El siguiente texto corresponde a la columna La Voz de la Colmena, publicada el sábado pasado en el diario El Comentario. Lo reproducimos por considerar que vale la pena compartirlo.
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OPCIONES
Por Sara S. Manzano
Cuando vamos a comer a un buffet, y ninguno de los platos nos atraen demasiado, terminamos por escoger aquella comida que menos nos hará sufrir a la hora de devorarla. Exactamente es a esta situación a la que me recuerda hoy día el acto de ir a votar. Llegamos, nos identificamos, nos ponemos frente a la urna, y cuando vamos a marcar la casilla del que será nuestro partido elegido, nos decimos a nosotros mismos que no es el mejor pero que dentro de la oferta existente es el menos malo. Discúlpenme, pero hay mejores soluciones. Al igual podemos abandonar el restaurante con buffet e irnos a cocinar en casa nuestro plato favorito, también podemos marcar la casilla del voto en blanco o dejar claro en nuestra papeleta que es un voto en este color. Esto no significa, como mucha gente cree, que nuestro voto no servirá de nada o que nuestro voto en blanco irá a caer en las manos del partido que obtenga mayoría. Significa precisamente todo lo contrario, que no nos gusta ninguna de las ofertas que existen en la política actual y que, en consecuencia, no vamos a votar a ningún partido sino que vamos a manifestar nuestro disgusto.
Otra aclaración importante es que, aunque mucha gente no lo sabe, los votos en blanco son tan válidos como los votos por un partido u otro, y si toda esa parte de la población que pensara en elegir “dentro de lo malo, lo menos malo” (como en el buffet) hiciera lo que verdad quiere, no votar a ninguno pero hacerlo saber, es decir, votar en blanco, habría muchas cosas que podrían cambiar, o al menos estaríamos intentando que las cosas cambiasen. Para que lo comprueben les contaré que en las votaciones, al menos en las españolas que son las que me tocan más cercanas, debe de haber un porcentaje mínimo del 3% del total de los votos para que una fuerza política pueda entrar a participar en el reparto de los escaños. En esta fase inicial del reparto de los porcentajes, también se tienen en cuenta los votos en blanco, ya que como dijimos son igual de válidos que los demás, y en caso de que se alcanzara ese porcentaje del 3% mediante estos votos, cabría la posibilidad de pensar en dejar espacios vacíos en el Parlamento para que en ellos se representara a esa parte de electores que, por unas u otras cuestiones, decidieron votar en blanco…entonces el panorama político podría sufrir un importante giro, ¿no les parece?
Si no lo ven demasiado claro, les recomiendo que revisen la novela “Ensayo sobre la lucidez”, del genio literario José Saramago. Soy consciente de que se trata de literatura y no de un asunto real. Sin embargo, es tan coherente lo que se narra en este libro que uno se imagina que pudiera suceder con cierta facilidad. Todo se desarrolla en una ciudad donde el pueblo no se ve representado por sus políticos, es durante unas elecciones municipales, cuando de forma individual, los habitantes comienzan a hacer uso del voto en blanco. Ante la sorpresa de los resultados de las votaciones, la mayoría votos en blanco, el gobierno entra en tal estado de temor que considera que se trata de un acto de rebelión e instintivamente busca a los culpables, y si no aparecen, hasta los inventa. Esto se asemeja mucho a la realidad, ya que no han sido pocas las corrientes que han calificado el voto en blanco como un voto antidemocrático o anti-sistema. Esto no tiene ningún tipo de fundamento ya que el votante que lo hace en blanco es solamente alguien que no está conforme con el funcionamiento que se está dando a la democracia. El mensaje que si nos deja entrever el libro de Saramago, es que los ciudadanos de a pie, con su moral a cuestas, son capaces de producir grandes avances si actúan en concordancia con su libertad y haciendo uso de ella. Y no forma parte de nuestra libertad ni de nuestros derechos vernos representados por políticos que verdaderamente no nos gustan o que son cómplices de los poderes económicos. Porque a esas corrientes que hablan de que votar en blanco no es un gesto democrático, habría que decirles que menos democracia es un sistema político que se ve dominado y manejado por todo un sistema económico.
Por cierto… es lógico, que si ya quedamos para almorzar en un buffet con un grupo de personas, y al llegar nos encontramos con que la comida no es de nuestro agrado, nos veremos obligados a elegir de entre todos los platos el menos malo, aunque solo sea por un gesto de amabilidad para con los que nos acompañan no es correcto que en esta situación nos vayamos a comer a casa; pero no olvidemos que cuando vamos a votar lo hacemos de forma individual y si algo nos sobra en esta situación, visto lo visto, es la amabilidad.
sábado, 20 de junio de 2009
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