I: Buenos días
El pasado jueves tuve el honor de estar entre los invitados al preestreno de la película Conozca la cabeza de Juan Pérez, ópera prima del joven director y guionista Emilio Portes, protagonizada por el actor colimense Silverio Palacios, quien por cierto tuvo un fin de semana redondito, pues al día siguiente, en la reinauguración del Parque Regional Griselda Álvarez, su nombre le fue impuesto —merecidamente— al foro que se encuentra en las instalaciones de este espacio. De la película lo único que puedo decir es que es una lástima que no haya más funciones pronto, y que tengamos que esperar hasta finales de año para tenerla nuevamente en cartelera: es una comedia muy bien escrita y no menos bien interpretada. Además de ver nuevamente a Silverio en la pantalla grande, me dio gusto ver a Carlos Cobos (viejo compinche de Brozo con personajes como el Profesor Berinstain y Fray Antena en tele y radio, además de actor de larga carrera en teatro y cine), quien interpreta a un payaso, compadre del mago que hace Palacios. Algo notable de esta cinta es que, aunque se trata de una película de payasos, no da lugar a la redundancia ni al pastelazo, y explora el humor de las palabras y las situaciones irónicas. Enhorabuena al director y a los actores, y un aplauso a la Secretaría de Cultura, que tuvo la iniciativa de traer al profeta a su tierra. Las palabras misteriosas de hoy son: música, cine, danza.
III: Música
El domingo por la noche se presentaron, ante un Teatro Hidalgo repleto a pesar de la inusual hora (generalmente los domingos las funciones de teatro y música se programan a las 6:00 pm, por aquello de la levantada temprano el lunes) los grupos Litoral, Maguey, y el Mariachi Santa Cecilia, para un espectáculo que dejó al público más que satisfecho ante la variedad y la calidad de los artistas que pisaron el escenario.
Litoral abrió y ofreció un programa corto pero muy bien interpretado; el tiempo que llevan tocando juntos y las habilidades individuales de cada músico se combinaron para dar un sonido que se escucha firme, amarradito, experimentado. Eso sí: se extrañaba de pronto un bombo legüero o un cajón peruano: mucha y buena cuerda (guitarra, vigüela, tres, charango, guitarrón, cuatro, bajo) mucho y buen aliento (flautas, quenas, zampoñas, sax, clarinete), pero faltaba una base rítmica que le diera aún más sabor. Los músicos, como peces en el agua pasando de un instrumento al otro. Nada más una cosa, compañeros: tocar percusiones, por muy maraquitas que sean, requiere de estudio, y unas maracas mal tocadas acaban con una buena canción. El tocar bien el saxofón no garantiza ser un buen maraquero, pues. En contraste, el grupo está ya en un punto en que manejan el matiz, la sutileza y los silencios con maestría, lo que los lleva a interpretaciones soberbias, como ocurrió con La Llorona, o con Ronda para Andrea.
El plato fuerte de la noche fue el grupo Maguey, invitado desde España, quienes interpretaron principalmente música cubana, así como algunos temas andinos en los que entraron en acción charango y zampoñas. Un suspiro colectivo siguió al anuncio de Desdén, que fue coreada por todo el teatro, y la gente aplaudió y cantó Guantanamera, Veinte años, Comandante Che Guevara y otros temas cubanos que hicieron moverse en sus asientos a todo el mundo, aunque nadie se animó a romper la formalidad y pararse a bailar. Aunque yo esperaba que los músicos fueran más descarados (como dirían los isleños) y que se destramparan con el son cubano —y que el bongocero abandonara por un momento la lánguida rigidez metronómica (pero precisa, eso sí)—, Maguey dejó un buen sabor de boca y se llevó una larga ovación, así como una petición de “otra, otra”, que no prosperó porque entró en escena un violinista del Mariachi Santa Cecilia que, caminando por un pasillo lateral del patio de butacas, dio el preludio con variaciones del Camino Real de Colima, que explotaron cuando subió el telón de fondo y apareció el resto del mariachi arrancando huacos y aplausos. Después vendrían las colaboraciones entre los tres grupos, que transmitieron el gusto que sentían por compartir el escenario y mandaron a todos contentos a casa.
La nota chusca —involuntaria— la dio el vocalista de Maguey, cuando se deshizo en agradecimientos para Sergio Briceño, por las atenciones que tuvo para con ellos y por llevarlos a pasear a Manzanillo, a Comala y a otras partes del estado. Luego aclaró: era a Sergio Morales, el director del Teatro Hidalgo, a quien se dirigían las gracias, no al director editorial del Diario de Colima, cuya mención seguramente provocó sobresalto a más de uno en el palco de honor.
II: Bon voyage
Esta semana parten rumbo a Montréal l@s bailarin@s Georgina Navarro, Susana Barrera y Cristóbal Barreto, integrantes de la Compañía de Danza y Arte Escénico de Colima, con la misión de presentar en tierras quebequenses el montaje de danza-teatro Ganas de vivir, que están realizando en coproducción con la compañía Les Soeurs Schmutt, de Montréal. Este encuentro da continuidad al convenio de intercambio cultural que existe entre Colima y Québec, mismo que ha fructificado en exposiciones de fotografía y pintura, libros, encuentros de poetas, cortometrajes, obras de teatro, espectáculos de danza y una larga lista de actividades culturales que han enriquecido la vida cultural de ambas entidades, y que nos ha permitido a muchos artistas viajar y dar a conocer nuestro trabajo allende las fronteras francófonas.
Tres meses estarán por allá l@s colimenses, terminando de montar y presentando este espectáculo, del que ya presentaron un avance hace algunos meses en el Foro Pablo Silva. Conociendo la calidad de las Hermanas Schmutt (que se han presentado en Colima ya un par de veces) y el buen hacer de Georgina, Susana y Cristóbal, estamos seguros de que harán un excelente trabajo y seguirán promoviendo el nombre de Colima, que suena por aquellos lares desde hace algunos cinco años. Bon voyage. Et merde.
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