Conciencia

lunes 30 de noviembre de 2009

Jueves 19/nov/09: Infraestructura cultural / La Muestra Nacional de Teatro


I: Buenos días
Hace algunos meses, el exdiputado David Monroy me hizo una observación muy justa: a menudo invito a los lectores a asistir a obras de teatro que Cuatro Milpas presenta en el Taller de Teatro de Casa de la Cultura, pero este espacio resulta inaccesible para quienes, como él, se desplazan en sillas de ruedas. Cuando el edificio de talleres de este complejo fue concebido, el tema de la accesibilidad no estaba en la agenda de las instituciones públicas, y en el diseño no se consideraron características que facilitaran la utilización de las instalaciones por parte de personas con capacidades diferentes. Sucesivas remodelaciones en otras áreas de Casa la Cultura incorporaron rampas y áreas especiales para personas con movilidad reducida, pero el edificio de talleres aún no había sido objeto de estas mejoras, hasta hoy. Las palabras misteriosas de hoy son: accesibilidad, teatro, comedia.

II: Ahora sí
Entre las 100 acciones de gobierno que anunció el gobernador Mario Anguiano, se contempla una muy importante para la infraestructura cultural del estado, con un especial beneficio para la comunidad con capacidades diferentes: se anunció la construcción de una nueva área adjunta al edificio de talleres de Casa de la Cultura, donde se ofrecerán actividades para personas que, por su condición motriz, no puede acceder al edificio que, planeado hace un cuarto de siglo, no contemplaba la integración plena a la sociedad de este sector poblacional. Estas nuevas instalaciones contarán con rampas, baños y adecuados para usuarios en silla de ruedas. Cuando fue diputado, y director del Instituto Colimense de la Discapacidad, David Monroy planteó el programa Colima Accesible, que puso finalmente en los primeros planos la necesidad de contar con espacios arquitectónicamente adecuados para todo el mundo. Ahora estamos viendo los resultados de esta concientización.

III: Mientras tanto, allende las Sinaloas…
En Culiacán, en estos días se está celebrando la XXX Muestra Nacional de Teatro, el mayor evento de la especialidad en el país, que año con año reúne a artistas de la escena, críticos, dramaturgos y personajes afines para celebrar una semana de teatro. En esta ocasión, Colima está presente en la Muestra con la obra Entre paréntesis, con Pacho Lozano y Maricarmen Cortés, de la compañía Teatro Rodante. Esta obra, donde se abordan los temas de se estrenó hace dos años en el Teatro Alfonso Michel, y se ha presentado también en el Hidalgo y el Universitario, así como en teatros de otras ciudades mexicanas. Las funciones de Teatro Rodante son hoy por la noche. El fin de semana, habrá otro colimense bajo las luces en este encuentro: Armando Hernández actuará como Canek (y como titiritero) en la obra Canek, la leyenda de un héroe maya, producción tapatía, se estrenó en el Teatro Diana de Guadalajara y se ha presentado tambíén en Colima.

Otra obra conocida para los colimenses que también estará en la Muestra Nacional de Teatro será Más pequeños que el Guggenheim, del veracruzano Alejandro Ricaño, que recientemente pudimos disfrutar en el Hidalgo. En total, se presentarán 24 obras que fueron seleccionadas de un grupo de 174 propuestas llegadas de todo el país.

Acá en Colima también hay teatro: este fin de semana el colectivo La Tarantella cerrará la temporada de funciones que realizó en el foro Pablo Silva García. Mañana viernes y el sábado, a las 8:30 de la noche, presentan Cuentos de Gregorio Torres Quintero. Se trata de una producción sencilla pero bien hecha, teatro para toda la familia con dedicatoria especial para los niños, con un grupo de actores que vienen de distintas formaciones y que conjuntan gracia y tino para la comedia y la inclusión del público en el espectáculo. Es para pasar un buen rato, por si gustan.

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El vuelo del colibrí: Más pequeños que el Guggenheim


Cuando Alejandro Ricaño estrenó Más pequeños que el Guggenheim en la pasada Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia (15-18 de julio, Querétaro), la recepción por parte del público fue exultante. Aún teniendo una mayoría de teatreros y críticos conformando el respetable, la gente aplaudió como a ninguna otra obra en aquel evento, y los comentarios posteriores a los actores y al dramaturgo/director dejaron constancia de que el estreno había sido un éxito. Hubo, claro, los inevitables cuestionamientos y algunas observaciones (sobre todo respecto a la existencia de un falso final y lo que parecía un epílogo innecesario), pero en general, salieron muy bien librados, cosa que no pudieron decir otros directores y dramaturgos asistentes a esa Muestra.

