
I: Buenos días
Mi primo, que anda buscando trabajo, se presentó antier a la Feria del Empleo que se realizó en el auditorio Miguel de la Madrid. Repartio currículums (¿o currícula?) en los stands de varias empresas, y de pronto se le acercó un individuo para “ofrecerle trabajo”. Le dio una cita para el día siguiente (miércoles) en las instalaciones de Telmex, asegurándole que se trataba de un trabajo en la empresa telefónica. Como mi primo es un ingeniero en sistemas bastante calificado, se emocionó, y pensó que el puesto bien podría ser suyo. En la mañana se puso elegante y acudió a la cita, en el edificio de Teléfonos de México en Constitución, buscando al “Licenciado Ochoa” que, según le habían dicho, le realizaría la entrevista. Al llegar a Telmex, preguntó en la entrada por el Licenciado Ochoa, y el guardia de seguridad le señaló a una persona que estaba en el pasillo (no en una oficina ni tras un escritorio). El tal Ochoa le dijo “ah, sí, mira, nada más que las entrevistas no las estoy haciendo aquí, sino en Zaragoza 249”, y para allá partió mi primo, algo extrañado, pero esperanzado, como buena persona que está buscando trabajo. No sospechaba que todo era un engaño. Las palabras misteriosas de hoy son: chamba, transa, ética.
II: Lucrar con la necesidad
En Zaragoza 249 se encontró con una sorpresa: no se trataba de una entrevista personal para trabajo, sino de una operación grupal de enganchamiento para una de esas “empresas” que están un ratito aquí y luego se mudan a otra ciudad, tras sacar dinero de los que, ingenuamente, acuden en busca de trabajo. Hay en el país varios grupos que operan de esta manera: publican ofertas de trabajo en periódicos y por medio de volantes y hacen citas en las que, en vez de entrevistas individuales, un expositor de mucha habilidad para la labia les vende la idea de que “ustedes son triunfadores”, y que para ser más triunfadores van a iniciar su propio negocio con productos que ellos les proporcionan, y terminan vendiendo (o tratando de) cosméticos, la mayor parte de las veces. Tras una depuración para quedarse con los aspiran
tes más desesperados y débiles, los enganchados acuden a lo que la “empresa” llama “curso de relaciones públicas” o “capacitación”, que en realidad son sesiones de ablandamiento para que al final, sea porque uno se siente comprometido, o porque la presión psicológica orilla a eso, el que originalmente buscaba trabajo termine pidiendo dinero prestado entre sus amigos y parientes con la esperanza de arrancar “su propio negocio”, obviamente comprando producto de los que originalmente les habían prometido trabajo. Sobra decir que los productos son de calidad ínfima, y que venderlos bien vendidos resulta, a la postre, poco menos que imposible. Sobra decir que no hay reembolsos.No hay nada ilegal en este modus operandi, porque a fin de cuentas las personas voluntariamente entregan su dinero a la “empresa” pero sí hay mucho de inmoral, y no hay nada de ético. Desafortunadamente, estas “empresas” tienen todas las esquinas cubiertas, y no hay manera de acusarlas de hacer algo fuera de la ley. Sin embargo, en este caso sí hay algo muy turbio, pues se están presentando con la fachada de ser Telmex, y dentro de la empresa telefónica hay alguien que está permitiendo que eso suceda, pues el “Licenciado Ochoa” opera desde dentro del edificio de Telmex, y les vende a los aspirantes la idea de que van a trabajar para Carlos Slim, lo cual no es despreciable en este país. Otra cuestión alarmante es que el enganchamiento se da en el contexto de un evento oficial, que es la Feria del Empleo, usando también la imagen y los recursos de Gobierno del Estado y otras entidades oficiales que apoyan la iniciativa.
Ojalá que las autoridades (y Telmex) tomen cartas en el asunto, pues por muy legal que sea la empresa que opera ese local de la calle Zaragoza, el reclutamiento lo están haciendo por medios nada derechos, y se están colgando del prestigio y los recursos de otros para lucrar con la necesidad.
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