Conciencia

domingo, 19 de octubre de 2008

Sábado 18/oct/08: Ganas de vivir.


I: Buenos días
Llegaron a Colima precedid@s de una buena reputación y de críticas positivas, publicadas por las instancias más autorizadas del mundo cultural de Québec. Para Fabienne Cabado, del semanario Voir, “Concebida en forma de cuadros, la obra habla de diferentes rostros que toma la muerte, y de la prueba del luto para cada uno de los intérpretes. Los textos, en francés, en español, o en “frañol”, ponen en contexto ciertos elementos, traduciendo la aventura no siempre evidente de la comunicación intercultural”. François Dufort, de la revista Dfdanse, hacía la advertencia, muy pertinente para una cultura donde la muerte es un asunto que no se toca: “No teman, Lombardo no ha abordado su tema de manera pesada o dramática. Es más bien a la inversa (…) Ganas de vivir es, de hecho, muy festiva y lúdica. Todo aquello que es susceptible de ser dramático en la muerte es desdramatizado. Uf… las diferencias de aproximación a la muerte en las dos culturas quedan bien demostradas. La obra dejará al espectador de aquí con un solo remordimiento: es, en efecto, una pena que nuestro cristianismo local no haya tenido también mestizaje con las tradiciones de origen precolombino…”. Y, claro, también hubo los críticos que no entendieron mayor cosa sobre la raíz mexicana, aunque el espectáculo les hubiera gustado. Tal fue el caso de Sylvain Verstricht (de Indyish.com), para quien la Muerte (una Catrina mexicana) era “digna de una película de Tim Burton”, y el zapateado folclórico de una bailarina sobre un cajón de muerto era “tap tancing”. Con todo, Ganas de vivir, la coproducción de la Compañía de Danza y Arte Escénico de Colima, y la Compañía Les Soeurs Schmutt, llegó a Colima con las mejores credenciales, y no defraudaron. Las palabras misteriosas de hoy son: danza, teatro, vida y muerte.

II: Enterrar a los muertos
Dice Élodie Lombardo, la directora de Ganas de vivir, que “en Norteamérica y en Europa no hablamos sobre nuestros muertos, porque no sabemos qué hacer con ellos. El tema de la muerte está, precisamente, enterrado, no se habla de eso”. Por eso, el encontrarse en México con que celebramos a la muerte y recordamos a nuestros muertos con música, comida y bebida, fue un shock cultural que la atrapó y la fascinó. La muerte, decidió, sería el tema de su siguiente espectáculo.

Habiendo ya estado en Colima con Blouskaille Olouèze, hace tres años, las Hermanas Schmutt hicieron contacto con bailarines locales, con los que empezó el sueño de un proyecto conjunto. Éste se llevaría un par de años de planeación, gestión y pre-producción, y culminaría con una serie de ires y venires de bailarines de Québec a Colima, y viceversa, siendo la última tirada en este verano, cuando Susana Barrera, Cristóbal Barreto y Georgina Navarro viajaron a Montréal para unirse sobre la escena a Luc Al tadill, Frédéric Gagnon, Jean-François Légaré, Myriam Tremblay y Séverine Lombardo en el espectáculo que estrenaron en una sala del Monument National, en el marco del festival Danse-Cité. Ocho funciones después, la cita sería en Colima, en el marco del Festival Alfonso Michel, donde Ganas de vivir convocó a dos noches de sala completamente llena en el Teatro Hidalgo el fin de semana pasado.

Ganas de vivir atrapa desde que el telón se abre, y los intérpretes aparecen en la escena jugando con lo que después se revela como urna de cenizas, temiéndole primero, aceptándola después, y convirtiéndose luego en motivo de un momento embarazoso que da buena cuenta de los modales y la actitud quebequense ante el tema de la muerte: nadie habla, nadie ve, nadie recuerda, nadie lo toca. A partir de ahí, el espectáculo se divide en viñetas independientes en el que cada uno de los intérpretes muere y renace, donde se teme y se goza a la muerte, pero donde, sobre todo, se exuda vida, y las ganas de ésta.

La relación de lo que se ve en la escena con la vida real de los intérpretes es algo que le da a Ganas de vivir un toque muy claro de autenticidad: cuando Séverine y Susana hablan sobre sus cicatrices, uno puede sentir que están hablando de sus vidas, no repitiendo un texto teatral. Cuando Cristóbal y Georgina hacen un dueto, se puede ver que la identificación personal de los intérpretes va mucho más allá de la intimidad de un escenario: su relación de pareja en la vida real no los deja mentir bajo los reflectores del teatro. Miriam y Jean François son uno con el baile, son el aire que se mueve: el verlos representar sus muertes danzando nos da cuenta de cuánta vida han dedicado ellos a la danza. Detrás de Luc el bailarín, asoma Luc el músico que corre tras unas tinas que se mueven y que se convierten en su batería viviente. Frederic, en el papel de la Muerte, es quizá quien se lleva el espectáculo, a pesar de ser el que —aparentemente— menos se mueve: la Muerte no corre, no hace pasos espectaculares, no salta y gira en el aire; en su elegancia altiva, la Muerte se desenvuelve con una energía contenida que se desborda en la sonrisa eterna, en el gesto de donna todopoderosa, en el juego de la pelvis, los hombros y los brazos. La escena final, de manera impactante, da la razón de su personaje: al desnudarse de su traje vaporoso y su sombrero de ala ancha, descubrimos que el bailarín lleva puesta una férula en la pierna izquierda, y Fred abandona al personaje para mostrarse con una humildad poco común sobre un escenario: es el hombre auténtico, solo frente al público, frente al mundo.

Solo hay una sola queja de Ganas de vivir: dos funciones son demasiado poco. Tienen que volver a Colima. Esto no se puede quedar así. Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.

1 comentario:

JR dijo...

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