En esta Muestra hubo lo que se anunció como un taller sobre Hacer crítica en los estados —y que terminó siendo una exhibición de intelectos y egos— en el que los sesudos expositores señalaron que una de las grandes carencias de la dramaturgia mexicana eran los textos que incorporaran teorías y modelos pertenecientes al campo de la ciencia —en particular la Teoría de la Complejidad— y que, en líneas generales, fueran más allá de la comodidad de la escritura simple y directa para explorar otras maneras de contar las historias, jugando a una metatextualidad que trascendiera lo posmoderno (whatever that means). En aquel entonces pensé —y lo sigo pensando—, que Más pequeños que el Guggenheim es una buena respuesta a esa demanda de los analistas de la dramaturgia, porque incurre en valientes piruetas matemáticas sin perder el piso y, a la vez, sin convertirse en algo inexpugnable para el público. En otras palabras, puede satisfacer tanto al que busca complejidad en el texto desde su parnaso retórico-analítico, como al que va al teatro a simplemente pasar un buen rato y divertirse.

El pasado 23 de octubre, Más pequeños que el Guggenheim se presentó en Colima, como última obra de teatro del Festival Alfonso Michel, a invitación de la Secretaría de Cultura (y tras insistentes cabildeos del que esto escribe). Ante un Teatro Hidalgo casi lleno (cabe señalar que en Colima todas las obras presentadas en el Hidalgo son gratuitas, por directiva gubernamental), con algunos minutos de retraso —Ricaño andaba consiguiendo las ramas del árbol—, se abrió el telón para dar paso a lo que fue una de las funciones más exitosas de este año con el público colimense, que cada vez ve más teatro y se va volviendo más demandante (aunque, afortunadamente —creo—, no cae en la obsesión del elevadísimo análisis que le impida gozar un montaje; gracias a Dios no tenemos ese nivel).

El texto de esta obra tiene varios grados de lectura, según uno le quiera (o le pueda) entrar. En una primera instancia está el chistorete fácil, promovido desde que, al inicio, salen los cuatro personajes haciendo un baile que en realidad nada aporta a la obra (y que no es necesario, porque ésta se sostiene sola). En este primer nivel la obra es disfrutable, se carcajea uno, y no se demanda mayor esfuerzo del espectador. Enseguida hay otro nivel de humor más elaborado: haciendo uso del recurso de la reincorporación (y luego de la recursión: la función matemática que se usa a sí misma para definirse), el autor disemina imágenes, chistes, referencias y hasta mentadas de madre que luego son retomadas, varias escenas más adelante, demandando un poco más de esfuerzo por parte del público para hacer la conexión con lo que está trayendo a colación nuevamente. Con la reincorporación constante de referencias, se logra también que el público se mantenga atento a la obra (que es algo larga, dicho sea de paso), pues después del segundo guiño, uno se da cuenta de que nada de lo que se dice es gratuito, sino que todos los detalles cuentan para el desarrollo de la historia.

Un siguiente nivel, más allá de lo que se dice sobre la escena, es el de la anécdota que retrata la situación de los artistas mexicanos, así como esa vieja tara cultural de que si uno se dedica al arte, tarde o temprano “hay que ir a Europa”: ahí nos vemos retratados los artistas que en su momento hemos caído o finteado en esa tentación heredada; en este nivel de entendimiento se hace referencia, como no queriendo, al trauma histórico del pueblo conquistado.

Todavía más allá hay otro nivel, trascendiendo por mucho lo textual, en el que Más pequeños…no es para nada una comedia, sino una obra que habla de asuntos terribles temperados con carcajadas que nos permiten sentirnos cómodos, pero que en el fondo no tienen nada de risible: la vida del Albino y su dramática historia familiar, la frustración del egresado de la escuela de teatro que termina trabajando en Walmart (y toda la cola que esto conlleva en el aspecto sociológico), la incomunicación y alienación de una pareja infeliz (al grado que el esposo decide robarle el auto), la tremebunda ignorancia —e inocencia— de los padres que deciden ponerle Jamblet a su hijo, la impotencia de ver morir a una hija adoptiva y la imposibilidad de formar una familia después de tres abortos, y la doble vida de un gay de closet suicida que disfraza su sensibilidad con un machismo acendrado que a la primera se derrite. No hay (no debería haber) qué mueva a la risa en las historias sórdidas que, en este nivel profundo, hacen de Más pequeños… una obra que no tiene nada de complaciente, pero que está inteligentemente revestida de humor, y que permite que uno mismo decida su nivel de abandono y de implicación.

