Conciencia

viernes, 21 de marzo de 2008

Sábado 22/mar/08: ¿Qué? ¿Sensibles los emos?


I: Buenos días
Ayer, Alberto Morales, de El Universal, escribió: “Antes del 8 de marzo pasado, cuando cientos de jóvenes punk, skats, darks, entre otros, agredieron físicamente a emos en la Plaza de Armas de Querétaro, esa subcultura juvenil carecía de importancia e incluso pasaba desapercibida”. En estos días, todo mundo está escribiendo y opinando sobre los emos, revelando su sorpresa por la aparición protagónica de algo que no conocían. Sin embargo, el “movimiento emo” no es tan underground como muchos piensan, ni tampoco aparecieron recién de la nada. Lo que estamos viendo es una tercera ola de emos que nada tiene que ver con los originales, los de los 80s; que no tiene una filiación ideológica y que no son nada más que una moda en el vestir, el comportamiento y la música, pero que en realidad no aporta nada, social o culturalmente hablando, y que se ha ganado a pulso el odio de muchas otras tribus urbanas, empezando por los punks y yendo tan lejos como los reggaetoneros. Los emos tienen lo que se han procurado. Las golpizas no han sido gratuitas, y, muy en el fondo, ellos están felices de haberlas recibido. Las palabras misteriosas de hoy son, por supuesto: los emos.

II: Ay qué raro
Creo que muy pocos articulistas en México entienden verdaderamente el fenómeno emo (ya vamos a quitarle las cursivas). Para la gran mayoría, este grupo es analizado desde la misma perspectiva antropológica con que se ha estudiado a los punks, a los hippies o, más atrás, a los pachucos. Los emos se cuecen completamente aparte. Un político, un funcionario, un analista o un periodista que no ha pasado —mínimo— una semana navegando entre los emos de Myspace, Flickr, Metroflog o Facebook no puede tener idea cabal de lo que éstos representan. Si, encima de eso, el político o el periodista no sabe lo que es Myspace o Facebook, su opinión puede tener buenas intenciones, pero es un cero a la izquierda. No se puede entender a los emos si no se conoce y se comprende el ciberespacio y las nuevas relaciones sociales que en éste se tejen.

Los emos son una tribu urbana del nuevo milenio, y gran parte, verdaderamente una muy importante parte de su interacción con el mundo, se da a través de las comunidades de la red. Hay toda una vida que mucha gente desarrolla a través de la internet. Por eso para tantos periodistas los emos habían sido invisibles hasta el 8 de marzo, que les pusieron una golpiza en Querétaro (y luego en al menos otras 6 ciudades de México): mucha gente no se da cuenta, debido a la distancia que mantiene con las nuevas tecnologías de información, pero los emos llevan años en la red y han desarrollado una serie de códigos estéticos, de comunicación y valores de identidad que resultan de la combinación (o el agandalle) de muchas otras corrientes. Esa es una de las razones que los hacen tan odiados.

En realidad, los emos mexicanitos contemporáneos, más que tribu urbana con identidad propia, son solo una moda comercial que ha robado elementos de los punks, de los darks y de varias otras tribus con mucho más sustento ideológico y estético. Asimismo, la plataforma emo contemporánea es la adolescencia de una generación que se encuentra gravemente separada de la siguiente, por muchos factores que no cabe analizar aquí. Se las pongo muy, pero muy fácil: muéstrenme a un emo de más de 21 años. Los emos son (casi) todos adolescentes que están pasando por la joda de los cambios hormonales, que se sienten incomprendidos por sus padres (quienes, a su vez, no entienden a sus hijos), que consideran que la sociedad no les ofrece oportunidades de desarrollo (tampoco es que las quieran o las procuren) y que encuentran, en la magnificación de la incomprensión, su refugio.

En mi opinión, los emos son la tribu urbana más despreciable que ha aparecido sobre la faz de la Tierra. No aportan nada y son el colmo de la vacuidad, representando fielmente la parte más fracasada de la civilización contemporánea. No veo qué puede aportar un adolescente que se autoinflinge heridas físicas, que se deprime a propósito y está orgulloso de ello, que se dice bisexual cuando en realidad no lo es, que tiene como sueño mayor el suicidio, que escucha una música que ellos dicen ser “emocional y sensible” y que son puros gritos, gruñidos y guitarrazos destemplados. Personalmente, no creo que el odio a los emos tenga que ver con el nacimiento de un fascismo a la mexicana, ni con el avance de la ultraderecha católica en este México tristemente panista. Podría decirse que los emos se hacen odiar a propósito, y el ser marginados para ellos constituye el alimento de su existencia. Todo lo cual no justifica (aunque a muchos les cueste aceptarlo) las golpizas y la persecusión de que están siendo víctimas en estos días en muchas ciudades de México.

Una vez, el cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa dijo “no tengo nada contra los rockeros, pero ojalá que se murieran todos”. No quiero ni imaginar lo que hubiera dicho si hubiera vivido lo suficiente para ver los emos de hoy.

Estamos en la red: ernestocortes.blogspot.com. Los leo: ernestocortes@itesm.mx.


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4 comentarios:

Carlos Alcaraz Ramírez dijo...

Ajá, pero ¿cómo se justifica que la inteligencia underground, compuesta por sujetos entre veintones y treintones (hablando de los más jóvenes) se pongan a madrear morritos y morritas de 15 años? Digo, entre los que hablan de intolerancia y ultraderecha y fascismo se encuentran justamente los punketos, los darketos y los eskatos, y ahora son ellos los intolerantes.
Los emos son mierda, estamos de acuerdo, pero de ahí a que se merezcan un linchamiento hay un chingo de distancia. En México hay un chingo de americanistas, y todavía no hay un esfuerzo serio por exterminarlos; ¿a poco no se lo merecen más?

abril dijo...

El mero agandallee
jojo & se llama Ángeles Márquez.

F.G. is my name dijo...

no es el mejor momento ;)

Ernesto Cortés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.