Conciencia

jueves, 13 de agosto de 2009

Jueves 13/ago/09: El espectáculo de la fe

Mario Anguiano llega a Talpa, en peregrinación para agradecer a la Virgen por haber ganado
I: Buenos días
Cuando fue “curada” tras de un largo exorcismo de varios años (estamos hablando de la cuarta década del siglo XVII), Jeanne des Anges, priora del convento de Loudun, Francia, se convirtió en una celebridad. Realizó una gira triunfal en la que se encontró con el cardenal Richelieu, con Luis XIII y Ana de Austria, y con lo más selecto del clero y el poder de aquellos tiempos. La monja, que había entretenido tanto al pópulo como a la nobleza europea con sus exorcismos públicos durante buena parte de la década, tuvo sus semanas de gloria, y luego volvió al convento, para nunca más salir. Comenzó entonces a escribir, y a mantener una nutrida correspondencia con cuanto notable podía, para comunicar sus impresiones respecto a la vida espiritual y a la gloriosa santidad que ella veía venir inminente, pues se consideraba tocada por Dios. Escribía y escribía sin parar; digamos que si entonces hubiera existido el Twitter, sor Jeanne des Anges hubiera sido la mujer más feliz de la Tierra. Las palabras misteriosas de hoy son: la vida espiritual.

II: Cuenta Aldoux Huxley
“Continuaba [sor Jeanne] escribiendo acerca del estado de su al­ma:.. a Surin, a la señora de Houx, a cualquiera que estuviera dispuesto a leer y a contestar. Si se hubieran publicado todas las cartas de la priora se habrían llenado muchos volúmenes y ello sin contar las que deben de haberse perdido. La hermana Jeanne, evidentemente, tenía aún la impresión de que "la vida interior" es una vida constante de autoanálisis practicado en público; mas por cierto que en realidad la vida interior comienza cuan­do cesa el autoanálisis. El alma que continúa hablando acerca de sus estados queda, por ello mismo, impedida de conocer su parte divina. San Juan de la Cruz hubo de escribir a un grupo de monjas que se quejaba de que él no les respondía a las cartas en las que las hermanas describían minuciosamente sus estados espirituales, que no lo hacía por falta de voluntad, porque verdaderamen­te las estimaba muy de veras, sino porque le parecía que ya se había dicho lo necesario respecto de esas cosas y que es preferible no escribir o hablar de ellas, porque por su naturaleza éstas piden silencio. Porque el hablar dis­trae, y el silencio y el trabajo recogen los pensamientos y fortalecen el espíritu.”

III: Look at me, I’m a saint
Creer que la vida espiritual es una vida de autoanálisis o de exhibición en público, es andar un tanto perdido en lo que a cuestiones profundas se refiere. Hacer de la vida espiritual un espectáculo ante las cámaras y los micrófonos ya no es errancia vaga, sino celo mal entendido y, en una de ésas, en el caso de los hombres públicos que se agarran de Dios para ganar simpatía y votos, hasta perversión pecaminosa. Hay una línea, ni siquiera sutil, entre la devoción personal auténtica y el interés de lucirse y querer ser fotografiado para que todos vean que sí soy bien buena persona y estoy requetebién con Dios. El que está bien con Dios no necesita que lo saquen en la primera plana de un periódico rezando o peregrinando; simplemente lo sabe, y lo goza.

IV: Total que
Claro que los políticos tienen derecho a profesar una fe, eso no se discute. Pero hay dos cosas cuestionables respecto a lo que está sucediendo en Colima en estos días en que los ganadores de las elecciones se hacen fotografiar ante el altar: una, el asunto arriba tratado sobre la autenticidad de la manifestación espiritual cuando ésta se hace en público y bajo los reflectores (que se les deja de tarea a los implicados para que resuelvan con su conciencia); y dos, la separación que, por ley, debe haber entre las cuestiones que competen al Estado, y las que tocan a la iglesia de cualquier denominación (lo cual sí debe ser tema de escrutinio público).

Dios no necesita leer el periódico o ver el noticiero, Dios ya sabe que los candidatos electos le agradecen (y los no electos también). Estos actos de lucimiento público a costa de una fe pueden ser aplaudidos ahorita por muchos, sobre todo porque los señores ganaron unas elecciones y tienen el poder de repartir tajadas; pero por otro lado, viéndolo desde la perspectiva de la big picture, esos montajes de piedad están haciendo que los políticos implicados se vayan acomodando en el nicho de folclor en el que se consagrarán para la historia, vista desde el futuro.

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