El dramaturgo quebequense Pascal Brullemans dice que él escribe obras para que, después de salir del teatro, la gente se vaya a tomar una cerveza y siga pensando “Carajo, ¿qué es lo que acabo de ver? ¿Qué me provoca en realidad esta obra?”. Con Más pequeños... pasa eso, uno sale al inicio con la sonrisa llenándole la cara, pero minutos después comienza la reflexión (tanto en el sentido de introspección como en el de verse uno reflejado en el otro), y termina dándose cuenta de que le dieron un gato muy bien disfrazado de liebre, y de que más allá de la cara que duele de tanto reir, hay una tristeza profunda por todas las cosas que, como sociedad, hemos construido alrededor del arte y los artistas (además, claro, de las muy particulares historias personales que se desgranan en este texto).

En el aspecto técnico y práctico, en la función que vimos en Colima hubo un error constante que también se vio en Querétaro, en el estreno: no hay timing para permitir la risa del público: los actores encimaban sus textos, haciendo que en ocasiones uno se perdiera diálogos enteros, pues no calculaban esa pausa que, en la comedia, es tan importante. Fuera de eso (y del bailecito ya mencionado), la obra no tiene patas cojas qué señalar. Seguramente tendrá una acogida interesante en la Muestra Nacional, y será una digna representante de México cuando se presente en España.

Dice Alejandro Ricaño que escribió esta obra específicamente para los cuatro actores que la representan, y eso es evidente sobre el escenario: el casting es inmejorable. Sin embargo, más allá de las actuaciones, y de recursos luminarios, utileros, musicales y espaciales usados con mucho tino, lo que trasciende de Más pequeños que el Guggenheim es la dramaturgia inteligente, usando recursión y reincorporación como si en vez de un texto teatral se tratara de una fórmula matemática, pero sin olvidar que hay un público enfrente que no viene a que le planteen un crucigrama indescifrable. Ojalá que esta obra marque nuevos derroteros a los que escriben teatro en México, y les haga ver que se puede hacer dramaturgia de gran calidad literaria sin tener que convertirla en algo intrincado y elitista.

lunes 23 de noviembre de 2009

Martes 17/nov/09: Me quiero enamorar (?)


I: Buenos días
La cosa se empezó a joder cuando los holandeses inventaron el Big Brother y tendieron el campo para la oleada de realities que transformaría la televisión mundial. El reality show como evento televisivo se ha convertido en el pan nuestro de cada día e incluso en una aparente obligación para cualquier cadena que se respete. Hay realities de todos los sabores y colores: del glamoroso Project Runway al vulgar Flavor of Love (que en México refritearon como En busca de la pareja de…). Los hay constructivos, resaltando valores como el trabajo en equipo y el ingenio (El conquistador del fin del mundo, o The Amazing Race), y los hay destructivos, enfocados a mostrar familias disfuncionales y a convertir la vida hogareña en un espectáculo denigrante, como The Osbournes o el extremo de los family reality: Jon and Kate plus 8. Acá en México, desafortunadamente, todo nos llega ya de tercera mano y las tropicalizaciones no siempre resultan afortunadas. Ahí tenemos lo que pasó este domingo en Televisa. Las palabras misteriosas de hoy son: telebasura, amor, paz.

II: “Amado, ven, asómate al principio del mundo”
Hubo un momento en que tanto Jordi Rosado como Andrea Legarreta estaban desencajados y fuera de sus cabales, habiendo perdido completamente las riendas del programa y haciendo agua por todos los frentes. El programa se llama Me quiero enamorar, pero resultó que en la emisión del domingo el último tema que se tocó fue el amor, y en cambio las agresiones y las bajezas campearon a todo lo largo del show, siendo éstas promovidas por la producción a través de ataques y provocaciones a un concursante en especial que, por lo que se vio, sacó a relucir su lado macho y violento, (aunque al final terminó siendo premiado).

No es lo mismo un reality como The surreal life a uno como Me quiero enamorar. En este último los productores y conductores se meten en los muy delicados terrenos de los sentimientos humanos profundos, y si no tienen la preparación para conducir un proceso de esa importancia (como resulta ser el caso de los televisos), el programa se les puede salir de control hasta perderse completamente el objetivo original. Este domingo la emisión del reality dominical exhibió las carencias que como empresa tiene Televisa para aventarse un paquetito de éstos y la falta de ética con que se manejan estas producciones. La violencia psicológica inducida por los conductores se salió de control a tal punto, que Susana Zabaleta (que parecería ser la de más dedos de frente, aunque en realidad es parte de la misma maquinaria) de plano dijo “Por favor, alto, nos están viendo niños, hablemos de otras cosas, por favor, hablemos de amor, cambiemos de actitud”. Fue como si le hablara al aire, pues a pesar de su propuesta de ir a comerciales y regresar con aires renovados, la producción continuó exhibidiendo videos y presentando testimonios tendientes a generar más enojo, más violencia y más encono. Cuando finalmente terminaron las tres horas de emisión el ambiente era lóbrego y los conductores se veían verdaderamente alterados.

