Conciencia

miércoles, 21 de enero de 2009

Jueves 15/nov/08: La SeJuv, José Manuel Romero, la nostra Clase Periodística



I: Buenos días
Yo nomás iba a buscar a un amigo que trabaja ahí, pero salí con un crédito para comprar una computadora nueva, un CD con un curso de “Crea tu Asociación Civil en 16 sencillos pasos”, y asesoría para registrar una marca en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Todos los servidores públicos con los que traté me dieron información completa y detallada, y resolvieron todas mis dudas de una manera amable, tratándome como corresponde y sin escatimar tiempo o atención a mis peticiones. Mi amigo que trabaja en la Secretaría de la Juventud no estaba, por cierto. Las palabras misteriosas de hoy son: secretarías, diputaciones, la pérdida indecorosa del estilo.

II: De los Aspirantes
Desde que era Instituto, y estaba bajo la dirección de Ramón Contreras, he tenido cercanía con la que ahora es Secretaría de la Juventud, tanto colaborando con ellos en calidad de artista y otras facetas, como recibiendo los beneficios de muchos de sus programas. Esta relación de más de 10 años me ha llevado a considerar que, hoy por hoy, la de la Juventud es la secretaría que mejor funciona en la administración estatal. Amén de la amplitud de sus servicios y programas, tiene cualidades que no se encuentran en otras dependencias públicas, como el buen trato, la correcta organización interna, y el espíritu de servicio que, en teoría, debería caracterizar a todas las oficinas de gobierno. Por estas y otras razones, cuando vi que José Manuel Romero, secretario de la Juventud, hacía públicas sus aspiraciones a una diputación local, lo primero que pensé fue “órale, qué chido”.

Como no se sabe a ciencia cierta quiénes serán los candidatos para la diputación del primer distrito, yo no diría que votaría por el secretario de la Juventud, sin conocer las propuestas y las personas de los aspirantes de otros partidos, pero creo que su presencia en una boleta electoral ofrecería a los votantes una opción muy interesante y nada desdeñable, pues como funcionario ha mostrado que sabe mantener bien aceitados los engranajes del complejo servicio público. Veremos para dónde sopla el viento.

III: No hagan olas
Cuando lo leí, me vino esta imagen a la mente: Es como si, en la balsa en medio del mar, uno de los ocupantes de ésta se pone de pie y, abriendo el ángulo de las piernas, se pone a bambolear la balsa para que todos se sacudan, se salpiquen, y corran el riesgo de caer al agua y ahogarse. El que está inclinando la balsa de un lado a otro, sin dejar de hacerlo, grita “¡hey!, ¡¿quién está moviendo la balsa!? ¡Pónganse en paz, que nos vamos a hundir!”. Así se me figuró al leer ayer la columna del director del Diario, quien acusa a Salvador Silva y a Luis Ignacio Villagarcía de promover “la difamación, la calumnia, la división, la confrontación, la ofensa, la majadería y el chisme” desde la Dirección de Comunicación de Gobierno del Estado. Es notable esa acusación, y da para pensar, sobre todo porque, en ese mismo texto, el autor usa expresiones como “sátrapa”, “el déspota de Palacio”, “mal gobierno”, “falsos servidores públicos”, “antecedentes nefastos”, “instrumento perverso”, “esquiroles periodísticos” (¿sabrá lo que quiere decir “esquirol”? Parece que no), “juego sucio y perverso”, participación “parcial y cochina”, “aspiraciones toreras”, “ceros a la izquierda”, “están pintados en la pared”, y, claro su signature move, “el peor gobierno en la historia moderna de Colima”. El que una persona acuse a otra de majadera, ofensiva, confrontadora, difamadora, etc, y luego, apenas renglones abajo, dé rienda suelta a un repertorio de epítetos como los anteriormente citados, definitivamente da para pensar.

La galanura de la expresión escrita hace mutis deshonroso cuando se cae en la tentación fácil de los exabruptos. Es triste ver que ése sea el nivel de algunos sectores del periodismo colimense. Con una clase periodística así, cómo se puede exigir una clase política de primera. En las manos de los que escriben recae buena parte de la responsabilidad de construir un ambiente político más sano y de altura.

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