
I: Buenos días
Cuando, después de los atentados del 11 de septiembre aquél, y en plena locura dizque antiterrorista, Bush decidió que los visitantes a Estados Unidos tendrían que ser fotografiados y sus huellas dactilares registradas, el gobierno de Brasil fue el único en el mundo que tuvo una respuesta digna: Lula ordenó que a todos los turistas norteamericanos se les daría el mismo trato: al llegar a cualquier aeropuerto brasileño se les separaba y se les procesaba. A manera de desagravio, y para simbolizar que el pleito no era contra los individuos, sino contra una medida arbitraria del gobierno yanqui, el Ministerio de Turismo de Brasil puso edecanes en las terminales aéreas para que, una vez fotografiados e impresos los turistas, se les regalara una flor de bienvenida. Solo hubo un gringo que se quiso pasar de listo en ese entonces: un capitán de American Airlines que a la hora de la foto mostró el dedo medio de su mano derecha a la cámara. Lo multaron con 10 mil dólares y lo expulsaron de Brasil, sin posibilidad de volver. Las palabras misteriosas de hoy son: visas, la dignidad de los gobiernos.
II: “Our home and native land”
Después de México, el país que más conozco y que más me gusta es Canadá. He viajado por más de la mitad de ese país, he vivido y he trabajado —legalmente— allá, tengo muchos buenos amigos y he pasado infinidad de aventuras en esa tierra de gente amabilísima e inviernos increíblemente helados. En Canadá he hecho de todo: desde salir en la tele tocando la guitarra vestido de charro, a dormir en un albergue para desposeídos y depender de la caridad del Salvation Army; de tocar Guantanamera en las calles del centro de Vancouver para poder comer, a dar funciones en uno de los teatros más prestigiados de Montréal, cobrando 140 dólares por noche; de compartir una manzana con un pordiosero en un parque, a chocar copas con ministros y cónsules en un brindis de gala; de ser el bicho raro en una fiesta de pueblito donde nunca habían visto un mexicano, a ser invitado de honor en la celebración de un prestigiado club trasvesti. La única vez que le he salvado la vida a alguien fue en Canadá; irónicamente, le salvé la vida a un individuo mandándolo a la cárcel (el policía me dijo “no se preocupe, señor, en realidad es un acto muy generoso el que usted acaba de hacer”). Es más, yo en Canadá hasta me iba a casar y me iba a hacer ciudadano (menos mal que siempre no).
Por todo esto, me pesó enormemente enterarme de que a partir de ayer, el gobierno canadiense exigirá visado a los visitantes mexicanos, aduciendo que cada vez son más los refugiados con historias falsas (lo cual es muy cierto - yo conozco a varios de Colima que así le hicieron y son de lo más felices ahora por allá). Canadá había sido para mi sinónimo de apertura, tolerancia, bienvenida, en gran contraste con los Estados Unidos. La exigencia unilateral de la visa nos pone a los mexicanos en un escalón más bajo y necesariamente hará cambiar la relación entre los dos países (a nivel consular, a nivel pueblo, dudo mucho que la nobleza de los canadienses se pervierta por una orden oficial). Nos obligará al trámite extra de gestionar la visa aunque, conociendo a los canadienses, dudo que este proceso se compare a la dificultad de obtener una visa gringa — los que lo han intentado saben lo que es eso.
III: Todos coludos, pues
Cuando Vicente Fox, cediendo a las presiones de Bush, decidió en 2003 que a los brasileños se les exigiría visa para entrar a México, Lula ordenó que a los mexicanos se les impusiera el mismo requisito para entrar a Brasil. No por mala onda, sino en reciprocidad y como un acto de soberanía nacional. Sería bueno que Calderón defendiera la dignidad mexicana exigiendo el mismo requisito a los canadienses, no por joder ni azuzar, sino para establecer un tratamiento de iguales. Los canadienses, que son verdaderamente civilizados y equitativos, acabarían por entenderlo. Lástima que aquél ande tan ocupado contando muertos.
Estamos en la red (y en Querétaro, ahí les cuento el sábado): ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com.
