Conciencia

sábado, 20 de febrero de 2010

Martes 11/feb/10: La botarga / El diputado

I: Buenos días
Ahora, meses después, ya lo puedo platicar. En las pasadas elecciones, tuve oportunidad de observar muy detalladamente a varios candidatos a puestos populares del PAN en acción: resulta que en varias oportunidades me disfracé con una botarga que acompañaba a los candidatos en el crucero de San Fernando y Constitución (dado que el titular de la botarga era compa mío y me daba chance), con la intención periodística de ver de cerca (muy cerca) el actuar de los candidatos sin que ellos sospecharan que estaban siendo estudiados. Yo metido en la botarga agitaba la manita y a veces ondeaba una bandera, pero mis ojos y oídos estaban puestos en la candidata y los candidatos, que, cándidos, hasta me sonreían por lo bien que hacía mi trabajo. Así, desde mero adentro, me tocó ver lo mismo a la señora que se emocionaba por saludar de mano a Martha Sosa, que al taxista que le mentó la madre a Enrique Michel porque como presidente municipal nunca le dio una audiencia. El personaje más interesante de esas incursiones encubiertas, sin embargo, fue Leoncio Morán, Locho, candidato entonces y ahora diputado federal, pues definitivamente, nadie como él para el populachismo (que no populismo). La primera sorpresa fue darme cuenta de que era él mismo quien cantaba su cancioncita de campaña, aquella que decía “el que pega primero pega dos veces”. De su interacción con la gente y de sus actitudes saldrían tantas historias y rasgos de personalidad que no cabrían en esta columna, pero me dieron las pistas para entender mejor lo que anda haciendo ahora. Las palabras misteriosas de hoy son: seriedad, política, claridez.

II: ¿De veras no va a pagar su tenencia, diputado?
Hace un año, antes de que se dedeara quién representaría los intereses del PAN en la elección a la gubernatura, Locho anunció que se registraría como precandidato de ese partido “el 18 a las 8”, y le hizo mucha publicidad al evento (luego se tuvo que disciplinar y quedar calladito, porque la candidata fue otra, pero el cacaraqueo lo hizo). Ahora, que anda en su “cruzada” por la claridez, salió con las “Ocho preguntas de Locho” — que, en realidad, son como tres preguntas presentadas de diferentes maneras con tal de que sumen ocho y la cosa rime. Ésa ha sido la marca de la casa: lo chundo, lo folclórico chistosón, la falta de seriedad en planteamiento y acciones, el pastelazo irreflexivo.

Como he escrito en otras ocasiones, me parece innegable la necesidad de transparencia en las cuentas gubernamentales presentes y pasadas, pero hay modos para conseguir las cosas. Mientras Locho siga sin presentar datos concretos (y siga teniendo que retractarse dos horas después de conferencias de prensa explosivas), flaco favor le hará al pueblo. Pegar calcas, hacer declaraciones escandalosas sin los pelos de la burra en la mano, invitar a la población a romper la ley no pagando impuestos (olvidando que él aprobó nuevos), y golpetear sistemáticamente a la nueva administración no coadyuva mucho para generar un clima de transparencia, sobre todo cuando esas demandas se hacen sin seriedad y tienen claras intenciones de posicionamiento electoral a futuro.

El año pasado, el entonces diputado Adolfo Núñez hizo el trabajo sucio para socavar la posibilidad de aprobar en Colima las uniones del mismo sexo, al presentar una propuesta pirateada y desmembrada que resultó contraproducente. Locho puede hacerle el mismo daño a la transparencia que dice perseguir si sigue degradando el concepto con acciones más dignas de un cómico de carpa que de un político serio. El día que deje de jugar con su apodo y las rimas, y se asuma como el Señor Diputado Federal Leoncio Morán, tal vez empezaremos a hablar de otra cosa. Mientras tanto, más allá no se va a llegar.
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