Conciencia

lunes, 20 de abril de 2009

Martes 21/abr/09: Radiografía de un mitin del PRI en Colima


I: Buenos días
Ignacio Peralta es el último de los importantes en subir al templete. Cuando lo hace, Mario Anguiano va empezando la salutación de los notables, de atrás para adelante. El candidato estrecha la mano del diputado Ánzar, y unos pasos adelante se encuentra con Jesús Orozco, que baja el escalón donde está parado y sacude varias veces la mano de Anguiano; un fotógrafo que está cerca les pide que repitan la pose y varios otros estiran rápido la cámara para captar el momento del significativo reencuentro público. Orozco algo le dice al fotógrafo, que asiente. Un metro más adelante, Mario se encuentra con Nabor Ochoa, a quien también le tocó lugar hasta la última fila; el acompañante de Nabor, deshaciéndose de nervios, le pide al candidato que le haga el honor de tomarse una foto con él: hasta yo le alcanzo a ver el temblor de las manos. El escenario del primer mitin político del PRI rumbo a las elecciones de julio es un verdadero circo, un escaparate donde todos se quieren dejar ver y donde todos pretenden estar taan felices señor porque usted es el candidato. El escalafón es evidente en el vestir: los que traen camisa de botones tienen hueso o aspiran a él; los que traen camiseta sin botones no aspiran a tanto, son nomás operativos. Aunque tal vez haya una excepción: Ernesto Pasarín, expresidente de la FEC, no usa botones, pero trae radio en la mano, y será el único que no se despegue de la espalda del candidato, y el último en acompañarlo, cuando ya todos se hayan ido, y Anguiano termine su agotador baño de pueblo, un par de horas después. Las palabras misteriosas de hoy son: un mitin desde la sombrita.

II: La estrategia del aturdimiento
“Mario Anguiano es la mejor persona con el potencial suficiente (sic)”, repite y repite un anuncio en las pantallas gigantes mientras el gritón de la ocasión enronquece (y ensordece) con exclamaciones destempladas que de pronto pierden coherencia, aunque nunca vehemencia. Vienen los discursos: El Tronco Kahwagi vuelve a decir que mete las manos al fuego por el candidato; Itzel bienviene a los reconvertidos, y se recuerda a Gustavo, cómo no, y a Colosio, faltaba más.

Cuando le toca el turno, el candidato produce lo que Luis Spota llamaría “un vacío sonoro”. Usa la mitad del tiempo para agradecer a una larga lista de los presentes en el escenario, nombrando una virtud (real o inventada) de cada uno y dándole las gracias por no haberlo “dejado solo”; la otra mitad del discurso es para echarse porras, defenderse de los que lo acusan de estar ligado al narco, y aplicar la estrategia del mártir, pero de sustancia, nada. No hay propuestas claras, cifras, proyectos, esbozos de planes, nada. Todo es lugares comunes y mucho relumbrón, confeti, gritos y banderitas, con su momento emotivo cuando sube a la escena el papá de Mario, mucho de todo eso, pero el mitin lo deja a uno vacío: se asistió a un espectáculo nada más, no a un encuentro donde se practicara verdadera política. Si quería yo saber qué propone en concreto el candidato del PRI si se convierte en gobernador, me fui sin enterarme.

III: Las grandes ligas
Entre los que nos quedamos al final del mitin, cuando Mario Anguiano se baja del templete y se sumerge en la muchedumbre, se empieza a correr la voz: ¡el candidato está regalando dinero! Una señora a un lado me explica que si le pides, Mario te da un billete de $200 y luego una muchacha te anota en una libretita. Aunque me muestra orgullosa su billete, me cuesta trabajo creerlo, así que me pongo a nadar en la masa y llego al candidato en el momento justo en que le entrega, enrolladito, un billete verde a una señora en silla de ruedas, que se deshace en bendiciones. Unos muchachos de rojo apartan a la señora y una chica llega, con una libretita, a pedirle sus datos. Me quedo inmóvil, digiriendo lo que acabo de ver, y la muchedumbre me va sacando del epicentro. El candidato saca otro billete de la bolsa, más allá, y más acá alguien me jala y me da un codazo para avanzar hacia el señor porque la codicia —o la necesidad— no espera.

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Update: las reacciones a esta columna, comentadas aquí.

1 comentarios:

fABz dijo...

Tengo que aceptar que cuando lei esto pense en ir a pedirle dinero ja claro que no daria mis datos a nadie... Para que querrian mis datos aa?
No puedo creer como se burlan de nosotros en nuestras narices, me da como coraje, tristeza y risa.
Cualquier mezcla de ambos sentimientos debe ser mala no?
Muy buen blog! saludos =)