En meses recientes se ha visto una tendencia muy marcada de Televisa por producir programas de televisión en los que el amor se anuncia como tema central, pero que en realidad ofrecen una versión muy retorcida e irreal de lo que son las relaciones amorosas, partiendo de la premisa de que “hay que luchar” por el amor, y que enamorarse es un concurso. Desde las varias versiones de Doce Corazones al ya citado (y deleznable) En busca de la pareja de, a su producto estrella, Me quiero enamorar, la televisora más poderosa de México propone un paradigma engañoso de lo que es el amor, y como queriendo y no, está convirtiéndose en una influencia importante para una generación de adolescentes que están aprendiendo que el amor y la violencia van de la mano, y que la competencia desleal, la traición, el engaño, la mentira y las revelaciones escandalosas son parte natural del proceso de cortejo.

Si como sociedad no estamos organizados para impedir que este modelo negativo y esos antivalores se sigan promoviendo por la televisión, tenemos al menos una opción: no prender la tele los domingos por la tarde-noche. En verdad, es una opción muy sana evitar la televisión en ese horario, y dedicar el tiempo a salir con la familia, a platicar, a compartir el cierre del fin de semana. A nivel formal, insisto, no tenemos para dónde hacernos: en nuestro país a la tele nadie la controla, y la autorregulación es inexistente; a nivel personal sí podemos hacer algo: no seguirles el juego.

Resultan reveladores varios versos de Griselda Álvarez en su hermosa Letanía Erótica para la Paz, y son perfectamente aplicables a la ocasión: “Alguien pregona la destrucción, alguien quiere tragarse la palabra humanidad, porque los cerebros fríos se están calentando con odio”. Pero sobre todo, vale quedarse con una reflexión importante de esta Letanía: “No podemos sentarnos y ver cómo crece la angustia donde antes crecía la hierba”.

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Jueves 12/nov/09: De huesos y renuncias / Relevo en el Ecos de la Costa

I: Buenos días
El 1º de noviembre a mediodía, en lo que esperábamos a que Mario Anguiano llegara al Salón Gobernadores de Palacio de Gobierno para anunciar y tomar protesta a su gabinete, los ungidos y los periodistas tuvimos un buen rato para cotorrear y hacer bromas y chanzas sobre la secrecía con que se manejó todo el asunto de los elegidos. “Qué guardadito se lo tenía, licenciado” era un comentario recurrente, pero una respuesta también recurrente era “es que yo apenas me enteré anoche”, que los periodistas tomamos al principio como guasa, y hasta nos daba para seguirles el juego, pero que ahora parece que era en serio: ni los mismos futuros secretarios estaban al tanto de sus nombramientos sino hasta horas antes de que éstos se dieran. Por lo que se ve, no tuvieron un verdadero proceso de entrega-recepción porque ni ellos sabían con certeza si serían llamados para estar al lado del señor, así que menos tuvieron tiempo para hacerse a la idea, dejar arreglados sus asuntos personales y profesionales, y tomar con firmeza las riendas del caballo que les encomendaban. Cayó el primero. Esperemos que sea un caso aislado y no le sigan más. Las palabras misteriosas de hoy son: planeación, rajencias, parabienes.

II: Acá hay balones, tú no te preocupes
Hace años, después de la partida de Menotti, Trino publicó una caricatura (creo que en El Occidental) que ejemplificaba muy bien el desorden en la Federación Mexicana de Futbol ante la falta de un seleccionador nacional: unos federativos en un auto paran a un transeúnte cualquiera y le dicen “Oiga disculpe, ¿no quiere ser director técnico de la Selección?”, a lo que el interpelado contesta animoso “¡Seguro! ¿Llevo balón o allá hay?”.

