
(Por alguna extraña razón, esta columna no fue publicada en el diario Ecos de la Costa, donde regularmente publico, y donde tendría que haber aparecido el martes 23. Aquí está, para los lectores en red)
I: Buenos días
Aún andando lejos, he seguido puntualmente las noticias de Colima. El alboroto causado por lo del hermano del presidente municipal de Colima no me sorprendió tanto, pues era una estrategia que anunciaba venir de lejos, nada más faltaba ver cuál iba a ser la mancha del pasado que se usaría como estandarte. Además, se ve que no será un caso aislado, sino que, conforme avancen los tiempos (pre)electorales, otros (pre)candidatos serán exhibidos por una u otra cosa: cuentas viejas en anteriores cargos; favorcitos concedidos a un amigo que se volverá incómodo; más ovejas negras familiares; si tenemos suerte, algún un adulterio por ahí, chance un videoescándalo para ponerle picante a la sopa. El show que debe continuar, pues. Las palabras misteriosas de hoy son: arsenales, perfiles, golpes.
II: Eran bien amables los vecinos
Sin embargo, lo que leí hoy en el titular sí me dejó con la boca abierta. ¿Un arsenal en Colima? ¿En Lomas? Como que uno se imagina que las “casas de seguridad” de los malos están siempre en barrios sombríos, en colonias sin ley, en fincas de fachadas deslavadas que pasan desapercibidas, no en barrios residenciales de gente bien.
Hace tres años, Daniel Cabeza de Vaca, entonces procurador de la República, anunció a los medios la captura de un narcotraficante de quien dijo era “probablemente uno de los más importantes detenidos en la historia”: Ricardo García Urquiza, médico cirujano de profesión, era, según la PGR, responsable del 20% de la droga que entraba a Estados Unidos. Sin embargo, lo que más llamaba la atención del detenido, y que la autoridad hizo notar, es que se trataba de un nuevo perfil de narcotraficante; ya no el botudo con gruesas cadenas de oro y lente oscuro, sino “una persona preparada, profesionista, no señalada, que se mueve libremente en nuestro territorio nacional (...), que vive en zonas de clase media-alta y alta, que no se mueve con los coches ostentosos en que se mueven normalmente estas gentes". El nuevo narco "tiene una formación con cultura de tipo empresarial", aseguró el procurador, quien también señaló entonces que “las operaciones financieras las llevaban con reglas de contabilidad, con registros contables, con asientos, con cuentas que realmente corresponden a una empresa" (BBC Mundo, 21/nov/05).
El hallazgo de una “casa de seguridad” en una zona residencial de Colima es una prueba de los cambios que se están dando en el negocio de lo ilícito. Parece que las fuerzas del mal adoptaron el consejo de los buenos jugadores de escondidas: “escóndete donde te vean”. Como en las películas gringas donde el vecino ejemplar por las noches cambia la podadora por el rifle de precisión y resulta ser terrorista.
III: El golpe
Seguramente los boletines oficiales dirán que este histórico decomiso de armas representa un duro golpe al crimen organizado, lo que será una verdad a medias, pues los adoradores de Tezcatlipoca (diría López Portillo) no se van a arredrar por unas cuantas armas perdidas (aunque para nosotros, los mortales, sean un chingo). Aquí el golpe verdaderamente duro es para los colimenses de a pie, que de pronto despertamos a la cruda realidad de que estamos rodeados, estamos más rodeados de lo que pensábamos. La imagen paradisíaca del Colima seguro donde todas esas cosas feas no pasan se nos está yendo como arena entre los dedos. Estamos dando las últimas boqueadas de una forma de vida que a nuestros hijos no les tocará vivir, y hablaremos de esos tiempos con nostalgia, como los viejos que se referían metafóricamente a los días felices en que amarraban a los perros con longaniza.
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