I: Buenos días
El 31 de mayo de 2007,
II: Las bases
Es un tema complejo, así que vamos a ir por partes. De entrada, veamos el glosario. El ADN es una molécula que contiene las instrucciones genéticas para permitir el desarrollo y funcionamiento de un ser vivo. Un fragmento de cadena de ADN es llamado gen, que constituye la unidad que influencia una característica particular de un ser vivo, como el color de los ojos o la forma de la nariz (los genes son hereditarios, de ahí que nos parezcamos a nuestros padres). Los genes, a su vez, forman cromosomas que se encuentran en las células de los seres vivos. El mapa completo de genes –o de cromosomas- de una especie es conocido como genoma. Tal vez usted recordará que en el año 2000 Bill Clinton anunció que se había completado el genoma humano. Lo que no se dijo muy abiertamente es que se trató de una competencia entre académicos e industriales. Por el bando de los industriales estaba el biólogo y empresario J. Craig Venter. Ojo con este nombre, ya volverá a aparecer en nuestra historia.
Hace algunos años, los científicos (mayoritariamente de empresas privadas) desarrollaron la capacidad de quitar genes de un organismo y ponérselo a otro, creando así los organismos genéticamente modificados (OGMs), como las plantas que tienen el gen de una bacteria para ayudarle a crecer más rápido o a resistir plagas. Sin embargo, esto ya es cosa del pasado. Ahora, con el advenimiento de la nanotecnología, es posible manipular la materia a un grado tal, que se pueden “hacer” moléculas de cualquier compuesto juntando átomo por átomo, como si fuera un rompecabezas o un lego. Esto de “cualquier molécula” incluye al ADN. En otras palabras, ya es posible crear vida en un laboratorio; no solamente modificarla agregando o quitando componentes, sino creando estos componentes en un laboratorio y haciendo vida desde cero.
Esto plantea cuestionamientos en varios campos, comenzando por la ética y continuando con la seguridad. Y no es por ponerse en un plan moralista, pero el jugar a dios y crear vida no es una cosa que se deba tomar a la ligera, ni que nos podamos permitir como humanidad sin haber pasado antes por un debate en el que se establezcan las reglas del juego y se vea no solamente el provecho económico inmediato, sino las consecuencias posteriores de comenzar a introducir nuevas especies, que además serán creadas solamente para servir a intereses comerciales. El papa Benedicto XVI dijo el años pasado (y por una vez estoy de acuerdo con él, aunque no por las mismas razones): “Tomar el lugar de Dios, sin ser Dios, es una arrogancia insana, una aventura riesgosa y peligrosa”.
Si las compañías de biología sintética toman el control del mercado de la vida sin que haya un consenso académico, legal y social respecto a los alcances y límites de la creación de vida, el futuro se ve de color corporativo, pues una con esta capacidad, y sin ninguna restricción, tiene unos alcances inimaginables ya no digamos a nivel científico, sino a nivel de dominio de los destinos de una especie: la nuestra.
En la próxima entrega: para qué sirve el Genoma bacteriano mínimo, y qué tiene México que ver con ello. Estas y otras cuestiones: ernestocortes.blogspot.com. Para leer más sobre el tema y documentarse para lo que se nos viene: etcgroup.org. Correo y esas cosas: ernesto@cuerdacueroycanto.com




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