Una secretaría de gobierno no es una posición que se pueda considerar a la ligera, ni por parte del que la ofrece, ni por parte del que recibe la oferta. Mucho menos si se trata de una secretaría que tiene a su cargo los dineros del estado. No es cuestión de ir a ver si allá hay balón, sino de llegar con los pantalones bien fajados y con la seguridad de que se sabe lo que se hace. Lo que hizo Omar Magaña este lunes fue una burla a Mario Anguiano, para empezar, y al pópulo en última instancia: no se acepta una secretaría de gobierno para, a la semana, decir “que siempre no juego, gracias”. En todo caso, se rechaza desde antes de que se anuncie, se tome la foto y, sobre todo, se rinda protesta. Con la escenita de esa renuncia temprana quedan todos muy mal parados: el ahora exsecretario pone en tela de juicio su formalidad y su profesionalismo, y el ahora gobernador se lleva un revés muy severo, pues queda en entredicho su capacidad para convocar a un buen gabinete, además de que, por las circunstancias tan peculiares de la renuncia, se levantan las dudas respecto al verdadero estado de las finanzas estatales.

Vamos para doce días y hay frentes en los que el nuevo gobierno no acaba de despegar. Esperemos que trabajen en la salud institucional y que estos primeros tropezones no sean estigma que se cargue a lo largo del sexenio.

III: Mientras tanto, en el decano del periodismo colimense…
Saludo con gusto el nombramiento de Adalberto Carvajal como nuevo director de Ecos de la Costa. Adalberto es un periodista que conoce muy bien la vida política de Colima y que por muchos años ha demostrado su agudeza como observador y analista, tanto en la prensa escrita como a través de la radio. Es, además, un profesor universitario que ha formado a numerosas generaciones de comunicadores en la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. De hecho, varios de los que colaboramos actualmente en el Ecos (y bastantes otros, repartidos en prácticamente todos los periódicos de Colima) fuimos alumnos suyos. En mi caso, Adalberto Carvajal fue mi maestro de la materia Periodismo de Opinión, justamente esa clase donde uno aprende a escribir columnas, así que.

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martes 10 de noviembre de 2009

Martes 10/nov/09: Sarkozy, Clinton y las mentiritas

I: Buenos días
A don Eduardo Panduro le encantaba la cacería. Tenía una impactante colección de armas y muchas historias surgidas de sus aventuras con la escopeta al hombro. Yo era un niño cuando él ya era un anciano que vivía sus últimos años con una alegría contagiosa y un gusto ejemplar por el canto y la fiesta, pero igual hay dos o tres cosas que recuerdo bien de él. Cuando había una reunión y él tomaba la palabra, usaba el micrófono para dos cosas: cantar, o contar historias de cacería. Eso sí, don Eduardo era muy astuto: antes de empezar a contar una anécdota que implicara armas, venados y tigrillos, sondeaba a los presentes: “A ver fulanito, ¿tú estuviste esa vez? ¿Y tú, sutanito? ¿Tú tampoco, menganito? ¿Nadie? Ah, muy bien, entonces sí les puedo contar”, y se lanzaba a la narración de historias gloriosas, previa seguridad de que nadie pondría en duda sus desmesuradas aventuras, que tenían más de ficción que de realidad. Total, como dijo aquél, “tú échale Coyote, el papel aguanta”. Las palabras misteriosas de hoy son: mentiritas, políticos, quemadas.

II: “Hubieran visto, ya nos andaba”
El año pasado, cuando andaba en plena campaña contra Obama, a Hillary Clinton se le hizo fácil inventar una historia de balazos: contó cómo 12 años atrás, siendo primera dama, había visitado una convulsionada Bosnia: “Recuerdo que aterrizamos bajo fuego de francotiradores, se suponía que habría una ceremonia de bienvenida, pero en vez de eso tuvimos que correr con las cabezas agachadas hacia los vehículos”, declaró la precandidata presidencial. Para su mala suerte, varios periodistas la habían acompañado en ese viaje, y había testimonios, fotos y videos que contradecían totalmente la versión de Clinton: tuvo una recepción tranquila, con niños vitoreándola y dándole besos, y más tarde incluso participó cantando en un concierto para las tropas en el que estuvo la cantante Sheryl Crow. El fotógrafo del NYT Doug Mills, quien la acompañó entonces como trabajador de AP, dijo, 12 años después, “No recuerdo ninguna conmoción en el aeropuerto. No la recuerdo corriendo hacia ningún carro. Si eso hubiera pasado, le hubiera tomado una foto”. Clinton tuvo que admitir que había exagerado y se llevó una quemada que dio mucho para la diversión con los comediantes de la tele, y que fue bien capitalizada por el equipo rival.

III: “Así es chamacos, yo estuve ahí”
Ayer, emocionado como todos los europeos por el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, al presidente francés Nicolas Sarkozy se le hizo fácil inventar una historia de protagonismo a toro pasado: publicó en su Facebook (oh sí) una foto donde, acompañado de Alain Juppé, entonces líder del partido conservador RPR (del que Sarkozy era secretario general adjunto) aparece dándole unos picotazos al muro, según su propia narración, el 9 de noviembre de 1989.

