Conciencia

sábado, 3 de enero de 2009

Sábado 3/ene/08: Harry Houdini y la historia de la aviación


I: BUENOS DÍAS
A principios del siglo pasado, Harry Houdini era el mago más famoso del mundo. Sus actos de prestigitación, ilusionismo y escapismo lo hacían uno de los artistas mejor pagados y con más fama de la época. Escapaba de barriles lanzados al fondo del río, de celdas de prisiones, de camisas de fuerza, de cofres metidos dentro de ataúdes, de botes lecheros... Cada vez que Houdini hacía una demostración pública, era perseguido por decenas de periodistas que documentaban sus logros. Hoy se saben varios de los secretos de sus actos —llaves entregadas en un beso de su esposa, ganzúas escondidas entre la densa mata de rizos, útiles alambritos estratégicamente escondidos bajo la piel de partes callosas de pies y manos—, pero a la luz de aquellos tiempos, los portentosos escapes del mago lo convirtieron en un personaje mítico. Lo irónico es que él pensaba entonces que, pasados los años, sería recordado por algo muy lejano a sus escapes mágicos. Las palabras misteriosas de hoy son: de magos y aviones, primera parte.

II: VUELE POR FLY AIRWAYS
La historia escrita por los gringos indica que el aeroplano (al igual que el cine, dicen ellos) fue inventado en Estados Unidos. Recuerdo que, de niño, en la escuela me enseñaron que los padres de la aviación eran los hermanos Wright. No fue sino hasta mucho después que supe de Alberto Santos Dumont, un brasileño afincado en Francia, a quien en el resto del mundo (o sea, fuera de EEUU y el influenciable México) se le considera el verdadero iniciador de la era aérea. Aunque para este entonces había cantidad de gente elevándose del suelo usando los aparatos más diversos por Europa y Norteamérica (resultando con variado grado de indemnidad física tras los intentos), nadie había podido reunir las condiciones técnicas que hacían de su proeza un vuelo sostenido con todas las de la ley.

Si bien Orville y Wilbur Wright realizaron en 1903 el primer vuelo tripulado en una máquina más pesada que el aire, lo hicieron catapultando el aparato para su despegue, y con un viento a favor de 43 km/h para volar 36.5 metros en 12 segundos. Tres años después, Santos Dumont voló en París el doble de distancia en un aparato construido por él y por Gabriel Voisin, un notable diseñador industrial galo. La gran diferencia era que el 14-bis (nombre el aeroplano francés) tenía ruedas y despegaba por sí solo, sin ayuda de vientos o catapultas, aunque eso sí, trastabillando un buen rato en la carrera de largada antes de tomar los aires (el método para determinar el despegue y calcular distancias surcadas incluía un automóvil corriendo junto al avión mientras éste batallaba por elevarse, para dejar caer una marca señalizadora en el momento en que legalmente el avión comenzaba a volar).

III: EL MAGO QUE VOLABA (I)
La primera vez que Harry Houdini vio un avión, decidió que él también quería volar. Por 5,000 dólares se hizo de un Voisin en 1909, con su correspondiente mecánico de tiempo completo, un tal Antoine Brassac que maldecía en francés, el único idioma que hablaba, y quería el biplano por sobre todas las cosas – dormía en él, dicen. El escapista mandó pintar su nombre en los costados de las alas, y una mañana de noviembre de 1909, después de semanas de ansiosas lecciones sobre el arte de volar con Brassac, se dispuso finalmente a elevarse por los aires, sobre terreno alemán.

Un, deux, trois!, contó el mecánico, y dio el impulso inicial con ambas manos a la hélice de casi 2 metros y medio, en la nariz del aparato. Houdini maniobró la nave para ganar el impulso necesario para elevarla y saz, montó las 1350 libras de conocimiento humano de última generación en el aire. Voló y conoció algo que nunca había sentido en los escenarios. Allá arriba, solo, haciendo algo que pocos humanos hasta entonces habían logrado, Houdini sintió una emoción inmensa, “libertad y regocijo, eso es lo que es”, diría luego.

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