
I: Buenos días
Como nunca antes en estas lides, el proceso electoral que estamos atravesando se ha convertido también en una batalla entre publicistas. Si bien el presupuesto resulta determinante (no se puede comparar la impresión de un volante de Mario o de Martha con uno de Gabriel Salgado), algo que tiene también su peso es el ingenio de los encargados de armar la campaña, y la capacidad técnica y creativa de los que en ella trabajan. Aunque los candidatos de Convergencia y el del PRD no cuentan con los recursos económicos aparentemente inagotables del PAN y del PRI, hay grandes diferencias en sus instrumentos propagandísticos: si bien la publicidad de Ochoa Manzur es modesta, resulta evidente que tiene a su servicio a gente que conoce el correcto uso del idioma español, en contraste con el equipo de Salgado, que imprime dípticos infames en cuanto a ortografía y redacción. El dinero no lo es todo, pues, aunque en la big picture —literal y figurada— sí hace una gran diferencia. Las palabras misteriosas de hoy son: publicistas, campañas.
II: C’est la guerre
Una de las ideas que a mi me parecían
geniales en esta campaña —hasta que le metieron banderas— era la de las botargas de signos de admiración en los semáforos de la avenida Sevilla del Río. Aunque el mensaje no era explícito, el color naranja de los disfraces le dice de inmediato al cerebro del espectador que se trata de una publicidad del PAN, pues este tono se encuentra en la paleta de colores usada por este instituto político. Sin embargo, los ideólogos del numerito decidieron que tenían que ser más agresivos, y les pusieron banderas blanquiazules, con lo que, a mi juicio, se perdió un concepto inteligente y estéticamente agradable, y se pasó a lo burdo.
Del lado del PRI, aunque al principio empezaron flojones con unas fotos de Mario Anguiano que no le favorecían mucho, en los últimos días sacaron unas imágenes soberbias del candidato (me refiero a la parte técnica de la foto y al diseño del espectacular), y, desde hace algunas semanas, han asestado golpes durísimos al PAN en el que se ha convertido en punto central de esta batalla: la glorieta del DIF.
Como recordarán los lectores, hace algunos fines de semana apareció un espectacular, sobre la gasolinera, en el que por medio de globos de texto estratégicamente colocados, parecía que tanto Martha Sosa como Locho expresaban su adhesión a Mario. Eso obligó a los panistas a cambiar de inmediato sus lonas, aunque el guamazo ahí quedó. Luego, hace apenas unos días, los globos de texto fueron renovados por algo de plano irreverente, pero indudablemente divertidísimo: Locho parece decir “Algún día, todo esto será tuyo”, mientras que Martha parece responder “¿Y la Cheyenne, apá?”, en clara referencia al popular comercial de televisión (y tal vez en velada referencia al atropellamiento perpetrado por el cónyuge de la candidata sobre una niña).
La respuesta del PAN (o eso parece, con las bolas que se andan haciendo al tratar de desmentirlo, desmintiéndose entre ellos) fue estrepitosa: sobre el espectacular de Martha ahí en la glorieta pusieron otro —que apenas duró un rato— del tipo narcolona en el que agredían a Mario Anguiano, volviendo a la carga con lo de sus supuestos nexos con el crimen organizado, usando tipografía y colores similares a los empleados en la campaña del priísta.
Si realmente fue el PAN quien mandó poner esa lona (camina como pato, nada como pato, grazna como pato, ¿será un pato?), resulta muy desafortunada la estrategia, porque, diciéndolo vulgarmente, es como escupir para arriba: ese tipo de acciones se revierten de inmediato. Además, en términos de competencia publicitaria, sería ya una patada de ahogado, un berrinchito de último recurso al verse agobiados, respondiendo con agresividad vulgar al ingenio y la malicia bien aplicada. Veremos qué dicen las investigaciones sobre la autoría de la lona.
Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernesto@cuerdacueroycanto.com
Como nunca antes en estas lides, el proceso electoral que estamos atravesando se ha convertido también en una batalla entre publicistas. Si bien el presupuesto resulta determinante (no se puede comparar la impresión de un volante de Mario o de Martha con uno de Gabriel Salgado), algo que tiene también su peso es el ingenio de los encargados de armar la campaña, y la capacidad técnica y creativa de los que en ella trabajan. Aunque los candidatos de Convergencia y el del PRD no cuentan con los recursos económicos aparentemente inagotables del PAN y del PRI, hay grandes diferencias en sus instrumentos propagandísticos: si bien la publicidad de Ochoa Manzur es modesta, resulta evidente que tiene a su servicio a gente que conoce el correcto uso del idioma español, en contraste con el equipo de Salgado, que imprime dípticos infames en cuanto a ortografía y redacción. El dinero no lo es todo, pues, aunque en la big picture —literal y figurada— sí hace una gran diferencia. Las palabras misteriosas de hoy son: publicistas, campañas.
II: C’est la guerre
Una de las ideas que a mi me parecían
Del lado del PRI, aunque al principio empezaron flojones con unas fotos de Mario Anguiano que no le favorecían mucho, en los últimos días sacaron unas imágenes soberbias del candidato (me refiero a la parte técnica de la foto y al diseño del espectacular), y, desde hace algunas semanas, han asestado golpes durísimos al PAN en el que se ha convertido en punto central de esta batalla: la glorieta del DIF.
Como recordarán los lectores, hace algunos fines de semana apareció un espectacular, sobre la gasolinera, en el que por medio de globos de texto estratégicamente colocados, parecía que tanto Martha Sosa como Locho expresaban su adhesión a Mario. Eso obligó a los panistas a cambiar de inmediato sus lonas, aunque el guamazo ahí quedó. Luego, hace apenas unos días, los globos de texto fueron renovados por algo de plano irreverente, pero indudablemente divertidísimo: Locho parece decir “Algún día, todo esto será tuyo”, mientras que Martha parece responder “¿Y la Cheyenne, apá?”, en clara referencia al popular comercial de televisión (y tal vez en velada referencia al atropellamiento perpetrado por el cónyuge de la candidata sobre una niña).
La respuesta del PAN (o eso parece, con las bolas que se andan haciendo al tratar de desmentirlo, desmintiéndose entre ellos) fue estrepitosa: sobre el espectacular de Martha ahí en la glorieta pusieron otro —que apenas duró un rato— del tipo narcolona en el que agredían a Mario Anguiano, volviendo a la carga con lo de sus supuestos nexos con el crimen organizado, usando tipografía y colores similares a los empleados en la campaña del priísta.
Si realmente fue el PAN quien mandó poner esa lona (camina como pato, nada como pato, grazna como pato, ¿será un pato?), resulta muy desafortunada la estrategia, porque, diciéndolo vulgarmente, es como escupir para arriba: ese tipo de acciones se revierten de inmediato. Además, en términos de competencia publicitaria, sería ya una patada de ahogado, un berrinchito de último recurso al verse agobiados, respondiendo con agresividad vulgar al ingenio y la malicia bien aplicada. Veremos qué dicen las investigaciones sobre la autoría de la lona.
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