I: Buenos días
Siempre es un gusto recibir comentarios de los lectores, sobre todo cuando estos propician el debate y la reflexión. El pasado domingo publiqué, en la columna El vuelo del colibrí que escribo para este diario, una crítica de la obra Una visita inoportuna, dirigida por Rafael Sandoval, con
II: La respuesta
Estimado Gerardo González:
Agradezco el interés en mi columna y sobre todo el cumplido de que “tu amplia experiencia teatral hubiera creado una obra de pureza escénica que hubiera quedado en la memoria del espectador”, aunque niego tal capacidad. Lo mío no es la dirección, ni la farsa. No concuerdo con que el grupo del que formas parte sea de “aprendices”, y creo que eso quedó claro en lo publicado el pasado domingo. Antes bien, reconozco su experiencia y su capacidad, así como el alcance que tienen como compañía en la comunidad local. Es el único grupo que puede mantenerse dando funciones por tres meses o más, por ejemplo, y es el más cercano a la población universitaria, bloque elemental de la sociedad colimense. Es precisamente por ese alcance que realicé mis comentarios en el sentido de la pertinencia del texto y su montaje, y no de la capacidad de los actores.
Hay obras que, como lo mencionaste, han sido representadas durante siglos, sin caducar, porque sus temas son universales y trascienden el tiempo. Pero Aristófanes y Shakespeare nunca escribieron sobre el SIDA, ni Roger Blin tuvo la oportunidad de montar una obra con un tema tan urgente para la humanidad como esta enfermedad. Copi lo hizo, pero en un momento en que no se sabía mucho sobre este mal, y en que, como ya dije, se cernía sobre el tema una sombra de ignorancia tanto científica como social. No niego la importancia histórica de Copi como cofundador del Teatro Pánico, ni su relevancia en la dramaturgia escrita en lengua francesa y castellana hace apenas algunas décadas. Lo que digo, y cualquiera de nosotros puede decirlo sobre lo escrito por cualquier otro autor, es que específicamente el mensaje de esta obra ya está superado, y no contribuye ni científica ni ideológicamente al crecimiento de la sociedad, lo que a fin de cuentas no es una obligación de una compañía de teatro, sino una opción, que puede ser abordada desde diferentes perspectivas.
En el fondo, esto también se trata de visiones diferentes del teatro, y de dos maneras de concebir el gozo estético, de modo que el origen subjetivo de estas reflexiones nos impedirá llegar a una conclusión definitiva. Lo que nos queda, en este caso, es respetar la diferencia de opinión de los demás, con lo que se enriquece el criterio y se amplía el sentido del gusto por el arte.
Mi intención con lo que escribo en relación con las artes escénicas (al igual que en el escenario de lo social) es ofrecer elementos para que el público pueda tener una lectura más amplia de lo que ve representado, y creo que contribuiste generosamente a esta causa con tu carta y las citas que incluiste, lo cual a fin de cuentas espero que redunde en un mayor interés del público, al que ojalá hayamos picado con este breve intercambio epistolar. Aunque, como dices, nuestros referentes ideológicos y artísticos son diferentes, estamos en la misma trinchera, la del teatro, y perseguimos lo mismo cuando se abre el telón y damos el primer paso en la luz de la ficción.
Finalmente, y como lo hice en la crítica publicada el domingo pasado, invito al público a que asista a disfrutar de la obra Una visita inoportuna, que se presenta los viernes y sábados de este mes.
III: Contactando
Se trata de compartir ideas. Tenemos estos y otros escritos en la red: blog.cuerdacueroycanto.com, y también tenemos email: ernesto@cuerdacueroycanto.com



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