Conciencia

viernes, 29 de junio de 2007

Martes 26/jun/07: Privacidad y mente II

I: Buenos días
Decíamos entonces que en el siglo XIX el peligro más grande para la privacidad de los pensamientos, según la percepción popular, eran los mentalistas. Decíamos también que, en los 80s, para el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, al hombre le faltaban poco más de 22 mil años para desarrollar la tecnología que permitiera la interacción directa entre cerebro y computadora. Finalmente, comentábamos que la interacción cerebro-computadora es una realidad en nuestros días. En esta entrega cerramos el tema. Las palabras misteriosas de hoy son: privacidad y cerebro, segunda parte.

II: Tecnología
Los implantes globulares son chips que permiten que la actividad cerebral influya sobre las funciones de una computadora. Aunque todavía no están a la venta de manera comercial, hace varios años que se experimenta con ellos, sobre todo en el campo de la medicina (al menos públicamente. De las aplicaciones militares no sabemos). Por lo pronto, uno puede comprar actualmente equipos que “leen” los movimientos musculares de la cara y analizan algunas ondas cerebrales para convertirlas en órdenes para la computadora. Sin embargo, es cuestión de unos cuantos años para que nuestros hijos tengan, desde el nacimiento, la posibilidad del implante globular, y así ni siquiera tengan que mover los ojos para elegir las letras de un teclado ni para mover el mouse en la pantalla. Todo se hará a través del pensamiento.

Aún más, una vez que el implante permita el control de la computadora, no pasará mucho tiempo para que la computadora esté dentro de nuestra cabeza, para que el implante sea la computadora. La miniaturización y el empleo de la nanotecnología lo harán posible muy rápido. Empujemos un poco más: no será muy difícil añadirle teléfono a esa computadora; por consecuencia, podremos tener internet integrado. Exageremos un poco y veamos la imagen dentro de diez años: una persona con implante globular solo tendrá que pensar la orden para revisar si tiene un mail, o para enviarlo. Adiós teclados, adiós mouse, adiós pantallas, todo podrá estar dentro de nuestra cabeza.

III: Paranoia
Ya sé a qué suena. Casi los estoy oyendo: “este Ernesto ha leído mucha ciencia ficción”. Sí. Y no. “Ya no hay tal cosa como la ciencia ficción, todo es cuestión de tiempo”, dice el investigador canadiense Pat Mooney. Si bien ciertamente el año 2000 no nos trajo los autos voladores y los viajes en el tiempo, sí hay avances que ni Verne ni Asimov previeron. La manipulación de bits, átomos, neuronas y genes (BANG, por las siglas, le llaman los del Grupo ETC) representa una convergencia de tecnologías en las que muchos límites han sido borrados, comenzando por los límites de lo legal y lo ético.

En el momento en que aceptemos cargar con un implante en el cerebro, vendimos nuestra privacidad. A esas alturas del desarrollo tecnológico, es imposible para un usuario común y corriente saber qué le están instalando en la cabeza, y hasta dónde una computadora que interactúa con su cerebro está solamente recibiendo órdenes del cerebro. Surgen las preguntas, tal vez paranoicas pero no fuera de lugar considerando las circunstancias y los antecedentes: ¿Puede un implante globular transmitir a un tercero nuestros pensamientos? ¿Puede un tercero, a través del implante, sugerirnos algo en qué pensar?

Las señales de alarma ya las están dando los países desarrollados. Las tecnologías de información también pueden ser un caballo de Troya, por el peligro que representa para privacidad su mal uso. Ejemplos. La semana pasada, el gobierno francés prohibió a sus funcionarios el uso de BlackBerries –computadoras de mano que incluyen teléfono y conexión a internet-, por el peligro que representa la intercepción de datos que pueden ser de seguridad nacional (Le Monde, 21/jun/07). Un mes antes, la Comunidad Europea había exigido a Google.com revisar sus políticas de recopilación de información (Financial Times, 24/may). Resulta que Google.com, el buscador más utilizado en internet, guarda, desde hace dos años, información de todos los usuarios que lo utilizan. La dirección de nuestra computadora y todas aquellas búsquedas que hagamos desde ella son guardadas, junto con otros datos que son obtenidos de nuestra máquina, y ahí vamos creando nuestro dossier, sin saberlo. Un mes antes, hablando de otro tipo de privacidad, la Casa de Representantes del Congreso de Estados Unidos aprobó el Acta para la No Discriminación por Información Genética (25 de abril), que prohíbe a los empleadores y a las compañías de seguros utilizar información genética de los individuos para definir sus políticas respecto a ellos.

El concepto de privacidad en los tiempos de la información está cambiando día a día. También el concepto de ciencia ficción. “En el mundo están ocurriendo cosas increíbles”, le decía José Arcadio Buendía a Úrsula, maravillado por los inventos que los gitanos traían a Macondo. El problema ahora es que los gitanos modernos usan, o bien corbata de seda y traje a la medida, o bien uniforme verdeolivo cargado de condecoraciones, y no van casa por casa mostrando los nuevos inventos de los sabios de Harvard: los venden.

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