Conciencia

viernes, 12 de febrero de 2010

Martes 2/feb/10: 41, de Rogelio Guedea

I: Buenos días
En la première de la 19ª temporada de su programa de televisión, en 2004, Oprah Winfrey pidió a las integrantes del público que revisaran debajo de sus asientos: bajo cada uno había una cajita. Dentro de algunas de las cajitas, dijo la conductora y magnate norteamericana, había llaves de autos. A la hora de irlas abriendo, resultó que todas las cajas tenían llaves, y así, en cosa de minutos, se regalaron 264 Pontiac G6, de $28 500 dólares cada uno. Este episodio legendario de la televisión norteamericana me vino a la mente el viernes pasado (con sus muy debidas distancias, claro) cuando algunos afortunados asistentes a la presentación de la novela 41, de Rogelio Guedea, encontraron bajo sus asientos vales intercambiables por un documental sobre la vida, obra y motivos del escritor. Digo, no es un carro, pero. En fin. Las palabras misteriosas de hoy son: letras, cuadraciones, ficción.

II: Firmes, ya.
Parecía más bien evento político, con la presencia de honorables autoridades presentes y pasadas, incluyendo a prominentes miembros del gabinete estatal, un diputado federal y un exgobernador. Luego, abogados, literatos, teatreros, músicos, periodistas y palomilla variada de la vida intelectual del pueblo (estos sí con interés genuino), reunidos para atestiguar el lanzamiento de la nueva obra del escritor al que, aunque nadie lo digamos en voz alta ni lo escribamos en nuestras columnas, en realidad todos admiramos porque, viviendo en Nueva Zelanda y teniendo los méritos que tiene, es el único que se anima a escribir como escribe sobre Colima, y a decir las cosas que dice. Por eso es que la impresión —muy personal— que me daban los políticos que codo con codo ocupaban la primera fila, es de que todos habían ido a cuadrarse. No es que les interese la literatura, ni mucho menos que vayan a leer el libro que se llevaron autografiado bajo el brazo, pero es que con ese Rogelio Guedea más vale estar en buenos términos, han de haber pensado.

III: Ora, vale
Así como las novelas policíacas de Paco Ignacio Taibo II (referencia obligada de la literatura negra en español) tienen de marco la Ciudad de México y su geografía, su habla, sus símbolos y referencias, en 41 uno va encontrando a Colima, sus calles, sus modismos, y sus historias sórdidas que, aunque muchos las quieran ignorar, ahí están. Apenas voy en los primeros capítulos, pero esa colimotez de la novela es evidente, y resulta sabroso encontrarse con un libro donde se habla como uno, y hasta da curiosidad ir a los domicilios y rumbos citados en la historia, a ver si de veras hay lo que el escritor dice que hay.

Pero como señaló Adalberto Carvajal en la presentación, 41 es una novela, no un reportaje, y aunque esté basado en hechos reales, no se trata de una crónica realista, sino de una invención. O eso creemos. Con todo y que decían que la ficción y que las arañas, la noche de la presentación nadie se atrevió a mencionar con nombre y apellido a uno de los personajes de la novela que fue sacado de la vida real: el hermano de un “importante político que llegó a ser candidato a la gubernatura” y que fue una de las víctimas de un asesino serial que atacaba homosexuales. Nadie se atrevió a insinuar que ese “importante político” no solo llegó a candidato, sino tantito más allá. Muestra de que la ficción también saca ronchitas.

En fin, habrá que entrarle a 41 con varios lentes. Su presentación fue auspiciosa, y la resonancia que ha tenido la presencia del autor en México para este book tour de inicio de año también es buena señal. Está en Random House Mondadori, por si gustan.

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