Sin embargo, pronto salieron a la luz contradicciones respecto a la historia, pues aunque según Sarkozy salieron de Francia la mañana del 9 para participar en el derribo del muro en la noche, en realidad a esas horas nadie (ni Helmut Kohl, que andaba en Polonia) sabía que caería el muro, en ese momento todavía no había circulación libre Oeste-Este, y esa noche los martillazos todavía no empezaban. Aún peor, en un libro publicado en 1993, Alain Juppé dice que el viaje a Berlín se realizó el 16 de noviembre (aunque ahora dice que a lo mejor sí fue el 9). Para acabarla de amolar, alguien en el diario francés Le Figaro se zambulló en la hemeroteca y encontró la prueba: el 9 de noviembre de 1989, Sarkozy y Juppé fueron a misa y luego visitaron la tumba de Charles de Gaulle en la población de Colombey-les-Deux-Eglises; de acuerdo a las notas que presenta este diario, no fue sino hasta sábado 18 de noviembre que Juppé anunció su visita a Berlín. Conclusión: Sarkozy hizo el ridículo de manera gratuita, por querer andar de entrelucido.

A los políticos que luego caen en la tentación de querer reescribir la historia para acomodarse mejor en la foto de la posteridad les haría bien seguir el ejemplo de don Eduardo Panduro, que antes de abrir la boca se aseguraba de que nadie más que él mismo pudiera contradecir su dicho. Luego andan quemándose por mano propia, y pero qué necesidad, como dijo aquel otro.

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miércoles 4 de noviembre de 2009

Jueves 6/oct/09: La imagen del nuevo gobierno de Colima

I: Buenos días
Silverio Cavazos terminaba todos sus discursos con la misma frase. “Por Colima (y por México), vamos juntos”, rubricaba siempre, y de algún modo se las ingeniaba para que el tema y la circunstancia de su intervención coincidieran con esa frase de cierre que se convirtió en eslogan de su gobierno luego de que hicieron la reingeniería de imagen y reinventaron el escudo del Estado de Colima. El “Por colima vamos juntos”, multiplicado en documentos, carteles, spots de radio y televisión, espectaculares y volantes, acabó por imponerse como parte de la imagen de la administración, y si a alguien no le gustaba del todo en un inicio, la fuerza de la repetición acabó por acomodarla en el pópulo, ya qué. Las palabras misteriosas de hoy son: gráfica, subliminal, política.

II: Me da un juego de geometría, por favor
Es interesante analizar la composición gráfica del nuevo logo de Gobierno del Estado. Se trata de un corazón (evolucion del logo que usó en campaña) formado por dos segmentos tridimensionales (no bi, como el de la campaña), cada uno en un diferente tono de verde, y con brillo hacia la parte superior. Dentro del corazón principal se forma otro, con perspectiva anamórfica, que curiosamente (¿azar?) recuerda al brazo doblado que forma parte del tradicional escudo del estado. Las propiedades de la superficie de los segmentos del corazón son también un asunto interesante a nivel de análisis gráfico, pero sería chamba de otro más dotado. Lo que no se puede evitar notar es que cada segmento recuerda a una cinta de Moebius (nomás que no como variedad bidimensional), superficie geométrica que se caracteriza por tener una sola cara, y en este diseño hay dos de esos segmentos: resbalón del diseñador, que no consideró las implicaciones metatextuales de la geometría.

Dejando de lado la interpretación gráfica-psicológica del logo, algo que también resalta de éste es que se trata de una misma idea que ha venido siendo explotada por muchos años ya, y que los consejeros gráficos de Mario Anguiano le parecen haber vendido muy bien: la idea del corazón. Mario usó el corazón como logotipo del ayuntamiento que encabezó en la capital colimense de 2006 a 2009. Con el eslogan de “Colima me late”, este corazón inclinado a la derecha quedaba abierto por la izquierda, para dar acomodo a las palabras “me late”. Durante la campaña hacia la gubernatura, invirtieron la abertura del corazón para dar salida al nombre “Mario”, y ya no se le dio inclinación, sino que se formaba una hipotética figura simétrica.

Ahora el logo de Gobierno del Estado retoma el corazón, pero esta vez inclinado a la izquierda, con las características tridimensionales señaladas, y acompañado por la leyenda “Colima late para todos”. En lo personal, con todo y que admiro el aspecto técnico, no estoy tan seguro de que me guste esta nueva imagen y la insistencia por el corazón, que Mario Anguiano ha convertido en su trademark. Tampoco me convence mucho la informalidad que se implica en el uso del verbo “latir”, y el hecho de que se conjugue de tal modo que excluye al lector: “Colima late” no es lo mismo que, por ejemplo, “latimos con Colima”: hay ahí una distancia implícita, que puede ser importante en un nivel profundo. En fin, es así, y habrá que acostumbrarse, que lo veremos y lo escucharemos durante los seis años por venir.