Cuando, después de los atentados del 11 de septiembre aquél, y en plena locura dizque antiterrorista, Bush decidió que los visitantes a Estados Unidos tendrían que ser fotografiados y sus huellas dactilares registradas, el gobierno de Brasil fue el único en el mundo que tuvo una respuesta digna: Lula ordenó que a todos los turistas norteamericanos se les daría el mismo trato: al llegar a cualquier aeropuerto brasileño se les separaba y se les procesaba. A manera de desagravio, y para simbolizar que el pleito no era contra los individuos, sino contra una medida arbitraria del gobierno yanqui, el Ministerio de Turismo de Brasil puso edecanes en las terminales aéreas para que, una vez fotografiados e impresos los turistas, se les regalara una flor de bienvenida. Solo hubo un gringo que se quiso pasar de listo en ese entonces: un capitán de American Airlines que a la hora de la foto mostró el dedo medio de su mano derecha a la cámara. Lo multaron con 10 mil dólares y lo expulsaron de Brasil, sin posibilidad de volver. Las palabras misteriosas de hoy son: visas, la dignidad de los gobiernos.
II: “Our home and native land”
Después de México, el país que más conozco y que más me gusta es Canadá. He viajado por más de la mitad de ese país, he vivido y he trabajado —legalmente— allá, tengo muchos buenos amigos y he pasado infinidad de aventuras en esa tierra de gente amabilísima e inviernos increíblemente helados. En Canadá he hecho de todo: desde salir en la tele tocando la guitarra vestido de charro, a dormir en un albergue para desposeídos y depender de la caridad del Salvation Army; de tocar Guantanamera en las calles del centro de Vancouver para poder comer, a dar funciones en uno de los teatros más prestigiados de Montréal, cobrando 140 dólares por noche; de compartir una manzana con un pordiosero en un parque, a chocar copas con ministros y cónsules en un brindis de gala; de ser el bicho raro en una fiesta de pueblito donde nunca habían visto un mexicano, a ser invitado de honor en la celebración de un prestigiado club trasvesti. La única vez que le he salvado la vida a alguien fue en Canadá; irónicamente, le salvé la vida a un individuo mandándolo a la cárcel (el policía me dijo “no se preocupe, señor, en realidad es un acto muy generoso el que usted acaba de hacer”). Es más, yo en Canadá hasta me iba a casar y me iba a hacer ciudadano (menos mal que siempre no).
Por todo esto, me pesó enormemente enterarme de que a partir de ayer, el gobierno canadiense exigirá visado a los visitantes mexicanos, aduciendo que cada vez son más los refugiados con historias falsas (lo cual es muy cierto - yo conozco a varios de Colima que así le hicieron y son de lo más felices ahora por allá). Canadá había sido para mi sinónimo de apertura, tolerancia, bienvenida, en gran contraste con los Estados Unidos. La exigencia unilateral de la visa nos pone a los mexicanos en un escalón más bajo y necesariamente hará cambiar la relación entre los dos países (a nivel consular, a nivel pueblo, dudo mucho que la nobleza de los canadienses se pervierta por una orden oficial). Nos obligará al trámite extra de gestionar la visa aunque, conociendo a los canadienses, dudo que este proceso se compare a la dificultad de obtener una visa gringa — los que lo han intentado saben lo que es eso.
III: Todos coludos, pues
Cuando Vicente Fox, cediendo a las presiones de Bush, decidió en 2003 que a los brasileños se les exigiría visa para entrar a México, Lula ordenó que a los mexicanos se les impusiera el mismo requisito para entrar a Brasil. No por mala onda, sino en reciprocidad y como un acto de soberanía nacional. Sería bueno que Calderón defendiera la dignidad mexicana exigiendo el mismo requisito a los canadienses, no por joder ni azuzar, sino para establecer un tratamiento de iguales. Los canadienses, que son verdaderamente civilizados y equitativos, acabarían por entenderlo. Lástima que aquél ande tan ocupado contando muertos.
Estamos en la red (y en Querétaro, ahí les cuento el sábado): ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com.



0 comentarios:
Publicar un comentario