Conciencia

jueves, 15 de octubre de 2009

Corriendo sin balón 8: La guerra de Javier Aguirre


“Si quieren guerra, guerra tendrán”, dijo Javier Aguirre, y aunque algunas voces expresaron extrañeza (como Carlos de los Cobos, que, de todas formas fue muy diplomático) muchos le celebraron la bravuconada, y varias decenas de miles se la tomaron a pecho a la hora de los himnos nacionales en el Estadio Azteca: fue imposible escuchar el himno de El Salvador porque la rechifla y los abucheos ahogaron por completo las notas en el que tendría que ser un momento de solemnidad, respeto, y buenos modales de anfitrión.

En conferencia de prensa previa al encuentro definitorio para el futuro mundialista tricolor, el director técnico nacional, con los ánimos inflamados por haber visto el video del más reciente partido de México en tierras salvadoreñas (“lo vi ahorita en la mañana, por eso vengo así”), hizo un llamado a la afición: “Dicen que en el futbol la condición de local se tiene que sentir, si son 11 guerreros ellos, nosotros somos cien mil guerreros, 11 en el campo y todo el país. No pueden venir a visitarnos y alardear que son 11 guerreros, no, en mi casa no, yo soy más guerrero que cualquiera en mi casa, con mi gente y con mi estadio”.

Contraviniendo las buenas maneras y, sobre todo, la corrección política que debería emanar de alguien en su posición, el Vasco Aguirre negó que solicitara un buen comportamiento por parte del público asistente al estadio para el partido ante El Salvador; antes bien, los azuzó: “El equipo no pide educación; yo pido que el Azteca esté a reventar, que el Azteca esté a muerte con su equipo verde los 90 minutos, que se note quién es el visitante. Será una olla de presión para el equipo, créanmelo, vamos a empujar a muerte. (…) Como decíamos, es la guerra sin muertos. Y mañana nos vemos, y mañana nos vemos.”

No es la primera vez que Javier Aguirre confunde el deporte con la guerra. Ya el pasado 4 de septiembre, el técnico nacional se había referido al suceso futbolístico como un situación bélica; declarando en torno al inminente encuentro con Costa Rica: “Son partidos de vida o muerte. Ya en un periódico costarricense venía una declaración de un dirigente ecuatoriano que decía que estos duelos son la guerra, pero sin muertos, ¡y tiene razón!, son la guerra, la guerra sabrosa, futbolística”. Los medios, por lo general, abrazan con gusto este tipo de manifestaciones, e incluso ha habido campañas publicitarias lamentables, como una de Tv Azteca donde los comentaristas se vestían de fieros piratas, o una de Televisa donde aparecían guerreros representando a los futbolistas. Como si en el país no tuviéramos ya suficiente violencia.

Por muy “sabrosa” que la plantee, el hecho es que la más importante figura futbolística del país, el hombre que tiene todas las cámaras y micrófonos apuntando a él, insiste e insiste en que el futbol es una guerra. Es muy lamentable que esto se dé, y que no haya nadie alrededor de Aguirre con la suficiente cabeza y sensibilidad como para hacerle notar el mal que le está haciendo a la sociedad con sus declaraciones. La guerra es la manifestación más deleznable de la condición humana, mientras que el deporte es una de las más elevadas, por lo que representa en cuanto a trabajo en equipo, sentimiento de unidad, persecución de un objetivo común, organización grupal, y, sobre todo, cultivación del cuerpo y mantenimiento de la salud y la buena forma física. Si nos vamos a sus orígenes, la guerra y el deporte no tienen nada qué ver; antes bien, son extremos contrapuestos de las posibilidades del ser humano.

Dicen que Freud dijo que la civilización humana comenzó el día que alguien lanzó una palabra en vez de una piedra. Parece que a Javier Aguirre eso no le ha pasado mucho por la mente, y prefiere irse por la metáfora machista y por la expresión bravucona. Vivimos en uno de los países más violentos del mundo. Hace mucho que superamos a los que antes eran paradigma de inseguridad, como Colombia, y hoy en día, fuera de México, nos ven como una de las tierras menos pacíficas del planeta. Nosotros perdemos la perspectiva, porque vivimos aquí, y porque ya se nos está haciendo costumbre el que cada día se anuncien 20, 30 nuevos muertos en la “guerra” que Calderón anunció apenas pisó Los Pinos. Permitir que esta violencia se traslade a los estadios, y fomentarla de la manera en lo hace Javier Aguirre, es dar muchos pasos para atrás en nuestro avance como sociedad, y es envenenar a una sociedad que lo último que necesita es más heridos y muertos.

El día que en un partido dominical de pueblo un padre de familia mate de un balazo a un árbitro de liga infantil porque no le cobró un penal a su hijito, vamos a poner el grito en el cielo, pero, en tanto sociedad, no seremos inocentes de ello. Si permitimos que el deporte se siga relacionando, así sea de palabra (pues es el primer disparador del proceso mental), con la guerra, seguiremos socavando la pirámide que como civilización hemos construido, y no podremos parar el descenso a la prehistoria, cuando en vez de palabras, había solamente piedras.

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