III: ¿Y eso qué? Ah, pues…
Estas cosas de las imágenes, las frases y la composición gráfica de los logos tienen un trasfondo mucho más importante del que aparentan a primera vista, y los políticos (o sus asesores) deben tenerlo muy presente. Además del componente estético, en todas estas cuestiones hay una implicación política que a veces se filtra de manera subliminal, a veces no tanto. En Venezuela, por ejemplo, Hugo Chávez hizo cambiar el escudo nacional, para que el “caballo blanco indómito”, en vez de correr hacia la derecha, fuera “galopando hacia la izquierda de quien observa y mirando hacia delante, emblema de la independencia y de la libertad”. El país entero, incluido su escudo, tiene que apuntar hacia la izquierda, consideró Chávez. Acá en Colima, en su momento, la administración de Silverio Cavazos cambió el logo estatal poniéndole unos tonos de verde, blanco y rojo que curiosamente coincidían con las tonalidades que acababa de estrenar el “Nuevo PRI”. En todos lados se cuecen habas.

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Corriendo sin balón: La publicidad en el futbol


Recuerdo la primera vez que fui a un estadio de Primera División. Fue a ver un partido Chivas – León en el Jalisco, que fue ganado por las Chivas 3 a 1. En aquel entonces, sentados con un tío en la zona B, recuerdo que salí maravillado por un anuncio publicitario que estaba en la banda opuesta, y que por medio de persianas y un sistema interno de motor y goznes, hacía aparecer alternativamente el logotipo de los cigarros Montana, y unos cinco segundos después, la leyenda “Tu sabor”. Ese era, en aquel entonces, lo más avanzado y llamativo que existía en el mundo de la publicidad durante los partidos de futbol. No había todavía pantallas luminosas ni mucho menos lonas tendidas con logotipos diseccionados en perspectiva anamórfica (esos que se ponen junto a la portería y que, vistos desde la altura de la cámara, dan como resultado visual el logo o nombre de algún producto). Estábamos en la prehistoria de la mercadotecnia, en cierto sentido.

La publicidad ha ido evolucionando del mismo modo que el juego y sus otros alrededores. Conforme las grandes compañías se fueron interesando más en el deporte como vehículo publicitario, hasta la vestimenta cambió. Si comparamos, por ejemplo, un uniforme de cualquier equipo de hace veinte años con uno actual, veremos cómo parece que los vestuarios contemporáneos más que indumentaria se han convertido en pretextos para la publicidad ambulante. En su momento, Hugo Sánchez “innovó” como el primer técnico que abiertamente también cargaba publicidad en su ropa a la hora de los partidos, ganándose no pocas críticas (y seguramente varios miles de pesos).

Quizá la manera más original (y barata, aunque de efectividad a muy corto plazo solamente) de hacer publicidad la hayan ideado los europeos cuando algunas empresas, en particular sitios de internet dedicados a las apuestas, contrataron a individuos con particular gusto por el exhibicionismo (y por el dinero, claro), que saltaban a la cancha completamente desnudos (o a medias) y con leyendas publicitarias o simples direcciones http pintados en la espalda y/o en el pecho. La cosa funcionó las primeras dos, tres veces, pero luego la UEFA, la FIFA y los consorcios televisivos acordaron no mostrar más en pantalla a esos espontáneos que irrumpían sobre las canchas en pleno juego, de modo que ahora cuando este tipo de acciones se dan, los productores de la transmisión tienen como consigna mostrar planos generales del estadio o de plano detalles del público, cualquier cosa menos al invasor del terreno, en un intento de desanimar este tipo de comportamientos (que, por cierto, conllevan su jugosa multa).

En estos días, viendo los partidos de la Serie Mundial, me llamó la atención una modalidad de publicidad en la que no había reparado: en la toma estándar de los lanzamientos, con la cámara apuntando a la espalda del pitcher y la caja de bateo desde el jardín central, aparece un recuadro de publicidad con anuncios de empresas que operan en México. El truco está en que esa pantalla, situada a la derecha del bateador, en la barda atrás de él, es en realidad una pantalla verde, sin ninguna imagen, pero que permite a la post-producción añadir sobre la superficie de color uniforme cualquier logotipo que se desee. De este modo, el consorcio que vende la transmisión a las cadenas internacionales, les facilita que éstas hagan dinero revendiendo, a su vez, la publicidad local, que puede cambiar dependiendo del país y de la región, lo cual representa una muy importante fuente de ingresos para, en el caso de México, Televisa.

