse llevan a otros textos, alojados en otras páginas, en otros países. Las referencias se cruzan más fácilmente, la información parece haber encontrado su vehículo ideal.

Ahora se está hablando de la Web 2.0, una nueva versión de la internet en la que la organización de la información y el rol del usuario evolucionan: el cibernauta contribuye al crecimiento de la red y aporta cada vez más datos: fotos, videos, blogs (y mucha basura, también), a la vez que en lo técnico se desarrollan métodos para una mejor organización de la información en la red, que a estas alturas es un mar de confusión en el que cada vez es más difícil encontrar directamente lo que buscamos sin toparnos antes con mucha información inútil o erróneamente clasificada con la trampa secreta de vendernos algo.

IV: El futuro

Los más entusiastas ven en la Web 2.0 el medio ideal para la sociedad global. Muchos piensan que ahora sí, la democratización de la comunicación va a permitir a las minorías y a los disidentes hacer oír su voz. Sin embargo, olvidan, o ignoran, que cuando el telégrafo apareció hubo quien dijo “ahora el gobierno no nos va a poder mentir, porque con el telégrafo siempre se podrá transmitir la verdad”. A treinta años de su invención, dos compañías controlaban el sistema de telégrafos de todo el mundo, incluyendo los cables transoceánicos. Con la internet está pasando lo mismo: nos encontramos en una etapa inicial en la que parece que todos tenemos los mismos ciberderechos y que la democracia comunicativa llegó para quedarse. Sin embargo, detrás de la aparente bondad del condecorado y medallicaído Bill Gates hay empresas muy poderosas reuniendo toda clase de información privada, que va desde saber nuestros nombres y preferencias comerciales hasta la localización de nuestra casa vía satélite. Los gobiernos y las empresas particulares cada vez almacenan más información: en Estados Unidos, en 2005, IBM lanzó una campaña para recolectar ADN de ciudadanos, y hubo 150 mil que respondieron al llamado, pagando, además, 100 dólares cada uno por entregar su información genética –lo más privado de entre lo privado- al gigante de la información. Todo esto lleva a un mejor control corporativo del individuo, en el futuro no muy lejano. El síndrome de Estocolmo se cierne sobre las sociedades modernas.

Los conceptos de privacidad, identidad, relaciones humanas y gobernancia, entre muchos otros, están cambiando. Hay que utilizar inteligentemente las tecnologías de información y, dentro de nuestra competencia y capacidad, moldearlas para democratizar la comunicación y el acceso al conocimiento, y garantizar nuestra seguridad y nuestros derechos humanos, que adquieren otra dimensión en este siglo.