Ya no hay muchos límites de ética o de vergüenza profesional a la hora de portar y mostrar publicidad en los eventos deportivos. Esto es una lástima, porque la estética de los estadios, de los jugadores, y del juego en sí, se ve afectada y afeada por estas tendencias del libre mercado que empuja a que todo tenga una rentabilidad económica hasta sus últimas posibilidades. Sin embargo, no hemos visto nada todavía. El futuro de los deportes todavía nos depara algunas sorpresas e innovaciones para perfeccionar la manera de venderle a nuestro subconsciente la idea de que necesitamos un producto que en realidad en realidad, no nos hace ninguna falta.

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Martes 3/nov/09: El nuevo gobierno de Colima



I: Buenos días
El Salón Gobernadores, con los óleos restaurados de los mandatarios estatales contemplando desde las paredes, fue escenario del anuncio del gabinete del gobernador Mario Anguiano. A diferencia de otras democracias, donde la lista explícita de eventuales colaboradores del candidato define en buena medida las preferencias del electorado, acá en Colima los nombres de los titulares de las dependencias estatales fueron dados a conocer hasta que el nuevo ocupante de Palacio de Gobierno había protestado conducirse rectamente, había pronunciado su primer discurso, se había zampado unos mariscos a la carrera, y tenía ya las llaves del edificio en la bolsa. A decir de al menos un par de los ungidos, ellos mismos se enteraron de su nombramiento apenas la noche anterior. Como se esperaba, las 15 secretarías principales serán ocupadas por hombres, y de las 14 coordinaciones, institutos u oficinas restantes que forman parte del círculo central de la administración estatal, solo 7 serán encabezadas por mujeres, la mayoría de ellas en dependencias o programas menores. En el segundo piso de Palacio de Gobierno, el domingo a mediodía todo eran sonrisas y parabienes entre los funcionarios, familiares y periodistas. Abajo, la plebe esperaba para la salutación, el tradicional besamanos. Las palabras misteriosas de hoy son: asunciones, nombramientos, letras.

II: Clap clan clap
“Por sus abrazos los conoceréis”. Los políticos tienen una manera peculiar de abrazarse, cuyo origen puede rastrearse al eón mezozoico priísta: las palmadas ruidosas en la espalda son la rúbrica de la casa. El Salón Gobernadores era un concierto de palmadas y un brilladero de sonrisas en lo que esperábamos a que hiciera su aparición el gobernador. Con casi una hora y media de retraso (don Roberto George hacía gala de su capacidad discursiva para no permitir huecos en la transmisión de TvColima), dio inicio finalmente el primer acto del gobierno de Mario Anguiano, y ahora sí se borraron las medias tintas de los que todavía declaraban “pues vamos a ver dónde nos pone el señor Gobernador”.

No fue sorpresa que ratificaran a Rubén Pérez Anguiano al frente de la Secretaría de Cultura, como parece que tampoco lo fue la confirmación de Guillermo Adame como Secretario Particular. En cambio, no tan esperada fue la permanencia de Arturo Díaz en como Procurador, y se extrañó un nombramiento: el del director del Instituto Colimense de la Discapacidad, que vimos que no se daría ese día cuando José Manuel Moreno se fue a sentar en una fila trasera.

En lo personal, me alegra el nombramiento de René González como Coordinador de Comunicación Social. Él me hizo la invitación a colaborar con Ecos de la Costa hace dos años y medio, en su calidad de director de estas páginas entonces, lo reconozco como un comunicador inteligente, culto y capaz, y me une a él un sincero afecto. Seguramente desempeñará con buen tino su difícil labor en la nueva administración; menos mal que el nuevo gobernador tiene a alguien así en esa posición.

III: Anuncios de letras
Ya está en línea el episodio de esta semana de Corriendo sin balón, la columna sobre futbol y otras correderas que publico en http://www.colimafutbol.com/, por si gustan. Asimismo, para mañana estará disponible el número de noviembre de la revista Teatro Mexicano, en donde publico cada mes una columna sobre crítica teatral. La encuentran en http://www.teatromexicano.com.mx/. Finalmente, acabo de recibir la edición 2009 de la Revista Memorias del Teatro, publicada en Cali, Colombia, donde publican un ensayo mío sobre el teatro en Colima y su proyección internacional. Vamos a ver si luego lo podemos compartir en estas páginas.

Casi todo está en la red: ErnestoCortes.blogspot.com. Los leo: Ernesto@CuerdaCueroyCanto.com